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POR UN PELO

Y si Dalila le cortó el pelo a Sansón, no por restarle fuerzas, sino para ver a su hombre con un nuevo look. El cuidado del cabello tendría en ella a su prístina estilista argumentada en la Historia.
Pero no. No fue así. Y ya en el Egipto de faraones, sus reinas se preocupaban por su mítica belleza, y se teñían con henna para conseguirse distintos tonos, o, en el hastío del Sol y las arenas, se rapaban completamente para facilitarse los continuos cambios de pelucas. En la Grecia antigua el cabello también era preservado con aplicación y se elaboraban tintes naturales. En el Imperio romano de conquistas cotidianas, las influencias de los pueblos domados trajo consigo la moda del pelo rubio y la piel morena: las romanas no dejaban de admirarse cuando Julio César volvió con esclavos germanos. Durante la larga Edad Media, la mujer tuvo que soportar las consecuencias de su época, caracterizada por las frecuentes guerras, epidemias y mayores austeridades. Hasta que de los siglos XI al XIII, al desarrollarse en Occidente las Cruzadas por reconquistar los santos lugares, y ante el contacto con otras culturas, resurge la atención por la belleza y, así, nuevas técnicas sobre afeites y cosmética reemplazan a las ya existentes en Europa. Pero no es hasta el Renacimiento que se reivindica a la estética, y nuevas tendencias salen inspiradas desde Italia para influir en las demás Cortes. El pelo rubio era sinónimo de buen gusto, y para obtenerlo se mezclaban los extractos más increíbles: se sabe que en el siglo XVI, Catalina de Medicis dedicó gran parte de su tiempo a la investigación de ünguentos y cremas, interesándose en todo lo relacionado a la buena imagen; más tarde, al convertirse en reina de Francia, mandó a traer a los más eximios perfumistas de Florencia, trasladando de esta manera el centro europeo de la moda y la estética a la capital francesa. Los siglos posteriores, las mujeres parisinas sufrirán la "fiebre del colorete": labios en forma de corazón, empolvadas pelucas y lunares coquetamente repartidos en sus blanquecinos rostros; además, ceñidísimos escotes qué mostrar. Con la Revolución Francesa todo cambió. Los excesos garbosos de la nobleza desaparecieron y no fue sino hasta la llegada de Napoleón, y gracias a su esposa Josefina, que los cuidados de la belleza renacieron en Francia. Posteriormente, con el Romanticismo, llega la somnolencia, los aires desvalidos, los talles ceñidos y las minúsculas cinturas. Las pelucas desaparecen temporalmente para dar paso a bucles realizados en peluquerías. Con la Edad Moderna, las modas y tendencias acortan sus distancias; lo que antes podía durar unas décadas, actualmente duran una simple temporada de un par de meses, y eso: usar, dejar y, por qué no, reciclar, también.

