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LA IMAGEN Y LA PUBLICIDAD EN 'EL PERÚ ILUSTRADO'

La primera revista con calidad en las ilustraciones que se divulgó en el país fue El Perú Ilustrado, durante los años de 1887 a 1892. Esta publicación tuvo un valor de mucho significado para la época, lo que demuestra su periodo de duración, tratándose de una publicación de entrega semanal; además de los intelectuales que la dirigieron y publicaron en ella. Era tan famosa en su tiempo que rápidamente fue acaparando más suscriptores, tanto en el interior del país como en el extranjero.

“En éste se reproducen retratos y fotografías de aspectos urbanos trasladados por medio de la litografía. Las reproducciones son a veces imperfectas y de trazos inseguros o infantiles, pero conservando, en lo posible, el aire o parecido original. En El Perú Ilustrado aparecen los principales personajes políticos e intelectuales de la época, con cierta rigidez de tallas en madera, y también una copiosa información gráfica sobre las ciudades provinciales y sus más destacados aspectos urbanos.” (Porras Barrenechea, 1970, p. 84)

Es a través de sus páginas cómo es posible interpretar los diferentes aspectos del Perú de aquellos tiempos, luego de la derrota bélica con el país sureño de Chile. La revista expone una mentalidad peruana de fines del siglo XIX, influenciado por nuevas corrientes positivistas, la revolución industrial, los tiempos modernos y la cultura civilizatoria, los cambios de un país que desea dejar las derrotas y solo progresar: un desarrollo más tecnológico, con proyectos nacionales y claras intensiones descentralistas.

Esta publicación muestra una transformación en el peruano, un self made man patriotero, un proceso en el que el trabajo duro es parte primordial para forjar una nación, para llevar adelanto y evolución a todos los rincones del país, que no solo es la burbuja limeña, sino que más allá de la capital se encuentra el tránsito hacia el progreso, como un puente o un camino de rieles: de lo indígena a lo occidental.

Perlas y Flores (1884-86) se llamó, en sus dos primeros años de vida, El Perú Ilustrado, revista literaria (1887-92) con marcada tendencia gráfica y comercial, que concentra la abundante producción literaria de aquella época de nuestras letras en que subsisten todavía algunos románticos de 1848 y se inicia una joven generación de dispersas inclinaciones.

El Perú Ilustrado fue dirigido algún tiempo por doña Clorinda Matto de Turner y contó con el inapreciable concurso de un laborioso dibujante y grabador, don Evaristo San Cristóval, cuya obra gráfica y nacionalista es muy meritoria.” (Ibid p. 50)


El Perú a fines del siglo XIX

A fines del siglo XIX, el Perú viene de un debacle bélico que lo deja enfrentando una terrible crisis económica y buscando la restauración del país con un proyecto de nación. A esto, se suman, las ideas novadores de la época, los avances tecnológicos, el positivismo de la Ilustración y las transformaciones sociales y de mentalidad que todo cambio de siglo, y más un conflicto territorial, puede acarrear.

Por aquellos años el gobierno estuvo en manos del general Andrés A. Cáceres (1886-90). Un periodo difícil porque el país se había convertido prácticamente en ruinas con la invasión sureña, tanto física como moral, donde el luto y los sentimientos contrariados desvelaban puras desolaciones. Con Cáceres se da inicio al periodo de Reconstrucción Nacional; en primer lugar, una reorganización y un fortalecimiento a las Fuerzas Armadas –pues estaba pactado el plebiscito de 1894 para la devolución de los territorios perdidos, según el Tratado de Ancón. También, intentó renacer el crédito internacional y salir de la atormentada crisis económica, por lo que al final de su administración suscribió el Contrato Grace, a cambio de lo cual el gobierno peruano les entregó el control de todos los ferrocarriles del país por un período de sesentaiséis años. En el estado calamitoso del erario nacional, no hubo aquella vez ninguna otra alternativa para el Perú”. (Guzmán & Calderón, p. 3).

