
Las canas de Dios son verdes por tantos problemas en el mundo. Pobrecito su hígado. La gastritis debe mortificarlo tantísimo con tantos rezos que tiene que atender olvidando sus horas de refrigerio. Seguro ya de hacerse el sordo por tantos pedidos y perdones. Cada arruga en su rostro es una guerra, una ofensa, una muerte; sus barbas largas es la paciencia de su sabia eternidad. Úlceras a sangre viva, con marcapaso y tres bypass; cayos, en los meñiques de los pies. Nunca una cura de sueño, ni masajes, menos un tour a Tailandia, porque sin Él, el mundo no giraría. Él es el niño que gira y juega con la pelota. Mientras que la pelota se cansa de ser pelota, quiere ser un cuadrado, un punto y coma o aLguna esperanza. Vamos, es Dios, y se cansa también de ser Dios muchas veces, no reniega porque es divino, pero cuantas maldiciones e hijoeputas debe tragarse cada día para no decirlas. Pues, por supuesto, es Dios, y no puede decir palabrotas.
1 comentario:
Pobrecito Diosito. Cuanta paciencia y tolerancia nos tiene. Debe querernos mucho...muchísimo.
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