INKARRÍ

Inkarrí es un mito de origen y utopía mesiánica en tono reivindicativo. Cuando el mundo se voltee, como cambio radical, es el acontecimiento dislocante en transposición de un orden a un caos, o viceversa. El pasado pervive en el presente y es además germen del futuro. El tiempo, en esta mitología, transgrede lo impuesto buscando ser contrarrestado por el accionar de un héroe quien es capaz de devolver a su pueblo las condiciones de vida que gozaran en el pasado. Las expectativas indígenas centradas en el regreso del Rey Inca significan el resurgimiento de una nueva era que se concibe hacia el futuro.
Inkarrí es un héroe cultural andino, civilizador y semidivino. El degollamiento de éste es la idea desvalijamiento del patrimonio; bien puede entenderse como el usufructo de los españoles hacia los indígenas, sensación de que les habían robado la cabeza de su dios, su identidad; o bien lo que escondió Españarri y el surgimiento de los degolladores, como política peruana. Pero, a pesar del desmembramiento, el cuerpo se sigue desarrollando, las barbas le siguen creciendo, tiene poder, está vivo. La idea de que el rey se fue pero no ha muerto es un mitologema ubicuo (ejemplo: rey Arturo, Jesucristo, Elvis Presley…) condensado en esperanza mesiánica (liminalidad), símbolo del tránsito de un estado de ambigüedad a un estado definido.
El imaginario cultural andino es dinámico y contradictorio; el mito, como tiempo sagrado o primordial, representa una única realidad trascendente (ritual), aboliendo todo tiempo profano; pues la vida tiene que recrearse volviendo a los orígenes, no puede enmendarse, la perfección solo pertenece a los inicios. El mito nace en el momento en que las concepciones fenoménico-religiosas del pasado, en un principio accidental y disperso, se consolidan en formas concretas, personificadas, adquiriendo así peculiaridades humanas. Así, en tanto héroe mesiánico, Inkarrí no pertenece al presente, sino a un pasado que es futuro, al encarar el orden primordial, el tiempo sagrado o absoluto. La existencia presente de Inkarrí es un hecho característicamente liminal; su poderío está latente aunque su cuerpo esté aún incompleto, de ahí que no se le guarde culto. Cuando se regeneren (cabeza y cuerpo) terminará ese periodo de desorden, confusión y oscuridad que iniciaron los europeos con la desacralización del Tahuantinsuyo, y los hombres andinos (los runas) recuperarán su historia. El pachakuti que la conquista provocó ha invertido el mundo: lo alto está ahora abajo, y subterráneamente, la gran cultura quechua, está juntándose en preparación para su renacimiento. Los relatos legendarios funcionan, en este sentido, como un mecanismo de resistencia étnica y social.
La mayor felicidad a la oralidad siempre ha consistido en la adaptación de cualquiera de sus elementos (orales propiamente dichos, temáticos, corográficos, proxémicos, etc.) a las circunstancias siempre cambiantes de cada nueva enunciación. Es por eso que los mitos varían temáticamente en cada región pero no en su estructura. En medida que el presente cambia, también los mitos se remodelan. En Inkarrí, el pasado mítico y el futuro a la vez que configuran el presente (es decir, el presente se estructura a partir de un pasado –mítico- que lo explica, le da origen; y de un posible futuro –mítico también- que le pondrá fin) responden a las necesidades o intereses del mismo presente. Tanto pasado como futuro se oponen al presente, cumplen una función antagónica que le da coherencia al tiempo actual, que transcurre.
Para la antigüedad, el tiempo se hallaba estructurado en una división quinque partita (cada 500 años se desplazan los meridianos magnéticos de la Tierra. La Tierra es un gigantesco imán con una línea de fuerza muy definida que da la vuelta por todo el mundo. Esta línea de fuerza se representa por el Ecuador magnético, que resulta de la mayor cantidad de magnetismo emergente de la Tierra. Especialistas concluyen que ahora esta zona es el territorio peruano, más precisamente la zona Andina, por ser los Andes conductores de electro-magnetismo y poseedores de una gran acumulación de metales y minerales). El pasaje entre dos edades era denominado pachakuti (“inversión del mundo”): tiempo de grandes transformaciones, tiempo de destrucción, de desolación y de restauración; ejemplo, destrucción de las Indias y la Conquista española. Ante esto, un acontecimiento como posible origen del mito puede situarse en 1572, con el decapitamiento de Túpac Amaru I, y reforzándose a su vez en 1781, con el descuartizamiento de Túpac Amaru II. En la actualidad, la búsqueda de una auténtica unidad y el equilibrio entre los mundos del día y de la noche (como en el pasado) lleva al pasado Presidente de la República a autoproclamarse como el nuevo Rey Inca, quien ha de retornar el orden a la profunda división entre una sociedad modernizante, económicamente dominadora y los descendientes de las antiguas sociedades peruanas. Pero todo queda como parte de la libertad en la interpretación y ligazón de los mitos a sus mejores conveniencias. Qui potest capere, capiat; non nova, sed nove.

