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REENCUENTRO

Antes que timbrara el despertador lo apagué para no despertar a Rebeca, esa noche no había podido dormir por estar pendiente del reloj. Me levanté, fui al baño, me puse un jean, un polo, le di un beso a mi mujer; abrí la habitación de los niños y los vi echaditos durmiendo; cogí las llaves del auto y salí para el aeropuerto. Coqui llegaba a las cuatro de Londres y Nando a las cinco de Miami.
Puta no nos veíamos hace años, y la emoción del encuentro fue extrema. Coqui había estado casi diez años fuera del país, regresaba con una maestría en Madrid, un doctorado en Londres, y un destacado currículum en los principales bufetes de Manhattan. Nando había estado siete años en La Florida, ya estaban para darle su green card, cuando lo deportan justo yendo para su boda, un policía lo detiene por excesiva velocidad, se hallaba ebrio, en drogas, no lo dejaron casarse con su gringa, y cuando revisaron su historial, hummmm, asu!, y encima perucho, come back home, man, no le ligó ni el decir que todo era una persecución política y a los pocos días nomás apareció en el Jorge Chávez con una anchísima sonrisa, todo barbudo y pelucón. Era la primera vez después de mucho tiempo que nos juntábamos los tres: el primero en llegar fue Coqui, y a los tres cuartos de hora nomás aterrizó el vuelo de Nando. Salimos del aeropuerto cuando el sol amanecía, fines de abril y aún el verano no deseaba marcharse. Todo era pura alegría caminando por el estacionamiento yendo para el carro, muchas risas nos sucedían por la memoria, nos abrazábamos, nos reíamos:
- Oe y? –me preguntó Nando guiñándome un ojo.
- Y ra! –contesté con una sonrisa- Tú qué crees.
- Por favor! –Coqui- El director del periódico más influyente del país, mínimo, una de cien cocos el joint, no?
Nos cagamos de la risa, meto la mano al bolsillo, saco las llaves, y bipbip, desconecto la alarma de la camioneta, y Nando:
- ¿Qué? ¿Esto conduce el dueño del diario más leído del Perú? –y señala la Prado polarizada.
- Perfil bajo –respondo- Y anda aféitate nomás…
- Foto foto foto! –de repente Nando, saca una cámara de su mochila y se la alcanza al lavacarros para que nos tome un recuerdo: abrazados y contentísimos.
Salgo por la Faucett y pongo Iron Maiden.
- Manya! Sube sube, huevón! –grita- Alucina que los fui a ver en un concierto en Miami –nos cuenta emocionado- Llegué hasta primera fila.
- Yo los vi en Bogotá el año pasado –cuento- También, en primera fila.
- Y yo este año en Londres –nos caga Coqui- En Leyton –y nos sonríe, con sus Ray Ban- Pogueando con puro fuckin’ hooligans headbangers. Oh, first place, too.
- Oe ahí en la guantera hay una latita negra, abre y prende, por favor –le digo cambiando de tema por picón, que muy solícito realiza con minuciosidad y verdadero entusiasmo.
- Mmmmm –olfatea Nando desde atrás- Perdón, perdón, por favor, no dije nada antes, eh –se excusa.
- Vamos a tomar un desayuno –propongo, mientras Coqui le da una gran aspirada, se aguanta bastante el humo, quiere toser, ya no puede:
- Está buena, ah! –me dice, se atora y se echa a toser hasta quedar reventadazo- Puta madre! –y trata de encontrar su aire poco a poco, rojo, se saca sus lentes, sigue tosiendo, lacrimoso, pero sonriente, las venas en su cuello, y se lo pasa a Nando.- Puta madre qué mierda es eso –me pregunta- Está buenaza, yo también quiero lo mismo –me dice; y luego:- De ahí puedes irme a dejar a mi depa, por favor. Quisiera estrenarlo -y pues el tiempo que él estuvo en el extranjero, se compró un departamento en el malecón de Miraflores y lo fue amoblando poco a poco con los muebles que iba mandando cada cierto tiempo y sin apuro, y yo contrataba a una decoradora.
