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PREFACIO A LA EDICIÓN CASTELLANA “UN PARADIGMA OTRO”: CONTENIDO GLOBAL, PENSAMIENTO FRONTERIZO Y COSMOPOLITISMO CRÍTICO (WALTER MIGNOLO)

A partir del 11 de septiembre en Estados Unidos como en el teatro de Moscú en octubre de 2002, no se trata de un terrorismo contraestatal, si bien dio lugar a una especie de terrorismo estatal, es más la versión del otro lado, haciendo de lado la feroz violencia, se trata más bien de aquellas vidas que gritan, de prestar atención la versión del otro, la opinión del otro, escuchar al otro (a uno mismo). Por ello la urgencia de pronunciar no más nuevos paradigmas, porque estos se encuentran formados y en línea del concepto de modernidad misma, actualmente con corolario en el proyecto neoliberalista, sino más bien con paradigmas otros.


¿Qué es un paradigma otro?

“Llamo a «paradigma otro» a la diversidad (y diversalidad) de formas críticas de pensamiento analítico y de proyectos futuros asentados sobre las historias y experiencias marcadas por la colonialidad más que por aquellas, dominantes hasta ahora, asentadas sobre la historia y experiencias de la modernidad. “ (Mignolo, p. 20), el paradigma otro como diferentes formas de pensamiento, de objetividad, no de un solo autor, sino más bien de un coro discordante de voces, que lo único que los une –porque los separa todas sus formas características: cultural, religioso, temporal, idiosincrático… es la experiencia de haber sido excluidos de un proceso en el que se inició a partir de su propio coloniaje. El paradigma otro es el pensamiento del excluido en la carrera de la modernidad. Desde la invención de América se convive en un pensamiento moderno globalizado, pero en el que una gran mayoría de la población mundial no participa, e inclusive se halla en suma desventaja.

El sistema moderno ya no da más, va desgastándose continuamente, por ello incidentes trágicos como el 11-Septiembre y 11-Marzo, Madrid (y recientemente en el país, el Moqueguazo), es lo que explican estas formas de rechazo, o formas aisladas de pensamiento que se originan particularmente en todos estos puntos geográficos donde la colonialidad asentó sus bases en algún momento. El mundo moderno apareció desde que Colón llegó a América y los habitantes de esta tierra se quedaron sin voz y no pudieron expresarse. A partir de ahí se creó el mundo. Y ahora, esa parte silente por impedida física y moral quiere hablar, de la manera que fuese, la más lógica después de tanto tiempo, es como un corcho despedido de la bebida, bomba!

Esta tensión originada por un agotamiento de la modernidad, de sus sistemas invasivos y marginales, liberalismo o capitalismo, posmodernidad si se quiere también seguir extendiendo como goma de mascar ya sin dulce, dura, ajustada, donde solo unos cuantos tienen voz y voto, solo unos gozan ciertas permisiones, invaden y controlan un orden que ellos pocos han creado, y se lo creen, o al menos le hacen creer al resto, o mejor dicho se lo imponen, como toda conquista y coloniaje.

Frente a ello surge una contraposición radical, «Un paradigma otro» es hoy y lo será en el futuro próximo el paradigma que abre nuevos caminos y ofrece también correctivos al posmodernismo y al posmodernismo oposicional, surgido de su diversidad, de sus diferentes pieles y conflictos; hace mucho tiempo dejaron de ser ya ratones de laboratorio para ser autorizados focos de pensamiento y opinión, por lo que no pretenden ser transicionales, más bien fuentes de disrupción. Por supuesto, violencia física, fundamentalista, radical totalmente exenta.

“En suma, «paradigma otro» en su diversidad planetaria está conectado por una experiencia histórica común: el colonialismo; y por un principio epistémico que ha marcado todas sus historias: el horizonte colonial de la modernidad. Esto es, la lógica histórica impuesta por la colonialidad del poder” (Ob. Cit., 23), puesto que el lado subrepticio que no se debe mostrar de la modernidad, el del proyecto neoliberal, implica necesariamente formas nuevas de colonización con nuevos métodos o instituciones: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, EEUU, Unión Europea: nueva colonialidad global del mundo moderno.