CONTROL DE LA CONTAMINACIÓN / CONSERVACIÓN DE LOS RECURSOS NATURALES

Como cuando uno se enferma, ¿qué es lo que hace? Identificar el malestar, ir al médico, hospital y cumplir con la prescripción recetada. De igual manera, la Tierra está enferma, ya lo sabemos, son tantos los que nos lo anuncian como profecías apocalípticas que algo debe de ser cierto. Al Gore nos mostró de manera incómoda la impactante realidad que asola al planeta en An inconvenient truth (2006), los de grimpís internacional (Greenpeace.org) cada cierto tiempo roban titulares para manifestarnos de algún latrocinio contra la naturaleza ya como causa perdida, actualmente también todos los congresos mundiales de líderes de gobierno incluyen en primer término en agenda qué hacer con el cambio climático y cómo preservar el medio ambiente, y en el país, recién se ha instaurado una nueva cartera ministerial, la de Medio Ambiente. Y si esto y otras cosas más nos revelan algunas personas, por algo será.
La naturaleza tiene otra forma de revelárnosla. Solo que más irracional quizás, más salvaje, sin marcha atrás. Los huracanes, por ejemplo, Charley (agosto, 2004), Frances (agosto 2004), Iván (septiembre, 2004), Katrina (agosto, 2005), Rita (septiembre, 2005), Wilma (octubre, 2005), Paloma (noviembre, 2008), no son todos, son solo los más devastadores de los últimos 4 años, tienen nombres hasta inocentes, y se sitúan alrededor de la misma área geográfica (centro y norte de América). La frase que nos cuenta que cada hora en la selva amazónica es devastada un área semejante a unos 600 estadios de fútbol ya hasta se ha vuelto trillada, pero es verdad que la industrialización, deforestación, intoxicación de lagos y ríos, la extinción de especies naturales silvestres, entre tantas otras malas consecuencias se está convirtiendo en una situación muy distinta al sueño por el que alguna vez luchó Chico Mendes en Brasil. Y sin ir muy lejos, en el Perú, ha disminuido la pesca de anchoveta y sardinas, existe una alta mortandad de cangrejos, choros, erizos, almejas, además por la aparición del gusano rosado de la India el cultivo de algodón se ha visto muy afectado, al igual que el mango y la disminución del rendimiento del limón por las altas temperaturas, que han ocasionado también deshielos de glaciares (Parstoruri, en el Callejón de Huaylas, dejó de ser un lugar predilecto para esquiadores, y ahora es un cerro), entre tantos más reveses que son noticia mínima en periódicos y muy de vez en cuando en televisión.

