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26/XII/97

el 26/XII/97 salí de mi casa, temprano en la mañana, y dije ya vuelvo a mimadre y a mi padre, y cerré la puerta de la casa. me persigné, cargué mi mochila (con un jean, un par de polos y mi novela) y me acomodé la gorra. el sol brillaba y el cielo se iba despejando. fui hasta la estación de autobuses y titubeé con el corazón palpitante en extremo y el alma partida en pedazos. me armé de valor y pagué el pasaje a trujillo. fueron ocho horas de viaje. ¡Qué tal viaje, realmente! entre lágrimas, entre recuerdos y con muchas esperanzas partí. fue una locura, una tremenda locura. llegué al atardecer al norte y el cielo diurno ya se iba tiñendo de oscuridad. toqué débilmente el portón de la hacienda y mi tío me abrió. no me reconoció en un primer instante, pero luego me abrazó y me dio la bienvenida. ¡qué sorpresa! tuvimos una plática y le mostré la carta que había escrito a mis padres en el bus. lloró -pero aguantándoselas como hombre macho. me mostró un cuarto, me entregó unas llaves y me dijo que su casa era la mía. le agradecí en el alma -también aguantándomelas como hombre macho. ya en la noche, hablé con mi papá que quería que regresara, y hablé también con mi mamá que lloraba muy desconsolada. ¡qué locura! ya me imagino allá en lima. los dos querían seguramente morir. me planté muy firme en mi decisión y colgué. terminé de pasar la noche un poco queriéndome olvidar de todo, entre sorbos de vino y escuchando unas conversaciones ajenas, y luego me acosté. al otro día, me la pasé de aquí para allá acompañando a mi tío, queriendo despejar mi mente pero no podía. por la tarde me fui para la playa y llegué a huanchaco. di unas cuantas vueltas por el balneario y me senté en la arena. prendí el único bate que tenía y lo fumé hasta la mitad. miré las olas, miré el cielo, y me quedé mirando un campeonato de tabla. pasaron las horas y yo seguía ahí sentado, en el mismo sitio, y una chica me miraba. era muy bonita, pero mi cabeza andaba en otras vueltas. apareció el atardecer y fue uno muy hermoso. encendí la otra mitad del bate y lo acabé toditito. luego me use en pie y fui caminando hasta el teléfono público. llamé a casa y yo solo temblaba mirando el mar. hablé con mi mamá y ya se hallaba un poco más calmada -creo que solo un poquito. había recibido mi carta y me enviaba mis cosas. me preguntó si me sentía bien, si necesitaba dinero, y me dijo también que me amaba muchísimo, entre lagrimones. hablé también con mi papá y lo noté también más calmado -solo un poco. me habían perdonado mi huida y me apoyaban en mi decisión. uf! cuando colgué, levanté la mirada al cielo y este se encontraba de una azul profundo y brillaban ya las primeras estrellas. gracias, dije, gracias, y qué inmensa alegría sentí. grité, le di un beso a una chica que pasaba, mi sonrisa se ensanchaba de oreja a oreja y la gente seguramente me creía un loco. fue la primera vez en mi vida que me sentí realmente un escritor de verdad. sentí como si mis padres, en aquella época, me hubiesen dicho, vaya, hijo, vaya y escriba...
y ahora, pues, escribo, solamente escribo...

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