El coloniaje es el punto en común de estos paradigmas otros, los nuevos focos geopolíticos de ideas –o mejor dicho, recién tomados en cuenta (paradójicamente, a través del motor de la modernidad, la tecnología), como si nunca hubiesen pensado, pero es por lo que siempre se ha tratado de mantener desconectados del mundo, pues mantener la ignorancia es otro de los métodos de la modernidad, en este caso, dejar de lado, excluir, avasallar, mientras la parte resilente en su continua crítica, en su continuo pensamiento. No es que sea un nuevo pensamiento o filosofía, siempre lo ha habido, es que recién hay palestra para mostrarse. Desde el inicio se ha desconectado del otro y se ha cruzado siempre el gran charco oceanográfico (marítimo, idiosincrático), siendo un golpe terrible en todo el sentido de la expresión, no solo de abuso de poder –que ya es demasiado, sino también de imposición de una nueva mentalidad totalmente ajena y extraña, produciendo un quiebre globalizado y temporal, y a su vez siempre aisladas luces ideológicas:

“La colonización hispánica y lusitana de América produjo, necesariamente, un pensamiento otro en el sentido de que quienes vivían en Tawantinsuyu y Anahuac y en las costas del Atlántico no tenían ni remota idea, ni tenían por qué tenerla, de quiénes eran Aristóteles y Platón, Ibn Shina (Avicena) o Ibn Rush (Averroes). (…) La gestación del paradigma otro, a finales del siglo XV y principios del XVI, tuvo su continuación en los autores indígenas del XVI y mediados del XVII (Waman Puma, Pachacuti Yamki, Alvarado Tezozomoc…)” (Ob. Cit., 25-26).

A pesar de toda colonización continúa una resistencia, la libertad tan importante de pensamiento, el ser escuchados/leídos/entendidos/atendidos…, surgiendo a su vez autores de la misma vertiente avasalladora como Sepúlveda, Las Casas, Acosta, entre otros, que llegan con un desliz ideológico un tanto más humanitario o considerado, el déjame que yo hable por ti, o el tú no porque no eres nadie tampoco o nadie te va tomar en cuenta, al menos son expectativas que se lanzan a la historia, como tantas otras, nuevos raciocinios, desde todos los puntos colonos, en diferentes épocas y puntos geográficos, aunque siempre débiles frente a toda la maquinaria e industria modernista. “Estos proyectos forman un paradigma otro porque tienen en común la perspectiva y la crítica a la modernidad desde la colonialidad (…). Y porque cuestionan la propia lógica mediante la cual la modernidad se pensó y se sigue pensando como modernidad y posmodernidad”, y el problema más grave para el modelo modernista (y derivados: neoliberalismo) es que se le cuestione, y en este caso se le viene cuestionando a partir y desde la diferencia colonial, porque no se trata de diferencias culturales (eso ya se sabe y se intuye), sino que este tipo de pensamiento surge de las diferencias coloniales construidas a través de diferentes épocas. “Pensar desde el dolor de la diferencia colonial; desde el grito del sujeto” (p. 27). Surgiendo a su vez un tipo de “pensamiento fronterizo” que viene tanto del lado colonizado, sin conocimiento de ideologías modernistas u occidentales (Bing Bang, Greco-Latino, catolicismo, etc.), proveniente del siglo XVI a raíz de la invención de América, así como también del lado mismo de la modernidad, actantes que elevan su voz para democratizar en tanto ciertos valores, solo algunos, porque no es un reconstituyente absoluto. Así, un pensamiento otro surge de la discontinuidad de las fronteras, desde las experiencias coloniales.

El imaginario moderno se desarrolló sobre cinco ideologías básicas: el cristianismo, el conservadurismo, el liberalismo, el socialismo y el colonialismo –aunque esta última siempre se ha la ha tratado de ocultar por lo que no es motivo de orgullo tampoco pero sí necesaria para el avance civilizatorio occidental: “El imperialismo es la cara visible, el colonialismo es el mal necesario”, pues sin ejercer el poder el modernismo no avanza ni se desarrolla (o al menos eso han demostrado sus fatídicas experiencias). La ideología colonialista fue necesaria para homogenizar el mundo y componer a las metrópolis a las ideologías disímiles pero factibles y liberadoras de la modernidad europea. Así, el colonialismo no solo dio pie a otras historias, a más historias, sino también a historias otras, historias que emergieron de rompimientos y discontinuidades, esas mismas historias que fueron dando origen a los procesos de descolonización:

“El pensamiento de un sujeto que no quiera que le den la libertad sino que quiera tomarla por sí mismo, construyendo su propio proyecto en un paradigma otro; no dejarse atar al paradigma de la modernidad” (p. 31).

Así de esta manera es también como actualmente van surgiendo los Chávez, Ollantas, Evos, Correas, Ortegas, Fuentes (en Puno), con procedimientos tal vez poco ortodoxos y equivocados, pero engranando el sentir popular, alzando su voz de reclamo, haciendo ver la discontinuidad en la historia de la modernidad para introducir la mirada opuesta, “No, digamos, la mirada de Colón mirando a los indios mientras se acercaba a la costa, sino la de los indios mirando ese objeto extraño, en el agua, que se acercaba hacia ellos” (p. 32). Por ello, ante la continuidad de la modernidad en la historia, llevando el caso a la poscolonialidad, van surgiendo de esta manera nuevas formas de colonialidad: una colonialidad global, encontrado en la diversidad del pensamiento otro.