- Tú qué crees, que este huevón ya no lo ha estrenado –dice Nando y nos reímos- Oe, a mí me dejas con mi viejita –me dice, y Coqui:
- No, huevón, te quedas en mi casa.
- No, de verdad, déjame donde mi viejita nomás. Ya saben, el viejo está precioso, y no hay nadie ya en casa –y se queda mirando la Costa Verde por la ventanilla.
Unos panes con chicharrón y chicha morada en el Palermo de Miraflores, y luego fui a dejar a Coqui en su nuevo departamento y subimos un toque a chequearlo.
- Está de la puta su madre! –exclamó Nando- Te felicito, mi bróder- y le dio un abrazo, y mirándome:- Como decoradora la haces regio –ironizó.
El depa es un pent-house en el Malecón Cisneros, vista exclusiva con piscina frente al mar.
- Habrás cambiado las sábanas, no huevón? – me preguntó.
- Claro, pues, mi bróder –le contesté- Caballero nomás, se clausuró mi bulín.
- Aunque si vienes con una más, te abro las puertas cuando gustes, mi hermano.
Luego fui a dejar a Nando hasta Rinconada del Lago.
- Oye, y has avisado? –le pregunto.
- ¿Qué? ¿De que llegaba? –me dice- No. Será sorpresa.
- Suave con las emociones fuertes, tu viejita puede acelerarse –le aconsejo.
- No te preocupes. Será una agradable sorpresa.
- Sí, de hecho.
Llegamos, mira el letrero de Se vende en la casa, bajamos, le ayudo con su maleta.
- Uy, ahora la que se viene –me cuenta.- Se vende la casa para ayudar a los viejos, pero… ya sabes, la casa es grande, somos varios hermanos, demasiados intereses, y hay otras propiedades también.
- Algo de eso me estuvo contando tu viejo el otro día –le dí la mano despidiéndonos.
- Oye, gracias, de verdad –y él más bien me acercó para abrazarme.
- ¿De qué? –le pregunto.
- Por ir a visitar al viejo al penal cada fin de mes –y me dio un beso en el cachete- Gracias, mi bróder. Gracias, de verdad, eso se siente en el alma, sabes. –lo vi muy emocionado, Nada huevón, tu viejo es mi tío- Nos vemos más tarde.
- Sí, de todas maneras. Tengo que ir al trabajo, hoy es viernes, y puta mañana tengo un almuerzo de negocios y en la noche una cena de beneficio, y no sé qué mierda más. Búscame cuando te desocupes –le dije, y arranqué para el periódico.
Mientras conducía para el Centro de Lima fui pensando muchas cosas, recordando también; medité sobre las cosas que tiene la vida, sorpresas te da la vida, dice exactamente Blades. Nos conocemos desde chibolos, estudiamos juntos, nuestros viejos son amigos, parábamos todo el santo día de arriba para abajo solo los tres; cuando jugábamos pelota siempre escogíamos estar en el mismo equipo, corríamos tabla juntos, los veranos las pasábamos de playa en playa, hemos viajado a todas a partes, nos hemos drogado también, bastante, nos hemos peleado por supuesto, y hasta nos hemos tirado a la misma hembra, es más de chicos cambiábamos enamoradas.