Control de la contaminación
Ya sabemos que la Tierra, único lugar donde vivimos, está enferma. ¿Qué se hace? Identificar las causas, porque los síntomas los conocemos muy bien, cada día escuchamos una nueva noticia sobre algún desorden de la naturaleza, o nos sentimos demasiado sofocados porque hace más calor de lo usual, y a la vez también por otro lado un frío intestino, y términos como calentamiento global, ecología o reciclar forman parte junto con Internet, transgénicos y producción en masa del vocabulario ciudadano. Es más, estos asuntos desde hace algunos años ya están siendo tomados en cuenta en la currícula escolar.
Entonces, a qué hospital acudir, donde qué doctor, qué receta aplicar. Solo la comunidad humana con las medicinas de la misma Tierra podemos tener la solución. La vida no está únicamente sobre la Tierra y ocupa partes de la tierra (biosfera). La misma Tierra, como un todo, se presenta como un microorganismo vivo*. Por eso siempre la metáfora de pulmones de la Tierra, como si ésta respirara cada año, inspirar y expirar en cámara lenta cada solsticio; y aunque la selva amazónica no sea necesariamente esos precisos pulmones, porque es autosuficiente sobre todo, y porque principalmente es un gran filtro de dióxido de carbono, necesario en la fotosíntesis, efecto invernadero, y si en el caso de que la Amazonía fuese totalmente deforestada, se lanzarían a la atmósfera cerca de 50.000 millones de toneladas de carbono por año. Los seres vivos no soportarían esas dimensiones y se daría una mortandad masiva de organismos vivos*. La Amazonía es el equilibrio perfecto de la Tierra. Pero se está perdiendo. Y no solo por allá, sino en todos lados. Solo que nuestra actitud de estar siempre sobre o por encima de todo, parece ser nuestra manera de ser civilizados, el dominar y someter (sin referencias políticas) nos ha conducido a nuestro propio sometimiento, y si se sigue con la misma indiferencia ahora sí puede ser apocalíptico este terrible asunto.
Porque no puede ser solo interés de otros, lujo de ricos o jefes de estado, sino necesidad de cada ciudadano. No es asunto de que la otra generación lo hará. De que otro país lo haga. De que otro lo haga y no yo. Claro, si no es mi barrio, mi parque, mi mar, por qué voy a hacer algo. Por supuesto, si no me afecta a mí, por qué me voy a interesar. Si otro vive junto al río contaminado y no yo. Pero ese río contaminado (que tal vez yo mismo contamino sin darme cuenta) es el mismo que me ofrece electricidad, el que me permite abrir el caño o jalar la cadena. Algo más, siempre pensamos que ya lo corregirán los expertos y políticos o que el problema no es tan grave, que todo es exageración.
Entonces por qué tantos resfríos, temibles gripes o infecciones intestinales; por decir las más cotidianas; porque también nos enteramos en las noticias de tuberculosis, fiebre amarilla, cólera o la enfermedad del sueño (que no solo es imaginación de García Márquez, también existe). Y además todos tenemos algún familiar, conocemos a alguien, escuchamos o nos enteramos por la televisión de algún personaje con cáncer.
La contaminación es la causa más sobresaliente de este gran problema. ¿Qué es? Sustancias dañinas para el ser viviente que se encuentran en el ambiente, y que se respira, se consume, se convive, y luego también causa la muerte. Aunque de algo se vaya a morir, nadie desea una película hollywoodense para un exterminio global. No es exageración, cincuenta años, cien años, no es mucho tampoco para que empiecen a suceder cosas terribles –porque eso anterior, esas noticias sensacionalistas, enfermedades o profecías de grupos organizados que no tienen nada que hacer no es nada aún, ni siquiera el comienzo. ¿Pero quién lo provoca? Nosotros mismos. Dejemos de lado, los humos y desperdicios de las grandes industrias, la deforestación amazónica y la extinción del tigre de bengala, que eso lo solucionen sí los políticos y grupos ecologistas. Nosotros contaminamos de otra manera, y no solo arrojando la basurita por la ventana. También, desperdiciando la electricidad y el agua, andando en autos descompuestos, el humo del escape de la gasolina, el petróleo y el gas, demasiado transporte vehicular, aire acondicionado, deforestación, la acumulación de basura, y por supuesto, también, y sobre todo, arrojando la basurita por la ventana, para que ésta después se vuele, se vaya con el polvo, nadie la recoge, y va a parar al mar, al río, a la puerta de la casa, y uno cuando la ve, no se agacha para recoger, sino se lo empuja nomás, para que otro lo recoja, no yo.