“Asimismo, Cáceres fomentó la instrucción popular e impulsó al renacer cultural en todos los campos; surgieron en esos años el Ateneo de Lima y la Sociedad Geográfica, publicándose la insuperada revista El Perú Ilustrado. Así, pues, la influencia de su gestión presidencial imprimió una saludable dirección a toda la actividad nacional. (…) Cáceres tuvo por ideal supremo la unidad nacional y por ello buscó la paz interna, la conciliación entre peruanos respetando democráticamente las divergencias.” (Ibid, p. 2)

Otro punto particular y muy significativo en estos años y en las publicaciones es el papel de la mujer, en este caso literario. Tiempo de evoluciones y donde un movimiento femenino surge para hacerse de un espacio, marcando el ámbito cultural y social de la ciudad no sólo mediante las publicaciones aparecidas, sino a través de aquellas reuniones donde los protagonistas del ambiente literario eran partícipes de un hecho puntual en la historia de las letras peruanas y en particular del papel de la mujer en el Perú del siglo XIX, limitado a los ámbitos del hogar.” (Contreras, Identidades). Su discurso no era del tipo feminista de reclamo (voto, igualdad política), más bien su fuero era la propia escritura, en el cual exponían sus diferentes puntos de vista y hasta publicaban o dirigían importantes tribunas periodísticas, como por ejemplo, es el caso de la escritora Clorinda Matto de Turner y El Perú Ilustrado.

El Perú Ilustrado: en sus orígenes

Antes de que saliera a la luz esta publicación, el escenario literario, periodístico y/o publicitario en el Perú se reflejaba en publicaciones como El Comercio –que desde 1839 se formó como un diario de avisos comerciales, tan parecido nomás a su sección de Clasificados de la actualidad, con igual tamaño casi de formato, pero de noticioso casi nulo; El Mercurio –que duró algunos años del primer lustro de los años sesenta, y de fundación de Manuel Atanasio Fuentes, El Murciélago, tenía un corte comercial y político, más un tinte humorístico, sarcástico; El Nacional –es otro periódico de gran relevancia por su extensión en años de publicación, va de 1865 a 1903, y con un gran ejercicio político; al igual, también, La Sociedad, que se publica toda la década de los 70 y un poquito más –de tinte conservador en su editorial; La Opinión Nacional es un diario que se publica desde 1873 hasta 1913, y junto con El Nacional mantuvieron una férrea competencia informativa (y publicitaria) a El Comercio, quien desde 1875 es adquirido y dirigida por los periodistas José Antonio Miró Quesada y Luis Carranza; todas estas publicaciones también amplían sus secciones y modernizan sus maquinarias en estos últimos años.

Con Piérola y la invasión chilena a fines de los setentas, el periodismo sufre una intermisión, porque con el dictador todos los directores de los diarios quedan encarcelados y con la guerra se paralizan todas las acciones en el país. Luego del Tratado de Ancón e instaurada la paz, todos vuelven a sus fueros en busca de la reconstrucción nacional. El gobierno de turno, del autoproclamado Presidente Reconstructor de la República Miguel Iglesias, es analizado por estos periódicos, y con mayor rigor por La Tribuna (1878-85) y por El País (1884-1902). El Bien Público (1883-91), por su parte, lo defiende.