El papá de Coqui es un empresario minero, ahora un tanto retirado de los negocios, porque las empresas las dirige ahora Anastasia, la hermana de Coqui, una mamacita hijaeputa en los bisnes, y Coqui es el presidente; o sea, nada se hace sin su firma; bien pendejo como siempre este huevón; abogado, pues; también lleva todas mis cuentas con la máxima confianza; el tío George hasta ahora se halla bien parado y conservado, se junta con mi viejo los lunes en el Country, los miércoles juegan en el Terrazas, y todos los jueves religiosamente visitan al tío Antonio en el San Jorge. El viejo de Nando está preso por vínculos con el gobierno de Fujimori, llegó a ser ministro de Economía y también de Producción, y felizmente ya prescribe su pena el próximo año; de todas las empresas que tenía solo le quedan unas cuantas, una siderúrgica recién clausurada por la Sunat, una pequeña imprenta y unas propiedades de donde la tía Coco tiene que cobrar para sus gastos mensuales, porque todo lo demás tuvo que ser vendido para pagar juicios, deudas y enfermedades. Y ahora la tía tmabién anda un poco delicada de salud, los hermanos de Nando –mayores todos: Antonio, Sofía, Enrique y Pablo- cada uno tira para su lado, esperando solo que se repartan los bienes –cosa que Antonio y Enrique ya lo solicitaron por vía legal. Mi viejo, por su lado, dueño de un periódico, llegó a ser senador hasta el último congreso bicameral en el país, se retiró por honradez, como dice él, luego de la disolución del legislativo en el 92, y se lo repetía cada vez que podía al tío Antonio en su época fujimorista, y de ahí se dedicó solamente al periodismo. Desde hace un par de años me ha dejado la batuta del diario.
Estuve en el periódico arreglando algunos asuntos, pero desde ya me sentía intranquilo, con una rara angustia de entusiasmo, de susto, de malicia, estaba en planta con el pul de editores resolviendo unos temas de colores y solo pensaba en esos huevones y en qué hacer más luego, me sentía contento de estar nuevamente reunidos. Con Rebe ya habíamos conversado que este fin de semana iba a estar con mis amigos, primero había sido Coqui quien me había hecho partícipe su vuelta a la patria, Nando más bien avisó un día antes que llegaba la misma noche así de pura casualidad. Esta noche los invité a la casa, para compartir con la familia; Rebeca conoce a los muchachos, pero solo Coqui conoce a mis hijos –es más, él es padrino de bautizo de Alejandra, la mayor. Por eso he querido cenar en casa, y ya después salir un rato los tres, fumar unos joints, tomar unas chelas, dar unas vueltas por Lima, y por eso también seguro porque sabe como somos, Beca me pidió que pensara en los chicos, que no tomara tanto, que tenga mucho cuidado al manejar, que mejor era tomar un taxi, pero bueno, una a las mil, ella sabe también como soy, fumo mis joints bien caleta, y cumplo creo que muy bien mi función de padre de familia, además no me la pego desde hace muchísimo tiempo, así que pienso que me la merezco, no?
- Un momentito, por favor, ya vuelvo –les dije a todos en la reunión, y me fui para la oficina, hice una llamada- Aló, qué tal doctor, cómo está, qués de su vida. Cómo es –muy apresurado- Unos cincuenta gramitos, por favor –y ya sentía el primer pedo- Ayayay, señor, la alita de ángel, la caspa de Atahualpa, la que mató a Tony Montana, esa misma. Ah, un favor, podrías entregármela ya cernida y de paso separarlo en tres, también; te pago por estos servicios extras, no te preocupes. Oka, muchísimas gracias. Nos vemos entonces –colgué y entré al baño a cagar.
Cuando me trajeron la vaina me metí un tiro para probar. Bueno, dos tiros. Estuve un poco inquieto dando unas vueltas por ahí, revisando papeles, escuchando propuestas, pero luego dejé algunas directrices, apagué el nextel, y me fui a almorzar a casa; pero antes me fumé un bate para que me bajara un toque. Está bravaza esa huevada, y lo mejor que se puede comer sin mayores muecas y sobre todo departir. Almorcé con los niños que volvían del colegio, apagué también el blackberry, les ayudé a hacer sus tareas, los dejé entretenidos en sus juegos y computadora, y luego le enamoré a mi mujer para hacer el amor.