Conservación de los recursos naturales
El astronauta Russel Scheickhart cuenta al retornar a la Tierra:
“Vista desde fuera, la Tierra es tan pequeña y frágil, una preciosa mancha pequeñita que puedes tapar con tu pulgar. Todo lo que significa para ti, toda la historia, el arte, el nacer, la muerte, el amor, la alegría y las lágrimas, todo eso está en aquel pequeño punto azul y blanco que puedes tapar con tu pulgar. A partir de aquella perspectiva se comprende que todo haya cambiado, que empiece a existir algo nuevo, que la relación ya no sea la misma de antes”.
La relación es Tierra y Humanidad como una única identidad. Porque el hombre no solo anda sobre la Tierra perteneciendo a un mundo o a otro, es el hijo o ciudadano de la Tierra, es más, es la Tierra misma, la vida que le otorga vida a la Tierra. Estamos asociados indisolublemente, y por ende al mismo destino, que es el de uno a la vez. Nuestra interrelación y ligazón nos crea una necesidad mutua para (co)existir, aunque cada uno complace su libertad relativa y tiene sentido y valía por sí mismo. Por ello, por este común (o comunal) origen e interrelación es que tenemos todos un destino común en un futuro siempre en apertura igualmente común. Es dentro de ese futuro común donde se debe situar el destino personal de cada ser, ya que cada ser no se entiende por sí mismo sin el ecosistema, sin las demás especies en interacción con él y sin los demás individuos de la misma especie*.
Entonces, si ya sabemos que existe un problema, si ya sabemos cuáles son los problemas, y cómo los producimos y el impacto que causa en nosotros en efecto boomerang (de nosotros a la Tierra y de la Tierra –porque no lo soporta más- a nosotros), ¿qué hacemos? Parecería y hasta suena repetitivo (felizmente una de las maneras de aprendizaje es también por repetición), pero en la conservación de los recursos naturales se halla la única solución, porque el asunto deriva de lo que le hacemos a esos recursos naturales, en cómo lo tratamos, aunque nos veamos o nos sintamos muy urbanos y civilizados.
Según investigaciones se presume que durante la Edad Moderna (XVI-XVII) se extinguía una especie natural cada decenio, luego, al inicio de la Edad Contemporánea (XIX-XX), una especie por año, y desde los noventa del siglo pasado una por día. Con el ritmo de este nuevo milenio, puede ser una por hora. Aunque por supuesto, las investigaciones también dan a conocer un número aproximado entre los diez y los cien millones de especies de vida, de los cuales se pueden tener registrados unos cuantos millones solamente. Pero, ¿esperamos a tomar el tiempo para ir descontando? Quizás la siguiente especie puede ser la humana.
No, no es cierto. Pero así parezca también iterativo y suene a manual de autoayuda, siempre se recomienda tener en mente (porque es necesario):
+ Reciclar. Usar doble vez, triple, más si se puede, voltear, aunque parezca exagerado o maniático, no se habla del ph tampoco, puede ser cualquier papel, bolsa plástica, cartón…
+ No gastar más de lo debido. No solo dinero, aunque es básico también en este mundo moderno y civilizado, sino electricidad, apagar la luz de esa habitación donde no hay nadie, la computadora que nadie está utilizando (las laptop pueden usarse desenchufadas por momentos y funcionar con batería), menos pilas, cerrar el caño mientras nos enjabonamos, afeitamos, cepillamos los dientes, utilizar solo un vaso con agua nomás también para la cepillada… y esto es ahorro sobre todo en los bolsillos.
+ Respetar nuestro entorno. Ya sabemos el dicho corriente de no escupas al cielo… No es que la naturaleza se vengue de nosotros y quiera causar calamidades, origine enfermedades, muertes, es que simplemente ya no puede aguantar más todo lo que le hacemos। Y eso se revierte, se nos devuelve। Y qué tal si nos cuidamos en clasificar un ratito nuestra basura, no ir arrojándola por ahí porque se ve feo y después decimos por qué anda así nuestra ciudad y no queremos entender, pues, porque siempre es el otro। Empiezo por mí ahora। Nunca es tarde. Empiezo yo. De repente ya no jalo la cadena vez que voy al baño, espero a que se llene de líquido unas veces, el aroma ya me indicara cuándo es momento.
+ Sensibilidad. La mejor campaña publicitaria de solución es la sensibilidad, la conciencia de que existe un problema y hay que solucionarlo porque sino no hay otra. La concientización comienza por uno, empieza por casa, en el centro de estudio, en el trabajo, en comunidad. Acá vale la frase mosquetera de uno para todos y todos para uno, añadiendo, en no mirar qué no hace el otro, más bien, enseñar, el mejor aprendizaje se da con el ejemplo. Se incide también en el hecho de saber lo que consumimos, interesarnos por saber qué estamos comprando, no nos cuesta mayor tiempo (sí nos otorga más vida) leer un segundo esas indicaciones traseras que por algo se adscriben en los productos del supermercado, conciencia medioambiental, pública, personal, sobre todo, familiar.


Citas
* Boff: Ecología (1997).

