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PERRILLADA

El Chato ya me había pasado la voz y justo en ese momento, después nomás del almuerzo, Chincha, Luchivos, Javi y Mañosín me fueron a buscar para lanzar un desengrase. Chapamos un taxi todo apretados y nos fuimos a Roca y Boloña, en Miraflores. El día anterior una chica se había presentado a la recepción del hotel donde trabajaba el Chato y le entregó una tarjeta de invitación a una parrillada. Llegamos a la casa, tocamos el timbre, todo se veía muy tranquilo, el barrio residencial, salió un negro con un ojo de vidrio, arrastraba un pie de lo cojo, y nos dijo que volviéramos dentro de un rato, que recién estaban prendiendo el carbón, y por su tras se acercó una huevona y nos pidió por favor que volviéramos, que no nos fuéramos. Al toque empezamos a alucinar, Luchivos dijo que había visto a otra huevona más por la ventana, la huevona que había salido estaba buenota, unas piernazas, una mini chiquitita, unas tetazas, sin sostén, pintada como puta, Luchivos también dijo que había distinguido varias habitaciones, como siempre bien sapo, y entonces la gente empezó a alucinar más, y el negro de hecho el caficho. Cruzamos la avenida y en una tienda compramos un ron y una Coca Cola, nos fuimos a sentar en una banca del parque Tradiciones, fumamos también unos joints, cuando pasó por ahí Michelón manejando y lo paramos en una, le contamos y exageramos la historia; por supuesto se quedó con nosotros. Si nos lo hubiesen contado o alucinado que así iba a ser no lo hubiésemos creído. Cuando acabamos el trago volvimos a tocar la puerta, y ahora sí se escuchaba música, voces, bulla, el negro volvió a abrir la puerta, pasamos, nos recibió otra huevona, nos preguntó de qué hotel éramos, pues se supone que todos éramos recepcionistas o botones o jefes de algo. El humo de la parrilla nos fue conduciendo a todo el ajetreo al fondo en el jardín, puras risas, labios pintados, minifaldas, tacones altos, piernonas todas, puro escote, tetonas, culazos, nuestras risas se alegraron aún más, las miradas brillaron y las hormonas se entusiasmaron bastante; el negro tuerto aireando la parrilla con una chata. Una huevona se nos acercó, linda y sonriente, llamó a otra amiga más, la gente no paraba de recorrerlas con la mirada, con las ganas, las desvestíamos en alucinadas y mirándonos el uno al otro nos reíamos en complicidad. Habían otros patas más por ahí, junto también con otras chicas; la música estallaba por los parlantes y recorriendo la vista por toda la casa me fijé en unos dibujos animados pintados en las paredes, las habitaciones que había visto Luchivos me di cuenta que eran salones de un jardín de infancia, pues hasta colgaban cortinas de superhéroes en las ventanas. Todas eran putas riquísimas y no dejábamos de sentirnos realmente en el paraíso, por eso nuestra sonrisa estampada de oreja a oreja y la mirada iluminada. La parrillada era para promocionar sus servicios vip a los recepcionistas hoteleros, porque son ellos los que las contactan cada vez que un turista lo solicita. Decidido, de ahí no nos moveríamos. Compramos las primeras cervezas y cada uno competía por acercarse más a alguna de ellas, conversábamos de cualquier cosa, de trabajos mentirosos que solo el Chato sí tenía, se dejaban tocar, acariciar, ellas también coqueteaban con confianza, la risa salía muy fácil, seducción en todo momento, se mojaban los labios y solo las mirábamos con arrechura, ya hacíamos planes para ir a comprar unos falsos, pero una de las chicas nos dijo que acá también vendían coca, llamó a una chata bien machona, la mami, que de un canguro en su cintura nos sacó unos paquetes, y entonces más y más cervezas. Felices, por supuesto, recontra contentos. Pero a la primera que salgo del baño me encuentro en el pasillo con unos uniformados (un policía rodeado de un