“Los más célebres gacetilleros de la época fueron Ramón Rojas y Cañas, “el criollo de más ingenio” que conoció don Ricardo Palma; Juan de los Heros, con sus Ensaladas y Pucheros; Pedro Antonio Varela, “el chico Terencio”; Julio Jaimes, “don Javier de la Brocha gorda”; Simón Camacho, “el Nazareno”; Flores Chinarro, en El Comercio; trinidad Fernández, en el “Mosaico” y el “Gacetín” de El Tiempo, de 1864; “El Tunante”, con sus “Rasgos de pluma”, en El Nacional; y el célebre “Murciélago” con sus “Aletazos” políticos y literarios. El gacetillero, que representó la intromisión del periodismo satírico en los diarios, desaparece con el periodismo moderno, que dispersa en múltiples secciones las tareas encomendadas antes a un solo ingenio feraz.” (Porras Barrenechea, Ob. Cit., p. 39)

Con el periodismo moderno y los avances tecnológicos, el desarrollo industrial y la potenciación del país, de la ciudad y capital sobre todo, es que los diarios de aquella época se van convirtiendo en empresas. Se deja el pasquín o antigua gacetilla, a título en muchos casos individual y de interés personal o partidario para desarrollarse un periodismo más serio, informativo y, por ende, autogestionario.

Los diarios se vuelven en empresas comerciales que pagan por un servicio intelectual, aumenta las secciones informativas y el tiraje, a la vez que se le rebaja en el precio. Los nuevos formatos periodísticos se dispersan en diversas secciones como la editorial, el comentario político, la crónica, el cable, vida social y laboral, cartas de lectores, anuncios publicitarios, obituarios, entrevistas, entre otras tantas. Es así también como la tímida “intimidad limeña del hogar se trasluce al público” (Ibid); y si se menciona Lima es porque es el centro del Perú en esos momentos más que nunca, cuando recién se van edificando puentes y caminos, y se intenta ir interconectando el país para un mejor desarrollo económico. Se va dejando también un poco de lado el interés político en las páginas de los diarios, más no en la lectoría ni en la crítica periodística, por reflejar un modelo de ciudadano proyectado e iluminado en construir una Nación.

De igual importancia y valía para este proyecto de reconstrucción nacional son las revistas literarias y científicas de ese entonces. La Revista Peruana (1879-80) realiza una obra historiográfica increíble y de suma relevancia, con antiguos colaboradores de la prestigiosa La Revista de Lima (1859-63), intelectuales de mucha aptitud y reconocimiento. El Correo del Perú, es una obra surgida en 1871 y duró hasta el 76, y fue la primera circulación esmerada en los gráficos, reproduciendo grabados europeos en su mayoría –en 1872 muestra la primera exposición nacional que se haya realizado. También existen otras publicaciones que iniciaban pininos gráficos entre caricaturas sarcásticas y políticas o estampas del momento. Esto dio eco a una publicación mayor y de mejor concepto: publicidad gráfica, ilustraciones muy pulidas y labor informativa. En ese sentido, El Perú Ilustrado se genera como la más cuidada y la de mayor interés para la época.

El Perú Ilustrado tuvo una permanencia desde el 14/05/1887 hasta el 17/09/1892, de entrega semanal (sabatina) y con una edición total de 280 números. Siendo el principal objetivo de esta revista el de cumplir un afán literario y comercial.

El Perú Ilustrado, cuyo primer número apareció el 14 de mayo de 1887 a cargo de Abel de la Encarnación Delgado, quien venía de la experiencia de editar entre los años 1884 y 1886 Perlas y Flores, “semanario comercial de las familias” que se repartía gratuitamente y que se solventaba con los ingentes avisos comerciales que contenía. Sin embargo, la persona detrás de El Perú Ilustrado, como editor propietario, era el comerciante norteamericano Peter Bacigalupi, quien puso énfasis en el aspecto comercial de la revista, razón de su larga existencia (llegó a los doscientos ochenta números). A los pocos meses Delgado dejó la redacción a manos de Zenón Ramírez, y el semanario incrementa paulatinamente el número de sus páginas que pasan de 12 hasta llegar en algunos números a 40.” (Salas).