Nos despertamos cuando empezaba a oscurecer el día, quise otro ella también, pero La cena, me dijo, Ahí están las chicas, le digo, Sí, pero quién la prepara, quién las dirige, me dio un beso, se levantó, se puso su ropa interior, una bata y salió para la cocina a ver la cena. Me di una ducha con agua fría y cuando salgo del baño, me encuentro con mi pequeño hijo queriéndome mostrar sus dibujos y tratando de pintar las paredes, lo cargo y lo dejo encima de la cama, le alcanzo más papeles para que no pinte la cama con sus crayolas, mientras me voy vistiendo y él me va observando, yo lo observo, nos reímos, pinta y yo me alisto.
Salgo a la cocina con Jesús en brazos y Ale está ayudando con la cena a la mamá, las chicas de un lado a otro cuidando que nada se le caiga a la niña, Rebeca me da de probar de una cuchara, el bebe también quiere probar, le mete su sorbito, Ale también coge su cuchara y pide ayuda para meterla a la olla, quiere que su papá la cargue, una de las chicas extiende sus brazos para coger al bebe, y la levanto para que ella también pruebe. Ya está casi listo: de entrada tres variedades de causa rellena: de pollo y palta, camarones en salsa blanca y de pejerrey y champiñones en salsa amarilla, de fondo lomo saltado, ají de gallina (que eso es lo que le gusta a Coqui, dice mi mujer) y mondonguito a la italiana (como pidió Nando cuando Rebe me hizo llamarlo en la mañana para saber qué cocinarle, y él para salir del tema me contesta eso), humitas y tamales para degustar, y de postre, helado de lúcuma y picarones (que una de las chicas aprendió a cocinar muy bien la última cena la semana pasada). En ese momento tocaron el timbre, Rebeca huyó corriendo a ducharse y yo me quedé con los niños. Era Nando, limpio y afeitado, totalmente otro, traía un Chivas, un ramo de flores para mi esposa y unos regalos para los chicos, se los presenté y se abrazaron con mucho cariño; y mi amigo no dejaba de halagarlos y de felicitarme.
- ¿Y Rebe? –me preguntó.
- Acaba de entrar a la ducha –le dije.
- Bien, eso nos da un relajo entonces, no? –y me sonrió.
Alejandra se entretuvo con la muñeca que le trajo su tío y se fue a jugar a su habitación, Jesús más bien no se despegaba ni de Nando ni de su auto que le acababa de regalar.
- Vamos, my friend –le dije- Acompáñame.
- Yo no conocía tu casa, huevón –me dijo mientras cargaba al bebe- Se ve grande y se ve de la puta su madre.
- Ah, verdad, no, huevón, que recién la conoces –me quedé pensando rápidamente- Puta madre, siete años chuchatumare que te has ido, no? Qué rápido, carajo! –me admiré- Ven, que te la muestro.
- Primero muéstrame tu ganja y luego le damos su chequeadita, qué tal? –y me guiñó un ojo el tremendo fumón.
Lo llevé al estudio, abrí la ventana al jardín y encendí un incienso y el ventilador, fumamos un joint, mi hijo jugaba por todos lados, inquietazo, movedizo y hablando en su media lengua:
- ¿Este de Jesús qué tiene? –me preguntó y los dos nos reímos, y el niño también- Ya veo que nos vamos a llevar muy bien, mi sobrino –le dijo. Y me preguntó:- Oe, qué? ¿Con él nomás legalizas? Ni Rebeca ni Alejandrita saben…
- No huevón, ni cagando. Aunque Rebe sí sabe, solo que se hace la huevona; ya pues tantos años de casados vamos conociéndonos nuestros vicios, también; cumplo mi papel de padre de familia y profesional todo muy correctamente, no tengo amantes ni adicciones (solo el vicio de la ganjita); ella en sus cosas y yo en las mías, y nos llevamos muy bien, me siento muy bien con ella ahora último cada vez más, creo que estamos teniendo un buen matrimonio –me confieso con mi amigo: Manya, qué bien, my fren!, me dice y me da un abrazo, Te felicito, de verdad, porque te quiero como mierda mi hermano, tú lo sabes. Y cambiando el tema le cuento:- Y ya no curseo delante de Alejandrita desde la última vez que subiendo al auto yéndola a recoger de su colegio me dice, Papá huele a Bob Marley, y yo, Sí, mi amor, es el nuevo aromatizador que viene con el cidí –y nos cagamos de la risa todos, O sea que madre e hijas igualitas- Sí, huevón –y le sigo contando:- Se ha vuelto recontra preguntona, el otro día me dijo, Papá, por qué tienes tantos encendedores si tú no fumas cigarros, y yo, Es para el incienso, mi amor, y desde ahí me he vuelto habitual al nagchampa –y los tres de nuevo nos cagamos de la risa. Salimos al jardín de atrás, jugamos con los perros, un par de labradores que se entienden muy bien con mis hijos.