Con este desarrollo modernista van creándose también modernas formas de colonización: “La sumisión nombra la condición del inmigrante que debe cumplir las «obligaciones» impuestas por el Estado para poder beneficiarse –aunque con dificultades, como sabemos- de los «derechos» que el mismo Estado dice otorgarle a cambio de sus «obligaciones»”, por eso sería imprescindible formar sociedades interculturales, más que sociedades multiculturales, no paralelas disímiles sino dialogantes.

Lo que ahora sucede en Europa y Estados Unidos, de abrir las fronteras económicas y cerrar las fronteras a los migrantes, son ejemplos de la doble cara de la modernidad, como la vieja rutina de barrer la casa, limpiarla para que se vea bien bonita, pero la basura escondida bajo la cama, bajo la alfombra, aunque se trate de solapar a la colonialidad como un fenómeno derivativo más que constitutivo de la modernidad. “No hubo, no hay y no habrá modernidad sin colonialidad. Por eso necesitamos imaginar un futuro otro y no ya la completitud del proyecto incompleto de la modernidad (…), que emergerá del pensamiento fronterizo (…), un cosmopolitismo crítico que no tenga como objetivo «defender el territorio», sino buscar la integración de las diferencias y la socialización del poder” (p. 35).

Todo esto conlleva también a que surjan diferencias extremas, modos de diferenciación, “La colonialidad del poder es el dispositivo que produce y reproduce la diferencia colonial, calificando y segregando así a grupos poblacionales, remarcando la superioridad en quienes clasifican. “La colonialidad del poder es, sobre todo, el lugar epistémico de enunciación en el que se describe y se legitima el poder. En este caso, el poder colonial” (p. 39). Las diferencias se van desarrollando también por vías cristianas o religiosas (Las Casas plantea la matriz de la diferencia colonial y de la diferencia imperial sobre la cual se sustentará la modernidad y se ocultará a su vez a la colonialidad), a partir de la cristiandad se hablará de lo otro u otros: otras religiones, otras costumbres, otros gobiernos, otros idiomas… lo que hoy se llamaría diferencias culturales, que no es otra cosa que racismo: segregación en raza, trabajo y género/sexualidad.

El concepto raza nació como una urgencia de diferenciación basada primero en la religión y luego localizada en la sangre, no en la piel. Por este mismo motivo, el llamado Tercer Mundo no solo es una distribución geopolítica y económica, sino sobre todo racial. También sobresale la triada explotación, dominación y conflicto, cuya estructura económica se basa en el capitalismo. O sea, capitalismo y modernidad/colonialidad son dos caras de la misma moneda, solo que la perspectiva es solo del lado de la modernidad, “el discurso de la modernidad es el celebratorio, el del avance de la raza humana hacia nuevos y magníficos destinos históricos impulsados por la tecnología” (p. 48), generando como consecuencia conflictos personales y sociales en los campos de actividad humana y social (trabajo, género/sexualidad, autoridad y subjetividad), así como también en las relaciones de dominación y dependencia, llevando a desarrollar la colonialidad global del poder.

La dominación es la condición básica del poder, tanto para un control colectivo como subjetivo/intersubjetivo, basado siempre en el concepto de raza y explotación. Y frente a ello surge el pensamiento otro, y aunque tal vez no son voz

con autoría ni ideas aisladas, o quizás la verdad absoluta del cambio que se urgencia, sino más bien son formas o pensamientos que hay que considerar, saber qué está sucediendo en el otro lado de la vertiente, saber escuchar y prestar atención, sea en América, África u cualquier lugar que haya sido colonizado, en la subalternidad colonial o imperial, ya que mediante:

“«Un paradigma otro» nos lleva también a «otra ideología», la del «cosmopolitismo crítico» que se está construyen

do (…), en los bordes donde emerge el pensamiento fronterizo tanto de subalternidad como desde la hegemonía atenta, consciente y abierta a la colonialidad (…), dejar de ser lo que los universales abstractos fueron y siguen siendo: el espacio que es necesario defender a costa de vidas humanas; el uso de la violencia para defender la libertad; el recurso a medio antidemocráticos para defender la democracia; ponerse fuera de la ley para defender la ley. (…) El pensamiento fronterizo surge del diferencial colonial d

el poder y contra él se erige (…), no es un objeto híbrido sino un pensamiento desde la subalternidad colonial (como en Anzaldúa, Fanon o el zapatismo) o desde la incorporación de la subalternidad colonial desde la perspectiva hegemónica (como en Las Casas o en Marx). El pensamiento fronterizo es uno de los caminos posibles al cosmopolitismo crítico y a una utopística que nos ayuda a construir un mundo donde quepan muchos mundos” (p. 58).




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