“Después de la tragedia de la Guerra del Pacífico y con el antecedente de El Correo del Perú en los años 1870, El Perú Ilustrado comenzó a circular en Lima en mayo de 1887 sucediendo a Perlas y Flores, un folleto gratuito que en la inmediata posguerra no llegó a cumplir la doble vocación “literaria y comercial” que se asignara. El modelo que seguía El Perú Ilustrado eran las Ilustraciones publicadas en Europa mientras la influencia norteamericana se iba a manifestar en la ideología de la revista (La prensa ilustrada en España-Las Ilustraciones 1850-1920).” (Tauzin, 2003, p. 134)

La imagen en El Perú Ilustrado

Como bien lo indica su nombre, El Perú Ilustrado se caracterizaba por sus grabados, destacando retratos de personalidades, históricas o de la actualidad siempre figurando en la portada. También, paisajes de diferentes puntos del país, muchos recónditos y representados como una analogía entre lo indígena y lo civilizatorio, como el progreso del país a través de la modernidad reflejado en una mina, un puente o un ferrocarril.

El tono de esta revista tenía un matiz muy patriótico, por ejemplo, fue una iniciativa de El Perú Ilustrado la idea de una suscripción popular de 10 centavos para erigir un monumento a Miguel Grau” (Salas), siguiendo los planes de reconstrucción nacional a través de la memoria y del ejemplo. En sus páginas desfilaron héroes y civiles con un alto grado de moral y mérito.

En este rubro es que también figuraron diversas féminas, literatas en su mayoría. El papel de la mujer en ese tiempo refleja que no solo se limitaba a un ámbito hogareño y obediente, también opinaba, departía, compartía, publicaba, y se le rendía pleitesía. Clorinda Matto de Turner es el ejemplo: mujer, provinciana –cusqueña, para mayores señas, política, escritora, organizadora de tertulias, indigenista, y en Lima, la capital, dirigió El Perú Ilustrado desde octubre de 1889. Ese mismo año salió también publicada su novela Aves sin nido. “Su situación al frente de El Perú Ilustrado se hizo insostenible y el 11 de julio de 1891 renunció a su cargo para que se levante la censura eclesiástica que recaía sobre la revista. Para entonces era evidente que el periodismo cultural había dejado de ser para nuestros escritores un “oasis de la vida”.” (Ibid)

La publicación brindó un ámbito literario y cultural de gran difusión, propiciando un tránsito de la literatura política o comprometida a una más autónoma y profesional:

“En esta revista se gesta el difícil tránsito de una literatura marcada por el paradigma de la dependencia política y moral a un nuevo horizonte de autonomía del discurso literario e incipiente profesionalización del escritor; sin embargo, no se debe olvidar que nuestro modernismo literario se gesta y desarrolla en una sociedad con una modernidad abortada. El tránsito del artículo de costumbres a la crónica periodística; del cuadro de costumbres, la leyenda histórica y la tradición al cuento moderno; de la poesía pedagógica y romántica a la poesía modernista. Todos estos son procesos complejos que no siguen una secuencia temporal única ni culminan en esta revista pero que indican el proceso de transformaciones que se vive en el campo literario peruano de fines del XIX.” (Velázquez, 2000, p. 180)

Un caso aparte es el aspecto comercial de la revista, donde abundan las propagandas, sobre todo galenas/estéticas e industriales. Lo que evidencia el proceso de transformación que vive el país, la progresiva industrialización y le evidente importación de productos extranjeros, y el cuidado que se evidencia por la buena salud:

“La gran cantidad de productos para mejorar la apariencia física de las personas y las condiciones materiales de la vida privada nos remiten a las nuevas preocupaciones de una sociedad donde el cuerpo y el espacio doméstico se convierte en el centro de los afanes sociales y estéticos. El consumo de productos extranjeros se convierte en un signo de la nueva sensibilidad, apropiarse de los bienes simbólicos de la modernidad es el desafío del momento.” (Ibid, p. 179)

El logotipo y la portada de El Perú Ilustrado

El Perú Ilustrado sale al mercado en medio de otras del mismo formato ilustrativo que provenían del extranjero, sobre todo de España, como La Ilustración de América, Americana de Madrid o La Ilustración Española, con el objetivo de fomentar el progreso en el país, como un agente de cambio para el desarrollo.

