
ponte que esté en el micro, parado, cogido del pasamanos, volviendo del trabajo a casa, y no le miro con una sonrisa a una anciano que está sentado al frente. Y este, en la noche, esa misma noche, ata una soga a la viga del techo, se sube a una silla, la patea, y se ahorca. Mi falta de animosidad fue la cereza que desparramó el helado, y como andaba con una depre terrible...
1 comentario:
Cuando la tristeza se convierte en egoísmo no nos deja ver que de alguna o de otra manera siempre hay alguien que nos necesita.
Gracias por recordarme que puedo sacarle la lengua a la depre cuando se cruce por mi camino.
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