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THE DARK NIGHT: LA CULPA PERSISTE

Batman: The Dark Night
Dir. Christopher Nolan (2003) / Batman: Christian Bale Guasón – Joker: Heath Ledger Harvey Dent – Two Faces: Aaron Eckhart

De héroe inspirador a malhechor perseguido, condenado a vivir entre las sombras, es la premisa de esta segunda entrega del director Christopher Nolan. Batman es el superhéroe protector de Ciudad Gótica, tiene imitadores que buscan el bien en las calles y es modelo de justicia. Batman es el ícono de Gótica. Pero Batman también desea descansar, dejar el traje de murciélago y vivir su vida, ocuparse de los asuntos que ha debido dejar de lado por el bienestar de la ciudad, específicamente el episodio con Rachel Dawes, que en estos momentos es novia de quien puede ser su futuro reemplazo, el fiscal de distrito Harvey Dent, orgullo de eficiencia e idealista político. Otro personaje clave de este clan justiciero es el jefe de policía Jim Gordon.
La contraparte y símbolo del terror se personifica en el Guasón, personaje realmente siniestro y completo psicópata. La película se inicia con el espectacular robo a un banco de lavado de activos de grupos criminales organizados de Gótica. El autor: el Guasón y sus secuaces que van matándose uno a uno hasta quedar solo el villano en escena, totalmente temible e inmisericorde. Roba el dinero de los delincuentes más peligrosos y encima los chantajea. Lo que busca en el fondo no es el dinero, no le importa lo material, este villano no se corrompe, es y hace el mal mismo por simple gusto, por ansias psicóticas, y más bien él motiva a que uno se corrompa, lo logra con el fiscal Harvey Dent, y lo intenta con el propio Batman; es un elemento catalizador, una guía del mal capaz de subvertir perversamente la naturaleza correcta del fiscal y de crear dudas morales en el superhéroe.
El Guasón es un ser siniestro, psicópata y sociópata a la vez, malvado por propio gusto y antítesis (al menos a simple vista) del bienhechor: uno la encarnación del mal, el otro la re-encarnación del bien, y re- repetitivo porque Batman una y otra vez lucha por ser el bueno de la película, por hacer el bien, busca su redención continuamente, en cada nuevo acto, en cada nuevo proyecto, no está tranquilo hasta intentar todo el orden, en este caso el orden establecido de ciudad Gótica. Encierra a todos las mafias organizadas (estereotipadas como siempre en subgrupos o subgéneros humanos: los italianos, los latinos, los afroamericanos…), va creando conciencia entre la población (en comparación con la anterior también donde cundía el pánico por todos lados, y donde el miedo era el eje central de la trama, miedo y culpa) que el bien puede ser imitable, compartido, generoso y símbolo de hermandad (post 11S?) y marketing –abundan las máscaras e impostores del murciélago; por eso, en medio de esa atmósfera positiva e inspiradora, es que también puede surgir una figura emblemática y resumida en todos los valores que ansía la ciudadanía representada en un solo candidato: el fiscal Harvey Dent –que hasta tiene dosis de superhéroe suertudo cuando en pleno jornada judicial el testigo termina apuntándolo con un arma y al disparar el revólver es de mala factura.

Guasón en esta oportunidad no solo es un temible malhechor, sino además un terrorista, alguien que implanta el pánico como medio de subsistencia paranoica –post 11S? Es un deslumbrante desequilibrado con directrices a la crueldad y con un pérfido sentido del humor de propósitos palmariamente patafísicos, que atormenta a inocentes y saborea de la muerte por el mero goce desquiciado de asesinar, prelado del caos y la anarquía que encubre recónditos problemas psicológicos no resueltos tras su enfermiza risa de payaso, y con un especial estima por los gags y la parafernalia bufonesca. Es la grafía esclarecida del caos y el crimen en antagonismo al orden y la justicia que personifica Batman. Sin embargo, el nivel turbador de analogías existentes entre Batman y el Guasón hace dudar de las auténticas diferencias entre uno y el otro.