En este sentido, el papel del litografista Evaristo San Cristóval es fundamental. Este fue un grabador excepcional de la época, y junto a esta publicación fue que su taller creció aumentado el número de sus trabajadores, y con Matto de Turner es que aparece la firma de cada uno de sus grabadores en la revista. Fue también San Cristóval quien realizó la Galería de retratos de los gobernadores y virreyes del Perú (1535-1824), y con el editor Bacigalupi quienes enunciaron en imágenes el estilo del semanario, en especial el diseño de la carátula y su logotipo.

Al inicio, el logotipo cubría casi la mitad del formato, siendo al cabo de un año modificada por otra más atrayente y menos compleja, y por lo mismo más directa en significado.

“La primera viñeta de El Perú Ilustrado ocupa la mitad de la página y está rodeada de un marco (Fig. 1). Tiene la apariencia de un cuadro que ofrece al mismo tiempo una puesta en escena y una puesta en abismo. El centro de interés lo conforma un viaducto, portento de ingeniería que desafía un descomunal precipicio. En aquel puente de hierro, símbolo de la tecnología más avanzada de la época, circula un tren que está a punto de entrar en un túnel, imagen de la victoria del hombre sobre la naturaleza inhóspita. Paralelamente, aparece una alegoría del Perú antiguo, bajo la forma de un indio emplumado que desde una rudimentaria oroya parece que se dispone a lanzar una flecha hacia el tren que pasa a todo vapor.” (Tauzin, p. 136)

(Fig. 1) El Perú Ilustrado, 4/06/1887, n° 4

Esta portada tiene un mensaje claro: “el Perú está alcanzando la tierra prometida donde los desarrollos tecnológicos y culturales están imbricados” (Velázquez, p. 180), dejar el primitivismo para ingresar a la civilización; por ello también la tipografía del logo se muestra salvaje y a la vez desordenada y abierta, con interés en ingresar raudamente al túnel del tiempo a través del acceso a la innovación. “Los «bárbaros en el espacio» (esto es, la diferencia colonial fue construida en el espacio) se convierten en los «primitivos del tiempo»” (Mignolo, 2002, p. 42), por eso es también que todo lo relacionado a lo indígena es arcaico, obsoleto, obstáculo, y se encuentra bien abajo: desde su vestimenta de taparrabos de hojas secas, utensilios de cerámica y flechas como armas hasta su medio de transporte y vías; lo que se necesita, expresa el diseño del logo, es abandonar el puente colgante y los auquénidos por unos rieles que sucumban los precipicios y unan mundos, un ferrocarril potente que cruza el paso hacia la profundidad del desarrollo es el nuevo estigma.

Se debe trabajar sobre la naturaleza para avanzar: en la minería y en las industrias se encuentra el brillo del progreso, por eso en el diseño esto se halla en lo alto, sobre todo lo demás, conquistando las alturas y el ambiente, “el discurso de la modernidad es el celebratorio, el del avance de la raza humana hacia nuevos y magníficos destinos históricos impulsado por la tecnología, la producción de mercancías que implican la destrucción de la naturaleza” (Ibid, p.48), a la modernidad hay que celebrarla, levantarla, lo que significa que el Perú se levante, estudiarlo y desarrollarlo, por eso también la lira, el globo terráqueo, plumas pictográficas y un libro con el título de Industria Minera del Perú. El país hacia el progreso por medio de la industrialización y también de la cultura, pues no hay brillo sin iluminación: luz que alumbra ambientes y luz que aviva ideas.

