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LA PEPITA

Cogí la pepita entre mis manos, y como en una tómbola la hacía saltar de un lado a otro. Me puse a pensar un momento, pues la pegada nos había dejado mudos a todos. Esa pepita, la que de niños sacábamos trepándonos de los árboles del parque Quiñónez, porque en el parque del barrio no había, era nuestro armamento de niños. Salíamos muy temprano en la mañana, luego de un desayuno apurado, uno salía e iba buscando al otro, se tocaba timbre, se silbaba y la collera se iba juntando, cada uno con una bolsa de Scala para cargar con proyectiles; la honda entrelazada contra el pecho. Íbamos todos en mancha, caminando con pura risa las tres cuadras de nuestro parque hasta el otro. Trepábamos a los árboles, furtivos y ostentosos, creyéndonos Luke Skywalker o Han Solo piloteábamos naves espaciales entre las ramas, disparábamos a las empleadas en los tendederos vecinos, a las viejas con ruleros que nos soltaban al perro, y especialmente al jardinero. bajábamos del árbol y corríamos escondiéndonos de nuestros enemigos, cargando nuestra pesada bolsa de pepitas. En la huída, íbamos entre ascuas y risas, tirando pepas, jalando la manguera, mojando a cualquiera, corriéndonos íbamos llegando uno por uno a la cuadra, recordando aventurosamente lo sucedido, la tremenda odisea; nos sentábamos al filo del final de la calle, y despepábamos todas las ramas que nos habíamos bajado y arrastrando de parque a parque, seleccionando las balas y llenando las bolsas plásticas.
Luego, regíamos para escoger dos equipos. Nos repartíamos y sueltos a escondernos por todos lados, la guerra de pepas a hondazos había empezado. Nos escondíamos entre los rosales, palmeras, tirados a campo traviesa, una dolorosa lucha de pepas que ardían al hondazo, zuuummm cortaba el viento la pepita, una quemada intensa y un dolor intenso y roja la marca en la piel, miraba y observaba detenidamente en medio segundo, apuntaba, jalaba la liga y soltaba el cuerito con la pepa, directo a la pierna, para que se resbale, y luego fusilarlo por todos lados. Ahora, despierto a mi amigo tirándole una pepita, desahuevándolo de la pegada.

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