Las acciones entre el bien y el mal van sucediéndose a lo largo de la trama, la lucha no tanto del bien frente al mal y viceversa, sino la lucha interna declarada por no hacer sucumbir al mal. Batman es un personaje que en todo momento está lleno de dudas, es más, está construido de sus propias dudas existenciales y raciocinios tan humanos e instintivos, por eso el apego y simpatía que cause. Batman lucha en todo momento por ser el bueno, por hacer mejor las cosas, tratar de arreglarlas, por eso también no es inoportuno que en esos momentos de cuasi y aparente equilibrio ciudadano –pues existe también un policía justo y honorable que actúa desde la legalidad para terminar sellando los arrestos, justo en esos días de felicidad, cuando los grupos más peligrosos ya se encuentran tras las rejas, y el testigo clave puede declarar, aparece la figura inmisericorde del terribilísimo Guasón.
- Yo sé porque no puedes matarme –le dice muy visceral en un pasaje de la película cara a cara al superhéroe- Porque eres la otra parte de mí.
“el Otro es el cuerpo; tesis que conjuga las diferentes definiciones del Otro y complejiza la definición del cuerpo como imaginario. En un sentido el cuerpo es una imagen. Hay un cuerpo imaginario; hay un cuerpo en tanto que Otro como encarnación de lo simbólico y un cuerpo como Otro real. (…) Es a partir de lo imposible de una identidad al comienzo que se ubica esta lógica de la identificación y de sus paradojas”. (Laurent: 1999, p. 104).

El sujeto escindido, el sujeto que se enfrenta a su lado oscuro, frente a frente ambos en un momento de mucho suspenso y expectativa en el film, como en un espejo terrible y de sombras, cada uno con careta, cada uno con su propia verdad, son dos versiones de un mismo sujeto, porque un ser tiene siempre otro lado, otro punto de vista; en este caso, la negatividad, la extrema negatividad.
Batman lucha cada día al ponerse en pie –porque cada día le duele, le cuesta, se queda dormido en reuniones de suma importancia, le cuesta el mantenerse en equilibrio, no sucumbir hacia su lado oscuro, de terrores y violencias recargadas. Por eso Batman escoge un modelo de eticidad, es ético hasta en el campo del amor –porque durante la trama también sufre una lid de celos, aguantes y suspiros con la ex, la ahora novia del político de moda, el ejemplo de ciudadano. Batman no rompe las reglas; sin embargo es un sujeto que vive en la extimidad, en las fronteras:
“expresa bien el modo en que el psicoanálisis problematiza la oposición entre lo interno y lo externo, entre contenedor y contenido. Por ejemplo, lo real está tanto dentro como fuera, y el inconsciente no es un sistema psíquico puramente interior sino una estructura intersubjetiva (“el inconsciente siempre está fuera”). Asimismo, el Otro es “algo extraño a mí, aunque está en mí núcleo”. Además, el centro del sujeto está fuera; el sujeto es excéntrico” (Evans: 1997, p. 86).
Batman es un personaje que es parte de suma importancia del sistema, pero a la vez está fuera de él, un guardián periférico, del exterior hacia el interior, hacia la intimidad, tanto de ciudad Gótica como de él mismo con sus avasalladores raciocinios y empujes por combatir el crimen. Por eso también por hallarse en la periferia es que consigue un sucesor, alguien quien desde adentro pueda liderar esas ansias de libertad, de paz y quietud, y mostrarse tal como es.
Batman no es el héroe, en ese caso, sino el fiscal, Harvey Dent, el actual novio de su antigua prometida (en la versión anterior ella propone: cuando Bruce Wayne deje de ser Batman podrá ser suya, podrá casarse, poseer la apacible vida burguesa; y en estos momentos, cuando él ya le echó ojo al posible heredero paladín, ejemplo de rectitud y honorabilidad, es cuando sale a relucir su sacrificio una vez más de abandonar al gran amor de su vida en bien de la justicia y el orden ciudadano –la polis romana). El fiscal es el sujeto ético, el sujeto unitario -gringo bien plantado y simpaticón, con todo un futurazo por delante; el único también quien puede hallarse a la altura del magnate y filántropo Bruce Wayne (quien en extremo de celos siempre tiene una aparición deslumbrante y de mujeriego cuando ella está presente en alguna reunión) y de Batman, a la vez- él es uno. Lo Uno es lo que no es contradictorio, es unívoco. El fiscal es unívoco; él es bueno, modelo a seguir, no puede llevar contrariedades en su interior ni en su reflejo. Batman, en cambio, siempre duda, y tampoco desea ser el fiscal, menos quiere ser Guasón, porque reconoce en el bandido a sus impulsos inconscientes, a sus restos de deseo -según el grafo del deseo sería la petité a.

