Lima es una ciudad de parches.
Lima es una ciudad parchada.
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SUSANA IVÓN DIAZ DIAZ
“Al hijo de negro y de indio o de indio y de negro dizen mulato y mulata. A los hijos destan llaman cholos; es vocablo de las islas de Barlovento; quiere dezir perro, no de los castizos, sino de los muy vellacos, moscones; y los españoles usan de él por infamia y vituperio…”
Bibliografía
· Garcilaso de la Vega: Los comentarios reales de los Incas. México/Lima: Fondo de cultura económica, 1991.
· Hildebrandt, Martha: El habla culta (o lo que debería serlo). Lima: Peisa, 2000.
· Quijano Obregón, Aníbal: La emancipación del grupo cholo y sus implicaciones en la sociedad peruana. Lima: UNMSM, tesis, 1965.
· Sánchez, Luis Alberto: El Perú: Retrato de un país adolescente. Lima: Peisa, 1987.
mi ciudad
s papeles con el sello del hospital y la receta en una mica de plástico, su pelo desteñido, del color de la cucaracha. Se cuentan las historias más miserables de la cotidianidad, siguen: el drogadicto, el huérfano, el excarcelario, el rehabilitado, el loco, la madre abandonada, el artista. Ninguno tiene trabajo, o mejor dicho estos son sus trabajos, así se ganan la vida, así se cachuelean, así se vive. Lo que se pretende es impactar de sobremanera y sobrecoger el ánimo del pasante, el que pasa en ese momento por su vida que pueda cambiarle sino la vida misma al menos el día, lo que buscan es congraciarse con el otro por una moneda; los mejores publicistas no están en la televisión. Las calles se han vuelto color de hormiga, y el cuento contado, con la tristeza en la garganta y la mirada de angustias, será cierto, será verdad, se dice, pienso, también, no se mira, mi día tiene otro día, ojalá solo sonrisas en mi camino, la ciudad es celeste solo cuando se despeja en verano de calentamiento y los más atardeceres hermosos en cielos limeños, el resto del año es gris, con neblina en el moquito convertido en una gotita en la punta de la nariz, y el pordiosero, ahí, con miradita de cambiándote el ánimo en tu vida, entra en mi vida, al menos unos segundos o minutos, saco o no saco la moneda, la culpa religiosa, cada uno tiene su vida, sus suertes, mi suerte. 
a su usanza, nos encandilaron con su verbo florido e imperioso y se quedaron conviviendo con nosotros. Sus hábitos los acoplamos a nuestras costumbres y presumimos de nuestra nueva identidad, adorando a un único dios divino tan diferente y distinto como nuestras pieles.