Bibliografía
Boff, Leonardo. Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres. Valladolid: Trotta, 1997. 282 p.
Carrera, Joan & González Faus, José I. Horizonte Kyoto. El problema ecológico. Barcelona: 2005. 32 p.
Rojas, Eduardo. Desafíos de un continente urbano. Washington DC: Banco Interamericano de Desarrollo, 2004.
www
.conam.gob.pe
http://www.ecologiaverde.com/
http://www.fespinal.com/
http://www.greenpeace.org/
http://www.peruecologico.com.pe/
www.pucp.edu.pe/climadecambios.com
www.verdadincomoda.net
http://www.worldwatchinstitute.org/
Davis Guggenheim: An inconvenient truth (2006). Con Al Gore.

BATMAN Y EL SENTIMIENTO DE CULPA

La última película de Batman Begins narra la historia del inicio en la vida del superhéroe murciélago, cómo se volvió en el enmascarado encapuchado defensor de la justicia. La trama empieza con el millonario Bruno Díaz en una cárcel de la China, autodestructivo y peleador contra maleantes por su supervivencia; hasta que un tutor lo rescata y le confía la misión de probarse a sí mismo como ser humano dándole la venía de subir hasta la montaña más alta y más helada, hasta un castillo de monjes budistas. Ahí aprende los secretos de los ninjas y las artes marciales; pero lo que verdaderamente tiene que asimilar y controlar es su miedo y su auto-culpa por la muerte de sus padres. En sus recuerdos se halla menoscabando los impulsos de la culpa de cuando niño, en juegos de escondidas, el pequeño Bruno cae intempestivamente en un profundo y oscuro pozo donde, al no poder moverse por la caída, salen disparados en todas las direcciones murciélagos aterrándolo e inmovilizándolo del estupor. En su rescate aparece su padre quien lo alienta con una frase que se le quedará por siempre en la memoria: Cuando uno cae es para levantarse. Por la noche, la familia Díaz asiste a una función de ópera, y en una escena, cuando los actores vuelan por los aires en la oscuridad del teatro, el pequeño Bruno se atormenta y vuelve con las imágenes que lo aterraron en el pozo de los murciélagos que lo dejaron petrificado. El padre, al darse cuenta del terror del hijo que pide irse, decide salir en media función. Pero a la salida, un ladrón pordiosero los amenaza con un arma exigiéndoles el dinero; el señor le entrega su cartera, pero igual el ladronzuelo les dispara a la pareja dejándolos heridos de muerte. Al pequeño, entre llantos y totalmente desahuciado en la solitaria callejuela, se le queda la imagen de su padre que le dice con sus últimas palabras: No sientas miedo. Condenándosele al superhéroe a no tener miedo, y más específicamente, a ni siquiera sentirlo. Por eso, a lo largo de toda la película el héroes se embarca en cárceles, con traficantes, a buscar flores en el hielo, a trepar una alta montaña sin arneses, a luchar contra cincuenta ninjas; él es el propio enemigo de su miedo, y mientras más odia sentir miedo, más miedo tiene de sentir miedo, creándose un círculo vicioso –problema para los psicoanalistas.