- Oe y la señorita Benavides? –me pregunta.
- Hablamos un toque antes del almuerzo, pero ya sabes cómo es, y ahora todavía más internacional, uy cómo vendrá, ya me imagino…
- Toda una lady Coqui –y estallamos de la risa.
Le mostré la casa, y el niño caminaba abrazando un dedo de su tío, nos fuimos a la sala y nos servimos un pisco, Ale también nos acompañó, trajo un libro, su muñeca, y se sentó a pintar a mi lado, en eso justo nos llama Coqui que solo quiere preguntar que qué trae, Nada, vente nomás huevón, y nos dice que en diez minutos llega, y como ya lo conocemos de hecho que es una hora y más. Vamos a la cocina porque Nando quiere preparar un pisco sour, y en ese momento sale Rebeca, preciosísima, fresca, etérea, me siento más enamorado en momentos así, cuando el amor lo vuelve a uno estúpidamente en el mejor estado, un tanto saludable, incitado mejor dicho, se saludan, Nando le entrega el ramo de flores, y siento la alegría en la casa, las sonrisas de todos, de ahí Rebeca quiso preparar otro pisco sour con la ayuda de Ale, luego yo uno junto con Jesús, y en eso tocan el timbre y llegó Coqui con una serie de bolsas, regalos para todos, mismo Navidad, y es que desde el par de años que tenemos viviendo en esta nueva casa no había sentido tanta alegría, se me vinieron los recuerdos de cumpleaños de cuando éramos niños, Coqui se puso el delantal y preparó el cóctel con el pisco que él trajo, un Biondi D’Colección Inka (también había traído un Sipán y un Wiracocha, como les gusta a ustedes, nos dice). La competencia pisquera no llegó a ningún acuerdo porque cada uno quiso imponer su mejor elaboración, además Coqui de picón adujo que no pudo degustar de los cócteles anteriores. Pasamos para el comedor y cada uno llevó algo a la mesa, medio movidos, muy contentos, todos nos pusimos a ayudar, y hasta Jesús se fue llevando las servilletas a la mesa, Nando le quiso alcanzar un pisco al regreso, pero Rebe le quitó la botella en la entrega, me dio un beso cuando paso por mi lado y me contagió más su sonrisa, su mirada que ya la veía chispeante, Coqui me hace una mueca y le contesto Yo mismo soy, y sonreímos, ¿Quieres?, le pregunto mostrándole la botella pero captando muy bien otra cosa, No, más luego, me contesta, y Nando que también nos sigue la línea, nos miramos y Primero a comer, Ok, sí, mejor.
Pasamos una bonita velada, en familia, recordando, riendo en todo momento, disfrutando, departiendo, compartiendo entre todos. Luego de cenar pasamos a tomar unos tragos en la sala, ahí sí cada uno me pidió mi cariño y atención y con eso fuimos pasando cada uno al baño sin que mi mujer se percatara del fin. Y cuando los niños ya fueron quedándose dormidos en las faldas de su madre, Rebe se despidió también muy cansada, la ayudé cargando a Alejandrita, y cuando ella se fue a acostar, me dio un beso y Pórtate bien, quieres, me pidió con cariño.