“La portada de El Perú Ilustrado es modificada al cabo de un año. El título pasa a ocupar completamente el primer término y está sobreimpreso sobre el dibujo (Fig. 2). Se han suprimido los elementos artísticos y los emblemas dando paso a una nueva perspectiva: la luz no viene como antes del lejano océano sino de la “I” de “Ilustrado”. Los símbolos del progreso han sido ampliados y ahora se hallan a la derecha. La locomotora exhalada a todo vapor sobre un puente de hierro se une a un telégrafo a batería para encarnar y se deja de lado toda representación del Perú antiguo. Los mineros, altos y bien equipados, continúan trabajando con ahínco a la izquierda. El lector de El Perú Ilustrado puede fácilmente identificarse con esos hombres emprendedores y entusiastas que son la negación del pasado y los garantes de la prosperidad de la cual la revista pretende ser al mismo tiempo la expresión y el reflejo.” (Tauzin, p. 137)

En este nuevo diseño del logotipo la naturaleza ha dado paso a las comunicaciones, así como también tratar de buscar el progreso por medio de la minería, “un patrón global de control de trabajo, de sus recursos y de sus productos (…), con carácter capitalista” (Quijano, 2000, p. 204); la modernidad, en este sentido, “es, pues, también una cuestión de conflicto de intereses sociales” (Ibid, p.217), por eso se deja ya fuera del contexto lo que implique naturaleza, lo salvaje:

“Sin duda, los caracteres sobre los que el enunciador se apoya no reducen los planos de hegemonía y subalternidad. Antes bien, se presume a los códigos andinos como eje de la incapacidad y el deterioro de la sociedad peruana. El sujeto indígena personificaría la degradación a la que ha llevado al desencuentro, en la medida en que no se ha adecuado a la modernidad.” (Zevallos, 2003, p. 206)

Es que también “todo concepto de modernidad es necesariamente ambiguo y contradictorio” (Quijano, p. 217). El Perú Ilustrado es un semanario que va dirigido a las familias –Semanario (ilustrado) para las familias, reza el pie del logo, y lo que se les debe mostrar es cultura y avances tecnológicos, el futuro del país; es por ello que lo indígena y natural no cabe en el nuevo concepto de imaginario modernista.


(Fig. 2) El Perú Ilustrado, 9/01/1892, n° 244

La tipografía también ha sufrido una intensa mutación; ahora es más extendida, amplia y ocupa el lugar delantero antes de la ilustración del paisaje. Las letras se hallan más ordenadas, mantienen un tamaño equilibrado y con doble tamiz, brillan, son más estilísticas y muestran un ascenso: el Perú hacia arriba, el Perú avanza.

En este segundo concepto de diseño de logo y carátula también se muestra otra variación: el logotipo ocupa casi el cuarto de página, mientras que el personaje de la portada ocupa el demás espacio y con firma de autor o grabador.


Los retratos en la revista

Durante cada semana el semanario muestra en su portada (y también en las páginas interiores) el retrato de un personaje ilustre, un modelo con el cual el lector pueda sentirse identificado, tan igual como mostraba La Ilustración de Barcelona y La Galerie contemporaine de París; esto como homenaje a esos protagonistas, a la vez que se proponía ser un legado para la historia, una suerte de fuente historiográfica.

Las personas retratadas pertenecen al ámbito de la armada peruana y la sociedad peruana. “El patriotismo es uno de los argumentos ecuménicos de la revista. Pero los héroes de la guerra del Pacífico y los próceres de la Independencia no son los únicos capaces de dirigir el país por la vía del progreso. Los intelectuales, los juristas, los ingenieros y los médicos figuran en las portadas dando así la imagen de una sociedad civil que participa en el progreso universal encarnado en la representación del inventor Thomas A. Edison y de la astrónoma María Mitchell.” (Tauzin, p. 139). Y no solo son peruanos todos los retratados, también existe una galería de extranjeros sobresalientes: políticos, embajadores, intelectuales y gente relacionada al arte y la cultura.

