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INKARRÍ

Inkarrí es un mito de origen y utopía mesiánica en tono reivindicativo. Cuando el mundo se voltee, como cambio radical, es el acontecimiento dislocante en transposición de un orden a un caos, o viceversa. El pasado pervive en el presente y es además germen del futuro. El tiempo, en esta mitología, transgrede lo impuesto buscando ser contrarrestado por el accionar de un héroe quien es capaz de devolver a su pueblo las condiciones de vida que gozaran en el pasado. Las expectativas indígenas centradas en el regreso del Rey Inca significan el resurgimiento de una nueva era que se concibe hacia el futuro.
Inkarrí es un héroe cultural andino, civilizador y semidivino. El degollamiento de éste es la idea desvalijamiento del patrimonio; bien puede entenderse como el usufructo de los españoles hacia los indígenas, sensación de que les habían robado la cabeza de su dios, su identidad; o bien lo que escondió Españarri y el surgimiento de los degolladores, como política peruana. Pero, a pesar del desmembramiento, el cuerpo se sigue desarrollando, las barbas le siguen creciendo, tiene poder, está vivo. La idea de que el rey se fue pero no ha muerto es un mitologema ubicuo (ejemplo: rey Arturo, Jesucristo, Elvis Presley…) condensado en esperanza mesiánica (liminalidad), símbolo del tránsito de un estado de ambigüedad a un estado definido.
El imaginario cultural andino es dinámico y contradictorio; el mito, como tiempo sagrado o primordial, representa una única realidad trascendente (ritual), aboliendo todo tiempo profano; pues la vida tiene que recrearse volviendo a los orígenes, no puede enmendarse, la perfección solo pertenece a los inicios. El mito nace en el momento en que las concepciones fenoménico-religiosas del pasado, en un principio accidental y disperso, se consolidan en formas concretas, personificadas, adquiriendo así peculiaridades humanas. Así, en tanto héroe mesiánico, Inkarrí no pertenece al presente, sino a un pasado que es futuro, al encarar el orden primordial, el tiempo sagrado o absoluto. La existencia presente de Inkarrí es un hecho característicamente liminal; su poderío está latente aunque su cuerpo esté aún incompleto, de ahí que no se le guarde culto. Cuando se regeneren (cabeza y cuerpo) terminará ese periodo de desorden, confusión y oscuridad que iniciaron los europeos con la desacralización del Tahuantinsuyo, y los hombres andinos (los runas) recuperarán su historia. El pachakuti que la conquista provocó ha invertido el mundo: lo alto está ahora abajo, y subterráneamente, la gran cultura quechua, está juntándose en preparación para su renacimiento. Los relatos legendarios funcionan, en este sentido, como un mecanismo de resistencia étnica y social.
La mayor felicidad a la oralidad siempre ha consistido en la adaptación de cualquiera de sus elementos (orales propiamente dichos, temáticos, corográficos, proxémicos, etc.) a las circunstancias siempre cambiantes de cada nueva enunciación. Es por eso que los mitos varían temáticamente en cada región pero no en su estructura. En medida que el presente cambia, también los mitos se remodelan. En Inkarrí, el pasado mítico y el futuro a la vez que configuran el presente (es decir, el presente se estructura a partir de un pasado –mítico- que lo explica, le da origen; y de un posible futuro –mítico también- que le pondrá fin) responden a las necesidades o intereses del mismo presente. Tanto pasado como futuro se oponen al presente, cumplen una función antagónica que le da coherencia al tiempo actual, que transcurre.
Para la antigüedad, el tiempo se hallaba estructurado en una división quinque partita (cada 500 años se desplazan los meridianos magnéticos de la Tierra. La Tierra es un gigantesco imán con una línea de fuerza muy definida que da la vuelta por todo el mundo. Esta línea de fuerza se representa por el Ecuador magnético, que resulta de la mayor cantidad de magnetismo emergente de la Tierra. Especialistas concluyen que ahora esta zona es el territorio peruano, más precisamente la zona Andina, por ser los Andes conductores de electro-magnetismo y poseedores de una gran acumulación de metales y minerales). El pasaje entre dos edades era denominado pachakuti (“inversión del mundo”): tiempo de grandes transformaciones, tiempo de destrucción, de desolación y de restauración; ejemplo, destrucción de las Indias y la Conquista española. Ante esto, un acontecimiento como posible origen del mito puede situarse en 1572, con el decapitamiento de Túpac Amaru I, y reforzándose a su vez en 1781, con el descuartizamiento de Túpac Amaru II. En la actualidad, la búsqueda de una auténtica unidad y el equilibrio entre los mundos del día y de la noche (como en el pasado) lleva al pasado Presidente de la República a autoproclamarse como el nuevo Rey Inca, quien ha de retornar el orden a la profunda división entre una sociedad modernizante, económicamente dominadora y los descendientes de las antiguas sociedades peruanas. Pero todo queda como parte de la libertad en la interpretación y ligazón de los mitos a sus mejores conveniencias. Qui potest capere, capiat; non nova, sed nove.

2 comentarios:

Juan Carlos dijo...

la primera imagen, la del Ekeko, no corresponde al mito de Inkarri, sino al mito tiwanacota de tunupa y que adquirio esa forma luego del cerco indigena a la ciudad de La Paz (Bolivia) propiciado por Tupac Katari. (Juan Carlos)

Jorge Luján dijo...

Muchas gracias por la apreciación, Juan Carlos. Las imágenes son solo de acompañamiento.

Saludos cordiales

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