La película, más allá de los fuegos y efectos hollywoodenses, muestra un Batman con tintes muy psicológicos, totalmente distinto al de las otras versiones, perdido y tratándose de encontrar a sí mismo, o quizás perder, en los vericuetos del pérfido bajomundo. Sólo falta un diván, Freud, y el superhéroe echado contándole sus traumas al psicoanalista en medio de ciudad Gótica. El impulso de Batman lo hace luchar contra los malhechores que atentan contra el bienestar de su ciudad, tal como si cada uno de ellos, o todos a la vez, fuesen el mismo que atentó contra sus progenitores; pero lo que en verdad busca en su deseo es de volver atrás en el pasado y contrarrestar el miedo que lo llevó a alejarse de un lugar seguro para que la muerte de sus padres no lo atormenten como un lastre que tiene que cargar durante toda su vida. Por eso también el doble de su vida, su doble personalidad. Batman se convierte, a través de su máscara y su capucha en el Otro que lo vuelve (casi) indestructible.
En los ejercicios de la montaña budista se le pide que controle su miedo para poder controlar a los demás. O sea, convertirse en el deseo del gran Otro, que lo ama y lo rechaza, estableciendo a la vez un doble vínculo entre su yo que desea una vida sin tener que esforzarse por ser los que otros desean y vivir soportando sus miedos y luchando contra ellos, ser una persona común y corriente, que no tiene por qué dominar los miedos de los otros, y para colmo, los domina mediante el miedo, porque él mismo infunde miedo, él les hace experimentar el sentimiento negativo y autodestructivo a sus enemigos, porque en el fondo lo que busca es una revancha por la muerte de sus padres. La máscara del superyó es una aparente valentía que sólo esconde el odio hacia esa sociedad. Él está en constante conflicto entre si ser compasivo o aniquilar a sus adversarios. Porque a la vez, en esta montaña, su instructor le infunde mucho miedo, obligándolo a matar a un preso común ante lo que él se niega, puesto que él ya llevaba un sentimiento de culpa, porque él había asesinado o disparado al asesino de su padre. Él al negarse a matar al reo común se está auto-flagelando, pues al estar un tiempo indeterminado bajo la tutoría de esta cofradía budista, lo que más deseaba él era ser miembro de esta orden. Pero él decide no hacerlo, marcando con esto la desaprobación de personas que él admiraba. Hay un gesto de gran compasión y gran valentía, pero también hay un gran deseo narcisista de diferenciarse y hacer las cosas a su manera y de hacer las cosas diferente a todo el resto. El gran Otro pasaría hacer su mayordomo, Alfred, quien constantemente lo reafirma con la frase: Yo nunca perderé la confianza en ti, no le dice lo que tiene que hacer pero el da la máscara, pero le da el periódico con las noticias, pero le da el empujón. Él se enfrenta a la sociedad y a sus grandes enemigos, se compromete a vivir una vida doble, incluso hace el ridículo con la gente de su clase social, en lo que nuevamente él se auto-sepulta, queda mal ante los ojos de la mujer que realmente le interesa (que curiosamente es una fiscal, que fiscaliza los actos de quién es bueno y quién no), prefiere soportar su desprecio, y se rinde masoquistamente ante la sociedad y se compromete a prestar sus servicios, gastando todo su dinero, todo su tiempo, en convertirse en el héroe de la ciudad Gótica. Él renuncia a su vida porque va a servir a la sociedad, pero en verdad lo que él quiere es poner su vida constantemente al filo de la navaja, y tener constantemente la posibilidad de morir, puesto que él se siente culpable de la muerte de sus padres, porque si él no hubiese demostrado miedo aquella vez en la ópera, sus padres jamás hubieran salido del teatro, y no los hubieran asesinado. Tenemos que Batman es el asesino sentimental de sus propios padres; él tiene que pagar día tras día esa culpa; él tiene que pagar con su vida las vidas que faltan de sus progenitores, y la que le falta de vida para rectificarse. Él no tiene derecho a ser feliz.
En esta película, el director no elige como arma letal al Guasón y su risa, la hipocresía del Dos Caras, la unión del mal caracterizado por el Pingüino, si no que en este film se multiplica a la n potencia del miedo y se refleja en todos los espejos, pues el arma letal del villano es un gas que produce en sus víctimas pánico. Nuevamente el miedo. Incluso hay una escena en que un malhechor y dos buenos, son afectados por este mortífero gas: el malo en su pánico ve monstruos, y los buenos en su pánico ven ojos amarillos; el malo en su terror experimenta un miedo mayor, es castigado con un miedo mayor y muere preso de su propio terror; los buenos, en cambio, tiene la facilidad de conseguir un antídoto, que el propio Batman les proporciona. El bueno es recompensado con la ausencia de terror. Los personajes buenos que acompañan a Batman llevan una vida normal en sus comunes oficios; mientras que en el superhéroe está condenado a gastar un tiempo doble, un esfuerzo doble, un atlas mítico que carga con ciudad Gótica.
Incluso el nombre Batman, en inglés la palabra Bat (murciélago) tiene la pronunciación Badsh, que puede confundirse con la palabra Bad, que significa malo. O sea, el hombre malo que tiene que ser castigado; sin embargo este hombre malo, dado su sentimiento de culpa se dedica a castigar a los malhechores, sin jamás poder redimirse a sí mismo.

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