El Guasón es algo así como el inconsciente liberado, libre de prejuicios y ataduras; por eso es que el sujeto Batman al verse enfrentado a él, lucha a contrariedades e impulsividades, y su lucha oscila entre el quebrar las reglas y someterse a ellas: las reglas como lo consciente. El superhéroe ansia esa libertad, pero esa libertad de lo inconsciente. Porque Batman es un sujeto negador, que no sintetiza, por eso también debe ser siempre perseguido, la verdad está en un revisionismo permanente, o sea, la verdad se rehace todo el tiempo, no es un concepto estático:
“la verdad está en reabsorción constante en lo que tiene de perturbador, no siendo en sí misma sino lo que falta para la realización del saber. (…) La verdad no es otra cosa sino aquello de lo cual el saber no puede enterarse de que lo sabe sino haciendo actuar su ignorancia. Crisis real en la que lo imaginario se resuelve, para emplear nuestras categorías, engendrando una nueva forma simbólica. (…) la conjunción de lo simbólico con un real del que ya no hay nada que esperar. ¿Qué es esto sino un sujeto acabado en su identidad consigo mismo? En lo cual se lee que ese sujeto está ya perfecto allí y que es la hipótesis fundamental de todo este proceso.” (Lacan: 1985. SII, p. 777).
Batman es un sujeto en revisionismo permanente, un sujeto hegeliano buscador de esa verdad, por ello se vuelve un prófugo, o termina convertido en uno, mejor dicho. Por eso está en la extimidad, es negador. Y negativo no como sinónimo de falso, sino es un momento en el despliegue del concepto:
“la negación es un proceso neurótico que sólo puede producirse después de un acto fundamental de afirmación denominada BEJAHUNG. La negación debe distinguirse de la FORCLUSIÓN, que es una especie de negación primitiva anterior a cualquier Verneinung posible (S3, 46), un rechazo de la Bejahung en sí.” (Evans: Ob. Cit, p. 137).
El fiscal Dent, por su parte es modelo de lo unitario, pero sucumbe porque no existen los sujetos asépticos (incontaminados), un sujeto libre de lo real, de aquello que siempre retorna. Los sujetos asépticos están muertos, y por eso debe morir. Cuando Dent pierde de vista al gran Otro sucumbe, y es cuando es ganado por el resto del deseo, por el Guasón. Dent, en su encuentro con el mundo, se hace experimentable como unidad, como sujeto unitario, no como sujeto escindido, él no duda nunca, sus parlamentos son de una total seguridad, al igual que sus actos y acciones, no hay duda en su discurso, hay más bien unidad lingüística. Su unidad lingüística simboliza la unidad de su factualidad.
“el lenguaje humano constituiría pues una comunicación donde el emisor recibe del receptor su propio mensaje bajo una forma invertida, fórmula que nos bastó con adoptar de la boca del objetor para reconocer en ella el cuño de nuestro propio pensamiento, a saber que la palabra incluye siempre subjetivamente su respuesta, que el “No me buscarías si no me hubieras encontrado” no hace sino homologar esta verdad, y que ésta es la razón de que en el rechazo paranoico del reconocimiento sea bajo la forma de una verbalización negativa como el inconfesable sentimiento viene a surgir en la “interpretación” persecutoria”. (Lacan: 1953, p. 116).
“en todo acto de lenguaje, si bien la dimensión diacrónica es esencial, también está implicada una sincronía, evocada por la posibilidad permanente de sustitución inherente a caa uno de los términos del significante”. (Lacan: 1957-1958, p. 33).
Por eso el fiscal es algo así como una unidad abstracta, o sea un héroe, totalmente aséptico. Su unidad lingüística hace que su encuentro fáctico con el mundo lo sitúe como unidad abstracta, heroica, él representa en el imaginario colectivo una suerte de versión unitaria del gran Otro. Pero al ser ganado por el Guasón deviene en caos.