Cada retrato también iba acompañado de una descripción biográfica, una semblanza de logros de vida y profesionales, porque no cualquiera ocupaba ese sitial:

“El Perú Ilustrado valoriza por encima de todo a un personaje particular: el self-made man, a la imagen y semejanza del director ítalonorteamericano Peter Bacigalupi. El inmigrante o el provinciano que llegó a Lima con los bolsillos vacíos y que gracias a su trabajo y a la tecnología moderna amasó una inmensa fortuna, es el nuevo héroe que se intenta promover como alternativa al clásico modelo del heredero, ese rentista improductivo de la economía peruana.

(…) El progreso asociado al patriotismo y la cultura vinculada con el comercio se van perfilando como los elementos de base sobre los cuales se afirma la revista de Bacigalupi que a lo largo de sus páginas, pretende dar al lector la ilusión de vivir en un país próspero y dotado de un sinfín de hombres de talento.” (Ibid, p. 141)


El Perú ilustrado

El proyecto modernista implica una irrupción industrial, tecnológica, cultural, un llamado a la acción, y necesariamente una conquista a la naturaleza. Dejar la tradición indígena –más no a sus protagonistas que debían cristianizarse al cambio- para imitar el modelo europeo.

“la «cultura» se consolidó como la esfera de las creaciones del «ser humano», mientras que la «natura» pasó a ser el dominio pasivo sobre el cual los «seres humanos» ejercen su dominio. (…) la explotación de la naturaleza se hizo en nombre de la Revolución Industrial, es decir, en las regiones colonizadas del planeta. Se configuró así una interesante estructura «cultural» para la «distribución de la naturaleza».” (Mignolo, p. 42)

De esta forma es como es retratada la naturaleza peruana, no tanto como estampas de bellos y pintorescos paisajes –en ese tiempo ni se proyectaba un comercio turístico, sino como prosperidad productiva, como promontorio para salir del auge económico, sinónimo de que hay que conquistarla, trabajarla; siguiendo esta línea, “la revista prefiere privilegiar las ciudades frente a los espacios inhabitados” (Tauzin, p. 142).

Se presentan muchas veces puntos recónditos y provincias alejadas del país, esto con el fin, claro, de llevar el ideal de conquista a la naturaleza en bien de la modernidad, de la comunicación, se mostraban grabados o fotografías trabajadas donde se ve el impulso de un nuevo proyecto –esto también en consecución con el gobierno de turno, El Perú Ilustrado mostraba con orgullo la creación de un nuevo túnel o el puente que conduce a una humeante locomotora, la interconexión de lugares, la comunicación entre pueblos, ofrecía también la posibilidad a una descentralización del país, crear una conciencia en la lectoría que el territorio era de uno y era también extenso y muy variado, rico en posibilidades: todo dependía de uno, mensaje esperanzador para la época de reconstrucción nacional.

El Perú Ilustrado no pretende limitarse a servir de carta de presentación de las ciudades apartadas de la capital; su meta fundamental es exaltar los símbolos de la modernidad. En lugares remotos, la civilización avanza, como lo demuestran las ilustraciones de las grandes obras que terminarán por unir el país. (…)

A lo largo de las páginas de la revista ilustrada, el Perú es presentado como un país en plena revolución industrial. La evocación de fábricas y empresas modernas confirma la idea del progreso económico, por eso ocupan un lugar de honor en la revista” (Ibid, p. 144)

Los paisajes que se muestran en la última página es un corolario, pueden mostrar tanto lugares recónditos como espacios donde se desarrolla alguna actividad o comercio. Los primeros con el fin de conseguir esa empatía por la aventura, conquista y fortuna; los segundos, también como fortuna y negocio, comercio.


(Fig. 3) El Perú Ilustrado, 2/01/1892, n° 243


La publicidad en El Perú Ilustrado

La industrialización trae consigo nuevas maquinarias, accesibilidad y comodidad para la persona, familia y sociedad. El Perú en estos momentos es un país en busca de un cambio de mentalidad y nuevas formas de desarrollo. En estos menesteres, el editor propietario, Peter Bacigalupi, pertenece al rubro mercantil, y es uno de los más grandes importadores del país.