par de serenazgos), caminaron hacia el interior y el jardín de repente se quedó mudo, la humareda era de una parrillada de marihuana, por detrás de ellos vi a Chincha que se aguantó el humo en sus pulmones y soltó el bate bien caleta, los oficiales conversaron con la mami, Es una reunión familiar, jefe, una parrillada entre primos, les dijo con una sonrisa, todos los demás los saludamos en coro, Bajaremos el volumen un poco, no se preocupen, y con un gesto se acercaron un par de chicas y se los llevaron a la sala, y ahí nomás continuó de nuevo la música y empezó el puterío. El primero en atenderse fue el Chato, contentísimo y con una gordita blanquiñosa y simpaticona, salió y ahí nomás siguió Luchivos, y luego todos los demás. Ja, qué buena. Las escenas fueron como éstas: sentado en alguna silla y encima mío una puta que me abrazaba y yo que le jalaba una línea de coca de una de sus silicioneadas, el Javi y el Chincha dándole de fumar a otra y arrinconándola entre manoseos, Luchivos de nuevo en otra habitación, Michelón floreando para que le rebajen, el Chato comprando otro falso, y los demás grupos de patas en acciones parecidas, y entre todos reinaba una cordialidad sumamente caballerosa. Cuando se hizo de noche las putas nos invitaron a pasar a la casa, nos pidieron que compráramos los platos de anticucho pero con la dureza difícil pedido, preferimos apoyarlas más bien con más cervezas y todo los demás servicios. En eso, estando todos en la salsa apagaron la luz y los hombres desfogamos en aullidos, pero se hizo una luz y una chica habló por micrófono, unas breves palabras de agradecimiento y luego el show. Unas canciones más perronas, pocas luces, muchas sombras y striptís. A mí me escogió una de las bailarinas y me sentó en una silla en medio, alrededor puros arrechos y prostitutas en chamba, una canción de espectáculo de burdel y ella hizo su coreografía, me colgó sus plumas en los hombros y jugueteó conmigo, me dejó huevón, se sentó de espaldas y dejó que le sacara el brasier, me puso el culo en la cara y le saque el calzón de un mordisco, se dejó acariciar por todos lados, manosear con ganas, le sobé sus pezones y sintió que andaba todo el palo cuando fingió un orgasmo sentada encima mío. Lógico que la seguí para buscarle un polvo. Así, entre durezas, chelas y putas nos fuimos cagando de risa cuando el Chato se metió con la más alta de todas, cuando Luchivos se quedó pegado a una y no dejaba que nadie se le acercara (ya había ido dos veces con la misma), cuando Michelón metía puro floro para que le cobraran todo más barato, las fosas blancas de todos, o cuando Chincha no llegaba para completar la chancha y la gente no le quería soltar ni un sol, todo era puras risas, contagiosas, encantadas, hasta que ya con el avance de la noche se va viendo todo entre nublados, los humores también cambian, la reunión fue bajando de intensidad, faltaban las cervezas, la mami se había quedado ya sin cloro, y entonces como a la medianoche decidimos ir a comprar unos sánguches para la bajada, regresamos todos apretados en el carrito de Michelón hasta La Marina y de vuelta al parque, nos estacionamos en la bodega de la esquina, compramos más cervezas, mandamos a comprar unos falsos, y en eso nos encontramos con el gordito Culón que nos estaba buscando dando vueltas en el auto, entre risas y alucinadas le contamos puros detalles verdaderos. ¿Y qué hacemos aquí?, nos pregunta, ¿Por qué no nos vamos?, y le explicamos lo que pedíamos por la dirección del lugar, ¿Qué? ¿Ese es problema? Y feliz compró un par de rones, un par de cocacolas, mandó a comprar un par de falsos más, y nos dividimos en los carros para volver a Miraflores. Cuando regresamos y llegamos con las cosas, empezó de nuevo la fiesta y el puterío. Solo recuerdo que volví a casa ya de día.

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