El fiscal simboliza al gran Otro, el ideal del orden; aunque al final el hijo mata al padre; o sea, el fiscal se vuelve contra el gran Otro del cual era símbolo:
“El trabajo, nos dice, al que se ha sometido el esclavo renunciando al goce por temor de la muerte, será justamente la vía por la que realizará la libertad. No hay engaño más manifiesto políticamente, y por ello mismo psicológicamente. El goce es fácil al esclavo y dejará al esclavo en servidumbre.” (Lacan: 1985. SII, p. 790).
El fiscal representa un significante amo, rasgo unario, ideal del yo, lo verdadero. Al final de la película Batman dialoga con el teniente Gordon y se cuestiona a sí mismo: él no es un héroe (en referencia a Dent), pero aún así se inmola en bien del modelo justiciero. Dent muere porque también ansia libertad; la muerte, dice Hegel, crea un sujeto en sí y para sí, se libera de la historicidad, del tiempo, de la finitud, y por eso se convierte en un símbolo. Al final Harvey Dent –el origen del malhechor ensamblado del Dos Caras- es el héroe. Pero es también así porque si Dent es el malo y Batman el héroe, se acaba la película, y el superhéroe se convierte en Supermán, ya no sería el caballero de la noche (The Dark Knight).
“El Amo se relaciona de manera mediatizada con el Esclavo, a saber, por el ser-dado-autónomo. Porque es precisamente con este ser-dado que el Esclavo se vincula. Este ser-dado es su cadena, de la que él no ha podido hacer abstracción en la lucha, donde se reveló –a causa de ella- como dependiente, como teniendo su autonomía en la cosidad. El Amo es, por el contrario, la potencia que reina sobre este ser-dado. Pues él ha revelado en la lucha que este ser-dado sólo vale para él una entidad negativa. Puesto que el Amo es la potencia que reina sobre el Otro [es decir, sobre el Esclavo], el Amo tiene –en ese silogismo [real o activo]- a ese Otro bajo su dominio. Del mismo modo, el Amo se relaciona de una manera-mediatizada con la cosa, esto es, por el Esclavo. Tomado como Autoconciencia, en-tanto-que-tal, el Esclavo se vincula él también con la cosa de una-manera-negativa-o-negatriz, y la suprime [dialécticamente]. Pero, para él, la cosa es al mismo tiempo autónoma. A causa de ello no puede por su acto-de-negar. Llegar al fin de la cosa, hasta el aniquilamiento [completo de la cosa, como lo hace el Amo que la “consume”]. Es decir, él no hace más que transformarla-por-el-trabajo. [la prepara para el consumo, pero no la consume él mismo].” (Kojeve: 1975, p. 25)
Dent era un sujeto de deseo tomado por el deseo del Otro, el sujeto ético, su gran Otro es lo ético. Ahí opera un proceso de iconización, porque Dent deviene en el plano de lo simbólico a una representación del gran Otro, su deseo supera la realidad dada, por eso busca un no-yo, el del gran Otro; Dent quiere ser reconocido como un universal, eso es importante.
Por otro lado, debemos entender que la acción negatriz se expresa de dos modos: negamos a través del trabajo o a través de la lucha. Dent opta por el camino del trabajo (transformar el mundo), Guasón en cambio por el de la lucha (retornar al estado de naturaleza). La lucha, dice Hegel, es a muerte. Donde el tenemos el final cuando muere Dent, y gana el Guasón.
El Esclavo es quien sucumbe y se somete al deseo del otro, pero del otro con minúscula; por su parte, el Guasón deviene en Amo; esto es, un personaje que no evoluciona, permanece fiel a su identidad, por eso no duda.
Mientras que por el lado del Guasón y Batman, no hay alienación tan recíproca, son dos representaciones simbólicas de un sujeto escindido, ambos representan la dualidad interna del sujeto. Batman es el deseo de dominio y unidad; Guasón, por su lado, sinónimo y actante de anarquía. Se supone que en una lucha se imponen reglas de juego, que se imponen límites a la agresividad imaginaria; Batman las respeta, Guasón no. Cuando se ponen límites la lucha no concluye con la muerte de los adversarios, pero cuando se rompen uno de ellos debe morir; por eso la lucha entre ellos es a muerte.