El último Biondi lo llevamos a la biblioteca, roleamos un bate, música a medio volumen y lo fumamos en el jardín. Luego entramos y nos sentamos a tomar unas copas, saqué los tres paquetes (paquetazos!!!) y los dejé encima de la mesa para que cada uno eligiera. Y como dos rapaces ante la carroña, al toque se lanzaron a abrir, observar, ojos de plato, índice y pulgar sobándose y desapareciendo toda evidencia brillante, un suave olor a etanol, tarjeta de crédito (Nando dorada y Coqui platino) y peinando con entusiasmo para degustar. Mientras conversábamos poniéndonos al día de nuestras vidas, alucinándonos y jodiéndonos entre anécdota e historia, los observaba, cada gesto y primeras arrugas en sus rostros, más atrás de nuestras risas, lo que vestíamos, lo que hablábamos, cómo hablábamos, qué opinábamos, pensaba cada cosa. Me pensaba. Seco y volteado, y destapé mi dureza, me serví otra copa, y se acabó la botella en últimas gotas.
- Uy, el que la seca la llena nomás compadrito –me dice Nando, y yo, Ya qué quieren, pidan nomás, la seguimos acá o nos vamos a otra parte; por alcohol y ganas no hay problema- Ayayay –contesta él mismo- Creo que podría quedarme fácil muy cómodo en tu casa con todas las atenciones, mi bróder, muchas gracias, pero como que es la primera noche en Lima, y sigo siendo soltero –Ayayay, añade Coqui, Yo apoyo la moción del señor fiscal, señor juez de la treeemeeenda corte; y de paso, propongo un especial de la casa claro si me permite el señor juez de la treeemeeenda corte, no sé pues, qué sé yo, un moqueguano tal vez, o un iqueño acaso – Ayayay, el peruanismo invade mi pecho, la lisura destila por mi labia y la coca florece en el Huallaga –nos reímos de los disparates, voy al bar y escojo unos muy especiales de Lunahuaná y otro de Cañete, unas copas, les entrego todo para que vayan saliendo al garaje, fui a mirar a Rebe, dormía, me acerqué un poco para acariciarle un pie, subirle la colcha sobre sus hombros, no quise acercarme más por el tufo que emanaba, cogí un abrigo, cerré la puerta e hice lo mismo con los niños, cogí unos cabanosis a la pasada de la cocina, un click al control remoto del portón y:- Ya hablé con ella en la tarde –iba contando Nando sobre su gringa- Dice que va a venir, que tiene que atender unos asuntos allá y toma su vuelo para the land of the Inkas, my honey.
- ¿Qué? ¿Quiere casarse todavía?
- Sí.
- ¿Acá?
- Ajá.
- Manya achorada la gringa, quiere dejar todo y venirse para acá porque tú ya no puedes regresar… -opino- Hay su filin, my fren, ah.
- Loca la gringa conchadesumadre –y se caga de la risa.
Salimos por el Derby, Coqui sacó un USB y lo puso en el estéreo, Hot for teacher y la palpitante batería de Alex Van Halen, y luego la guitarra rapidísima de Eddie, atrás Nando prendía un joint, Coqui encendía la luz para meterse otros tiros, y pensé: nadie ha cambiado, seguimos igualitos, pisé el acelerador: el Polo, Casuarinas, Buganvillas, Jacarandá, puente Benavides, directo por toda la avenida, hasta Miraflores, dando unas vueltas por todas las calles, pasando despacio por los diferentes locales, no queríamos bajar, seguíamos nomás conversando, tomando, contándonos nuestras cosas, nuestras experiencias de vida, riéndonos de los recuerdos, jodiéndonos, alucinando, Smells like teen spirit ahora como fondo musical, Nando abrió su falso, me invitó un par de tiros en una luz roja, fuimos entonces para Barranco, conversábamos ahora de amores, dimos unas vueltas, seguimos de frente hasta Chorrillos y nos detuvimos en La Herradura; cada uno sacó su bolsita de coca y luego bajamos a alucinar el mar fumándonos un jointsazo.