Peter Bacigalupi nació el 6 de enero de 1855 en New York, de ascendencia italiana, mudó rápidamente con la familia a San Francisco, para en 1881 emigrar al Perú y seguir por la senda comercial. Fue un negociante que se construyó a punto de esfuerzo y trabajo:

“no dudaba en encarar cualquier empresa si era posible obtener beneficios. Tenía una tiende de comercio en la que ofrecía artículos de todo tipo, incluyendo fotográficos y lanzó entonces su revista que llegó a ser importante para el periodismo y la literatura de su tiempo, entre 1887 y 1892.

Todavía no habían llegado los grabados de medio tono y las numerosas ilustraciones de sus páginas eran realizadas por dibujantes expertos, como el conocido Evaristo San Cristóbal.

Publicaba mucha publicidad y promovía, repetimos, la venta de artículos fotográficos para aficionados y profesionales e incluso ofrecía clases gratis a los compradores.

Es ya la época en que llegan al Perú las famosas máquinas fotográficas “Kodak”, de pequeño tamaño, pero no tuvo Bacigalupi oportunidad de pasar de los grabados a base de fotos, a la fotografía periodística propiamente dicha. (sic)(Gargurevich, 2006, p.139-140).

Bacigalupi estableció una casa comercial en el Perú, siendo uno de los grandes comerciantes del fonógrafo y otros inventos de Edison tanto en Estados Unidos como en América del Sur. El olfato comercial de Bacigalupi lo llevó a realizar también esta revista de seria facturación, por eso los intelectuales que obraron en la colaboración y los últimos adelantos en cuanto a materiales y maquinaria, como de ilustradores y litografistas fueron siempre de gran relevancia y calidad:

“Establecido en Lima abre un taller de imprenta y litografía en la calle espaderos 237; este taller contaba con los implementos más modernos de la época. En sus instalaciones nace el semanario El Perú Ilustrado, espacio cultural donde fomenta la litografía; en este ambiente es acogido, en 1888, el litógrafo norteamericano Williams Irving Taylor especializado en retratos. Es durante estos años cuando se vislumbra con claridad en la capital peruana una cantidad mayor de litógrafos que de grabadores…” (Leonardini, 2003)


(Fig. 4) El Perú Ilustrado, 2/01/1892, n° 243

Es por ello, con el avance de la modernidad y el proceso de consumismo que hace alarde el proyecto progresista, es que en las páginas de este semanario van aumentándose los avisos y las páginas de puros anuncios publicitarios; publicidad ilustrada de todo tipo, es más muchos de los productos que se anunciaban, se ofrecían en la tienda comercial de Bacigalupi: Emulsión de Scott, Lotería del Estado de Lousiana, venta de armas, órganos musicales, pianos, tónicos capilares, motores de gas y petróleo, cortador de papel, jarabe para la tos, La Botica Inglesa promocionando curas contra los callos de pie, máquinas fotográficas Kodak, ofrecidos de ingenieros eléctricos o traductores, anuncios para conocer personas, entre tantos otros. “El límite entre la información y la publicidad casi no existe, los méritos del producto forman parte de la nota que acompaña el grabado y un anuncio publicitario, unas páginas más delante, explica cómo adquirir aquellos símbolos de la modernidad o de la elegancia” (Tauzin, p. 145).

El lector es visto de otra manera, no solo para que se informe o se culturice, sino también como un potencial comprador, “la voluntad inicial de estimular la cultura asociando la imagen y lectura fue víctima de su propio éxito pues las ambiciones comerciales se fueron adelantando a la información y El Perú Ilustrado cedió un espacio cada vez mayor a los anuncios económicos” (Ibid, p.149).

Bibliografía

El Perú Ilustrado: 1887-92

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