espurio obediente, hijo de la vecina y sobrino del lugarteniente, pies cansados de excesiva velocidad en el pedal con el asiento en el poto del piloto. exacto advenedizo. lucha a tientas por ocupar un trono, al menos de gratitud, de buen talante siempre, obligado desde muy niño a peinarse raya al costado con la respectiva lamida de mano de mamá. salta, corre, piensa. siente, el espurio inocente, siente. se sienta en el inodoro y comparte su mierda al fondo del agua, mientras las ideas y sueños desperdigadas por ahí entre el infectante olor, spray de aromas, y lo sentido termina por ignorarse.
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