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YESSENIA

Con sus manos va recorriendo su propio cuerpo desnudo, se soba sus enormes senos, busca lamer sus pezones pero por casi no llega, pasea su arrechura por su rollizo abdomen, se acaricia su chucha, juega con sus pendejos, se soba el clítoris… pero, ¡Yessenia!, la llama su madre desde la cocina, ¡Ya levántate, muchacha del demonio!, que vas a llegar tarde al instituto, le sigue gritando, entre té filtrantes y panes con mantequilla. Yessenia como que se despierta, suelta su ay, mamaaaaaá, vocifera también que ya va, le da un beso volado al póster pegado a su pared, coge una toalla y se mete al baño. Se sienta en el guáter y mea; qué pesada puede ser la vida, piensa. Se limpia con papel higiénico y lo deja caer al agua; jala la cadena y abre la ducha; con agua bien fría y en invierno, la terma se halla malograda desde hace años y hoy no hubo tiempo para calentar la ollita. Ahora sí que se le pasa completamente la excitación.
Más de una hora en arreglarse, que el jean tiene que estar bien apretado, no este no mejor otro, que más maquillaje, y las formas y colores exagerados, el pelo alborotado, un montón de perfume de mercado, en fin, esta muchacha va a estudiar o a coquetear por ahí, le dice su madre cuando la ve aparecer. Y no le falta razón a la señora, aunque le cueste creerlo, esta chica ya no toma la misma combi de siempre, sino otra que la deja en la casa de la amiga. Toca la puerta, se saludan con un besito en la mejilla, ay oye te cuento, se dicen y así empiezan el día, entre chismes sentadas en la cocina, un ron y un jugo de naranja sobre la mesa, alzan el volumen de la música, llaman por teléfono a la radio, piden su canción favorita y la cantan entre gallos; total, no hay nadie en casa de la amiga, todos salieron a trabajar.
Así se las pasa todas las mañanas y las tardes. Yessenia ya no va a estudiar; solo piensa en su príncipe azul, que puede ser alto o bajito, deportivo o rechoncho, de figurín o de mercado, lo principal solo es la billetera.
Por mientras, aguarda a su galán, toda bien desparramada en un sillón de la sala, con el televisor enfrente, en ascuas por la telenovela de la noche, Yessenia sueña, sueña también con el actor de moda, pero su mamá siempre jodiéndola, que cómo es posible que no tengas tareas, en qué clase de instituto pudo haber metido a su hija… en cambio su padre, solo llega a proferir esta juventud de ahora, y continúa con su trabajito de contador, muy mal sentado en el comedor, de espaldas a la escena, pelado, la caspa en los hombros del saco extendido en un silla sin resortes.
Yessenia no hace caso a sus padres, ni cuando le piden que por favor ahorre, que no utilice más electricidad de la necesaria o que cierre el caño cuando no necesite más agua, porque si le dicen algo del teléfono, ella sí que se empincha, se bravuconea como no tienes idea, el teléfono es su vida y punto. Ah, y si por ahí alguien le menciona que trabaje, aunque sea atendiendo en la bodeguita, ella se siente insultada, menospreciada, ay qué roche, dice, eso sí que no, y suelta su tremendo rollo de siempre, pero ya cuando está sola en su cuarto y nadie la escucha.
Ay, Yessenia, cuándo cambiará, piensan sus padres que ya hace no mucho, hablaron por teléfono con su hermano mayor que está en Mayami para ver qué se puede hacer para mandarla también para allá. Pero Yessenia qué va a ir para allá, si no sabe inglés ni sabe nada de nada, y para que trabaje de lavaplatos o limpiando guáteres, eso sí que no, se malograría las uñas, que tanto le ha costado que crezcan y pintárselas.
Yessenia, qué envidia puedes dar a muchas, porque aunque seas una gordita huachafona y no tengas un centavo en los bolsillos, tus padres siempre te quieren y hasta te crean casi, sino, cómo se explica que llegues al otro día con el cuento de que te quedaste a estudiar en la casa de una amiga. Porque, en verdad, bien que estuviste en una discoteca de barrio, bailando con todo el mundo y tomando todo lo que te inviten, hasta quedar totalmente ebria, tirada en sabe Dios dónde, y abriendo muy bien las piernas.
Ay, Yessenia, qué puta realmente eres. Y aunque seas toda una ruquita de barrio muy bien recorrida, qué bien te pasas la vida, también, haciendo todo lo que te venga en gana; no, Yessenia?

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