- ¿Y a ti? –me preguntó Coqui- ¿Cómo te va en tu vida matrimonial? ¿Eres fiel? ¿La pasas bien? ¿Tu mujer te maltrata?
- De hecho que estoy bien, me siento muy bien –llenándome los pulmones de marihuana y brisa marina- Estoy bien, tranqui –les conté, y le pasé el bate- bien hogareño, y lo mejor es que me gusta. Me encanta estar con mis hijos y estar con mi familia. Y sí, estoy enamorado de mi mujer. Tenemos buen sexo, y ahora último cada vez más con cierta regularidad. Aunque no quiere decir que no tenga mis salidas por ahí –me confesé.
- Mira ve –Nando- Y yo que pensaba que eras un amigo totalmente correcto.
Y los tres nos reímos.
- ¿Y tienes una amante? –me preguntó bien sapo.
- Ya pues compare’! –le respondo riéndome, mientras Coqui le pasa el joint a Nando- No ni cagando, mucho compromiso, tengo familia. Solo de vez en cuando algún night club en cuestión de negocios por ejemplo, congraciándose con los clientes, o si sale un affaire por ahí y se presta, bacán.
- ¿Cómo cómo? –captándola Nando.
- ¿Cómo qué? –le digo.
- ¿Cómo es? –me dice- ¿Affaire? –repite y nos cagamos de la risa por la burla.
- Ya pe compare’! –le digo nuevamente- Y a ti, ¿cómo te va mi bróder? –le pregunto entonces.
- ¿Qué? ¿Con la gringa? – y me devuelve el bate.
- Claro, pues. ¿O hay otra?
- Mujer siempre hay –nos dice riéndose, arrojando recién el humo- Pero la oficial es la gringa, pues.
- ¿Qué? ¿Por papeles? –pregunta Coqui.
- Ya no ya…
- ¿Qué? ¿Ya no ya? –y me atoro de la risa.
- Al principio sí. Lo reconozco. La gringa está bien buena, eso sí, miss Ohio o algo así.
- Por el Ohio le habrás dado…
- Yala… -y nos reímos- Es loca. Bueno, les cuento. Dejen contar pues chuchasumares –y seguimos con la burla; le paso el joint a Coqui nuevamente- Al principio me enamoré por su grincar eso sí, lo admito, pero luego poco a poco, ya conviviendo y pasando más cosas juntos creo que nos fuimos enamorando. Y bueno, justo en la locura para casarnos en un viaje a Las Vegas, nos habíamos estado pichangueando en el motel…
- Ay qué raro… -y nos reímos.
- Ya pe carajo!
- ¿Ya pues qué pasó?
- Justo salgo a comprar un Daniels para el brindis y unos Winston ya para irnos al altar. Por imbécil y por duro me la doy de Fast and Fourius y le meto la pata con todo por angustiado también porque quiero meterme más tiros que había dejado en el motel… y en eso, unas sirenas de policía, puta madre!
Estallamos de la risa. Coqui le pasó el bate a Nando.
- Bueno, ya conocen la demás historia. Hoy que estuvimos hablando por teléfono en la tarde me contó su idea que está viniéndose en unos días para casarnos, y mudarse por acá si es que no puedo volver allá; pues le he contado también que acá existe Azángaro Aveneu donde todo se puede legalizar de forma correcta pero de manera chueca.
- O sea, que tenemos boda.
- Bueno, así parece, no?
- Y hace cuánto que se conocen –le pregunto.
- Hará tres meses, tal vez unas semanas más…
Y no paramos de reírnos con Coqui. Luego lo quedamos mirando a él, mientras me quería devolver la pava pero seguía fumando y aspirando y llenando sus pulmones.
- ¿Y yo? –se rió- Ustedes ya saben, siempre les escribo por mail…
- Cuenta pues huevón.
