por el malecón Balta a eso de las seis y media de la mañana,
con la garúa y la neblina de julio, como cualquier otra ma-
ñana, esta vez solo más deprimido, decepcionado, recién salía a
correr, me puse a rezar, a dar las gracias, pedir perdón, y
pedir
pedir
también buenas y mejoras, cuando
de repente,
estaba en el Padre Nuestro que estás y una paloma apareció a seguir volando a un
metro mío de distancia más o menos, continué rezando, santificado sea tu nombre
y volaba a la altura de mis rodillas, como que a la vez me sentí bien,
se me erizaron los pelos con piel de gallina, sonreí con gusto
verdadero,
oré con más esperanza, Santa María
llena eres de gracia, y la paloma a medio metro
y a unos centímetros de la pista, Amén, y luego de acompañarme más de dos calles
echó a volar.
Ese día me fue estupendo. La misma escena se repitió otra o-
casión más nada más. Porque siempre ando esperando, corriendo a todas horas
todas las maratones
y solo alguna que otra paloma me ha cagado de vez en cuando
No hay comentarios.:
Publicar un comentario