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YO NO NACÍ AQUÍ...

Yo no nací aquí. Pero nací aquí. Qué hago con las palabras que no intentan ser pasiones. Qué siento de los anhelos o pensamientos vuelos para pasar el día. Vivo aquí. Camino por estas calles alzando cada paso por las calles, por estas calles, mis calles. Salgo a la calle, busco algo siempre o busco a alguien. Solo sé que nunca hallo lo que no sé que busco. Y crecí, sigo creciendo, sigo andando. Pienso. Todo el día pienso. Qué pienso. Muchas cosas pienso, a veces también nada pienso. Solo siento. Siento más lo que me falta que lo que tengo. Agradezco también. Me falta siempre el no tener miedo a acariciar, tener el sentimiento para acariciar, el tacto para tocar. Toco madera antes de que suceda algo. Siento y recuerdo, acariciando otra piel, un fuerte abrazo, pecho contra pecho y mano extendida en la otra espalda. Una caricia en el recuerdo, en el sentimiento, trasladada a otra emoción, a otra sensación, otra piel. Mismo sudor. El mismo sabor. Mis suelas siguen estampando pisadas en el suelo. Miro. Veo. Observo. Como. Me baño cada día. Cada semana me corto las uñas, cada quince las de los pies. Cada par de meses entro a una peluquería –a veces es más. Voy a la farmacia y me receto antigripales. También hablo, a veces, converso, departo con el mundo. Pienso constantemente que también pertenezco a una humanidad. Vivo una realidad. Vivo mi realidad. Trabajo, estudio, corro maratones, fumo un huirito. Aquí fui educado. Aquí, meé alrededor de mi morada. Leí buena poesía. Me enamoré. No. No son unas ideas de letanía. Es vida que se escribe con palabras, la única forma que tengo para contarme. Crearme. Soy. Vivo. Hombre de carne y hueso, desnudo si se quiere, muestro mi alma, así, éste es mi talento, mis tenazas. Atado a palabras. La ciudad fluye. Verde pasa el ómnibus, azul la contaminación de Lima. Mi ciudad, y yo ser contribuyente, de bien si se quiere, al menos trato de esbozar cada día una sonrisa, pero las comisuras de mi boca siempre tiran para abajo el rostro. Serio. Por dentro, un carnaval, un festín, una juerga, desbande, orgía, tranquilidad también. También inocencia, buena fe y buen gusto, lo dicen mis palabras. Nunca creas de más, me enseñan las experiencias, pero sigo recayendo en los mismos pasos. Qué pienso cuando paso, cuando ando. Viajo. Me muevo. Me quedo quieto también. Pero nunca quieto. Siempre rodando. Andando, siempre. Andando siempre. Hombre fuerte, trabajador, me dijo la última vez mi abuelo. Y cada vez que ando en down esas palabras las cargo muy pesadas en la espalda. Las palabras también pueden pesar enormemente. También existen palabras leves, como el viento. Palabras para todos. Palabras para todo. La palabra es el hombre. El hombre es el verbo. El verbo es ser o estar. Ser más alto, ser más guapo, ser más rico. Estar en, estar con. Ese ser pobre hombre. Ser más atrevido. Ser en mayúscula. Estar siempre. Lo sé. No lo sé. Se me vino la idea. Se me fue la idea. Yo vivo. Cada día busco levantarme con el pie derecho. No sentir que no tengo ganas frente al espejo, no engañarme tampoco. Nadar contra la corriente también. A veces seguir una moda si es que hay un buen propósito. Mirar, ver, tocar, observar, escudriñar, andar, caer, llorar, cagarse también no está de más. El error siempre conduce a la sabiduría. Saber. Saber también es no saber. Silencio en el alma. Saber cerrar los ojos, respirar profundo, saber cuándo callar, saber cuándo no decir nada más.

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