- Es española, la conocí cuando hice la maestría en Madrid, luego me fui a New York, , de ahí el postgrado en Londres, y hace unos meses nos hemos reencontrado allá y…
- ¿Y?
- Que una vez por mes viaja a Londres por negocios, pero cuando vuelve a Madrid la está esperando su esposo.
- O sea estás cagado –le dice Nando- Y ese es tu bobo, no?
- Creo que sí.
- Pero y el otro huevón quién es? ¿Con quién quiere? –le pregunto.
- Porque crees que sigue casada –responde.
- Bueno pues mi bro –le dice Nando- Entonces no te preocupes, no es para ti, la firme ya llegará. Ok. Tú, que todavía eres el Ricky Martin de Casuarinas, ya pues…
Y nos matamos de la risa. Me devuelven la chicharrita y le doy el último toque. Tomamos unos trancazos del pisco y:
- Bueno, pues señor –me pregunta Nando- Ud. que es el anfitrión, ¿qué propone?
- ¿Qué gustarías?
- Mujeres.
- Night Club, te parece.
- Perfecto –responden ambos.
Subimos a la camioneta, nos metimos más tiros, encendí el motor, Coqui puso algo de Paul Van Dyck, y conduje para el Emmanuelle. Llegamos en diez minutos, bien armados, le alcancé las llaves al valet parking y los muchachos se rieron cuando todos me saludaban con respeto.
- Caserito, no?
- Solo de vez en cuando.
Se acerca una anfitriona y me pregunta:
- La misma mesa, señor?
Y los tres nos reímos.
Estuvimos menos de una hora, atención exclusiva más unos tragos, y luego nos fuimos a un lounge a seguir tomando.
- ¿Y esa huevona del night club? –me preguntó Coqui, brindando con unos etiquetas azules.
- ¿Qué hay con esa huevona?
- Tú dirás –me interrogó también Nando, en seco y volteado y sirviéndose otro trago.
Los miré. Cada uno me miraba, Coqui bebía un sorbo, Nando alzaba sus grandes cejas.
- Salimos un par de veces fuera del night club; muy discreto todo, por supuesto. Y ahora me viene con que está esperando un hijo mío.
- ¿En solo un par de salidas una profesional te saca un hijo? –me pregunta Coqui con cierta gracia- O sea que en la orilla se viene a ahogar el mejor nadador.
- ¿Y cómo sabes que es tuyo? Si es una puta.
Solo contesto con un gesto, y me tomo un seco y volteado, echo unos hielos al vaso y lo lleno de puro whisky.
- ¿Quieres saber cómo? –contesta Coqui por mí- Por eso mismo que has dicho, porque es una puta profesional, se aburrió del negocio y pescó su futuro con nuestro buen amigo; claro, joven ejecutivo con mucho poder e influencias, simpaticón, millonario, y perfil bajo. Y de paso, porque nuestro queridísimo amigo no solo ha salido un par de veces con esa huevona, si está rebuenota. ¿O me equivoco?
Solo respondo con otro gesto.
- ¿Cuánto pide?
- Me ha pedido que yo proponga.
- ¿Y?
- ¿Qué me propones?
- Indemnización: Miami, casa, auto, mensualidad, hasta que se case con un gringo. El niño con sus apellidos. Y se le hace firmar un contrato con puntos establecidos por ambas partes.
Respiré hondo. Me serví otro trago, más hielo, brindé con Nando que solo escuchaba, Qué huevón conchesumadre…, y él, Recontra…, y volvió a brindar conmigo.
- Bueno pues, mi señor abogado. Encárguese usted de ese asunto, quiere? –y brindé con Coqui.
- No se preocupe, mi cliente. Usted relájese y siga con su armoniosa vida familiar nomás. Que para eso estamos.
- Gracias, mi bróder. Pero antes, me gustaría al menos una última salida… Es muy buena, y de paso está más buena; no?
- Está mamacita.




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