
bajo el puente de Brooklyn se realizan unos juegos olímpicos, los dioses del olimpo caminan por las calles, con sotanas y
bluyín, saltan con sus Nike Air y encestan la canasta, la pelota rebota reclutadamente y, bajo las barbas largas y pomposas, las gotas de sudor resbalan para abajo, y no es tanto el agradable sol que acalore a los griegos, pues ellos también sienten el cálido sol del mediterráneo, como por ejemplo, en la isla de Creta, sino el juego altamente productivo de milagros al aire. solo Gatorade limón para rehidratarse, porque es que también son tan pichangueros, que arman tremendos bacanales dionisiacos en la esquina del Madison, andando por las calles con la música d

e los Bee Gees en kasets Sony (los azules) y en grabadora grande para mayores audios, un pucho sobre la oreja, Marlboro rojo y en Levi´s 505, uno se adelanta del grupo y con unas suaves pataditas domina un vaso de 280 ml del Mc Donald's, se la pasa a otro y el otro la para de pecho, la domina de un lado para el otro para que la cabecee; la dominan entre todos, cabeza, pataditas, hombro, nuca, apéndice, y uno último salta de espaldas, la sotana se le revuelve, y de una chalaca mete un gol a un niño de portero que juega en una esquina, del poste a la pared de frente al arco
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