Con esta entrega Batman ya dejó de ser un héroe infantil, para pasar a ser un personaje del drama contemporáneo con una visión pesimista del mundo donde vivimos. Una sociedad intervenida por la corrupción y el crimen constituido, una visión de advertencia sobre el terrorismo y la psicopatía del caos.
Este Batman se parece más a un héroe griego por su tragedia, que lo hace actuar al margen de la legalidad y que le hace asumir cierta forma de esquizofrenia: el sesudo y triunfante hombre de negocios Bruce Wayne frente al angustiado valedor de la ciudad con indumentaria de mamífero volador.

The Dark Knight bosqueja varios conflictos en el orden ético y de la justicia. Pues, ¿quién concluye la hegemonía del bien sobre el mal? –esta es la anécdota misma de la película. En una sociedad (occidental) atormentada por el terror, por la fijeza del “fundamentalismo” —y no solo en referencia al islamismo— y por la discapacidad de evolución de sociedades débiles moralmente, ¿cómo se decreta la legitimidad de una acción que podría ser identificada como parapolicial, como la del superhéroe? De hecho, Batman está fuera de la ley y la policía debe apresarlo. No forma parte del orden institucional –establishment?- pero debe resguardarlo. Batman ya no pretende ser más el héroe justiciero de Ciudad Gótica. Aspira casarse, tener una familia, ser un perfecto burgués.
- Un héroe no puede serlo por mucho tiempo porque se convierte en tirano –dice Bruce Wayne.
Y actualmente esta afirmación suena más a alusión directa a Fidel Castro o Robert Mugabe, quienes de libertadores acaecieron en señores feudales de la misma nación que libertaron de otra antigua tiranía.
También, todo protagonista está suscrito por su antagonista. En esta saga Batman tiene uno directo y otro indirecto. El primero es el Guasón, sinónimo de psicopatía indómita que postula la ausencia de orden, para provocar un caos que devele el alma del género humano. Por otro lado, el otro antagonista del bienhechor es el fiscal Harvey Dent, y lo es por partida doble: primero, porque representa la misma lucha contra el crimen organizado y la corrupción pero desde la institucionalidad y sin necesidad de enfundar su rostro. No procura amasar posesiones —como la que posee Wayne— sino simplemente hacer cumplir la ley.
- Es el héroe que Ciudad Gótica se merece –confiesa el propio Batman- Pero aún no es el héroe que la ciudad necesita.
Y como segundo aspecto, el fiscal se regocija del amor de Rachel Dawes, también fiscal y ex pretendiente de Wayne.
Con este film, Batman escapa de las páginas de los cómics (y de versiones anteriores que eran más “hollywoodenses”) para ser un pretexto para presenciar los debates y raciocinios de la condición humana, de igual forma como el Guasón y Harvey Dent/ Dos Caras (Two Faces) son también subterfugios para implantar una simbología entre el bien y el mal. Mientras que el personaje femenino de Rachel Dawes encarna la opción redentora y libertaria a la vez en una sociedad básicamente masculina, no obstante el símbolo de lo funesto decrete su desarrollo.

Bibliografía
Balmés, Francois. Lo que Lacan dice del ser (1953-1960). Buenos Aires: Amorrortu, 2002
Evans, Dylan. Diccionario Introductorio de Psicoanálisis Lacaniano. Buenos Aires: Paidós, 1997
Kojeve, Alexandre. La dialéctica del amo y el esclavo en Hegel. Buenos Aires: La Pléyade, 1975
Kojeve, Alexandre. La dialéctica de lo real y la idea de la muerte en Hegel. Buenos Aires: La Pléyade, 1972
Lacan, Jacques. Escritos II. México D.F.: Siglo XXI, 1985
Lacan, Jacques. Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953). México D.F.: Siglo XXI
Lacan, Jacques. Las Formaciones del Inconsciente, 1957-1958. Buenos Aires: Paidós, 1999
Laurent, Eric. Las paradojas de la identificación. Buenos Aires: EOL-Paidós, 1999
Miller, Jacques-Alain. Los signos del goce. Buenos Aires: Paidós, 1998

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