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RIÉNDOME

"Hoy desperté y te odié más que nunca
Porque te amé y me sentí un tarado
Anoche yo te apunté con un dedo
Los otros tres me dispararon.
Riéndome Riéndome Riéndome Riéndome"
(Los Fabulos Cadillacs)


Hoy desperté y me sentí enfermo. La cabeza me dolía y sentía que en cualquier momento me podía explotar. ¡Bum! Mi cuerpo se encontraba maleteado y no quería despegarme de las sábanas. Me hallaba con una pereza tremenda. Hoa. Pero la secona de mi garganta y la hoguera de mi barriga pudieron más. Me levanté de un porrazo y fui al baño, de decidido. Abrí el caño y me llevé un chorro a la cara. Cuando me vi al espejo mi rostro me mostró la peor resaca. Ay, qué miedo. Nunca más voy a tomar, me dije. Y me reí solito. Ja. Abrí la tapa del guáter y me encontré con el vómito de la madrugada. Aaaaaggghh. Qué asco me dio. Tiré la tapa y jalé la cadena antes de sentir la bilis por mi boca. El guáter estaba malogrado. Meé en la tina. Y, aaaaaaaaaaayyy, puta madre, qué dolor. Abrí el caño de la ducha para desfogar el orine y un chorrazo de agua me caía en catarata. Qué rico, sentí. Me entraron unas ganas tremendas y me metí así nomás como estaba, con la misma ropa de ayer. Aaaaaaahhhh. Qué frescura, qué alivio realmente, parecía que todo lo malo se iba por el drenaje. Y mientras que el agua me empapaba me fui desvistiendo de mis ropas. Me logré relajar completamente por un instante, pero los recuerdos de la noche anterior fueron apareciendo como unos disparos. Por Poh Poh. Hasta que la risa me atrapó sin querer detenerse. Ja. Jajajajaja.



Había salido de ducharme cuando timbró el teléfono. Era Cecilia, que me avisaba que ya estaba lista, y que podía pasar por ella cuando quisiera. Le dije que dentro de una hora, y colgué. Encendí el equipo y puse algo de Los Fabulosos Cadillacs. Mientras me cambiaba frente al espejo no dejaba de bailar. Y cuando acabé de vestirme, me eché unas gotas de perfume, y me quedé mirando al espejo. Qué guapo que soy, me dije, y me cagué de la risa. Cogí las llaves del velador y revisé los condones en mi bolsillo. Sí, ya estaba listo. Bajé al garaje y encendí la moto.



Ufffff. Qué delicioso baño. Cogí una toalla y me tapé medio cuerpo. La cabeza me seguía doliendo, pero ya menos. Me senté en mi cama y roleé un bate. Lo fumé en la terraza y me quedé contemplando la ciudad. Tanta gente que no sabían siquiera para qué existían. Le dí un toque y me aguanté el humo. Tantas personas que vivían por ahí caotizando cada vez más al mundo. Y arrojé el humo espeso. Le dí otro toque y volví a aguantarlo dentro. Tanta mierda que anda por ahí y por acá confundiéndose entre la misma mierda sin saber el significado de su propia vida; o muerte. Y tosí. Cof. Cof. Arrojé la chicharrita a la calle y entré a vestirme. Quedé bien bacán, pero las ojerazas delataban la mala noche. Y aaaaaaaaaaaaasumare’.



Viajaba a alta velocidad por toda la avenida, y me sentía todo un súper hombre que miraba dentro del casco los neones alargados de la ciudad. Llegué a Miraflores y me detuve en la primera cuadra de Benavides. Bajé de la Kawasaki y subí hasta el último piso del edificio. Me abrió Jeff y me dio un gran abrazo de bienvenida. Pasa ‘mano, me dijo, y vi a toda una gentita ahí reunida, en la sala, chupándose unos whiskies y jalando como Dios manda. En la mesa del centro habían dos bandejas llanecitas de coca a cada lado; parecían dos nevados, brillantísimos, hermosísimos, dos réplicas del Alpamayo. Me dieron unas enormes ganas de quedarme pero ya había quedado con Cecilia, y culo siempre primero. Tomé un par de vasos para no desairear a la gente y jalé un par de lineazas para no desairear tampoco a mi nariz. Luego le quise comprar un par de falsos a Jeff pero éste me mandó a la mierda, cómo se te ocurre, él a mí no me vendía nada, yo simplemente cojo y listo. Así que cogí un papelito y lo llené; pero él, terco, me pedía que cogiera más. Y yo, que no sabía como decirle que no, que le decía que iba a salir con una chica y que no podía estar muy duro, pues tuve que llenarme las fosas de las líneas que me prepararon para el camino, así como me sonrió.



Me acomodé las gafas y salí a la calle. Puta madre, había salido un sol del carajo. El gringo me resaqueaba aún más y me resineó hasta ya no aguantarme casi. Me dio la impresión de que me estaba convirtiendo en un vampiro, y me causó gracia lo que pensé. Ja. La noche me gusta más que el día, pensé. Y sí, totalmente de acuerdo. Pero caballero tuve que seguir caminando nomás, con el jodido sol de mierda allá arriba y yo con resaca.



Creo que fue por lo que recién me había metido lo que me hizo ver todo de otra manera. Del súperhombre que creí ser antes había pasado a convertirme en un dios, y todo lo demás era para mí pura mierda. Me metí un par de tiros más en el ascensor, otros ahí nomás en la calle, y prendí la moto para ir a buscar a Cecilia. Las luces de la calle alumbraban más resplandecientes. Yo era todo un as en el volante y nada me importaba. Corría a altas velocidades y todo lo escuchaba como un largo zumbido. No me daba cuenta de los semáforos, o mejor dicho, no quería darme cuenta de ellos. Llegué a casa de Ceci en unos cuantos segundos y me puse a jalar un par de tiritos más antes de tocar el timbre. Al ratito salió y me recibió con un efusivo beso.



Hasta que llegué hasta donde debía llegar y me detuve frente a la puerta. Me sequé el sudor de la frente y entré de lo más campante. Saludé a los oficiales y me presenté. Soy el hombre a quien están buscando, les dije, y no pude aguantar de sonreírles. Ja.


La llevé a la fiesta, y al toque me di cuenta que el ambiente no se prestaba para mucho. Saludé a unos cuantos y me encontré con Carlín, quien se monseaba ahogado en un sillón y con un Cuba Libre en mano, siguiéndoles la corriente a unos babosos que le conversaban de comercio exterior. Cecilia se encontró con sus amigas y se puso a charlar de lo más amena. Por mi parte con Carlín nos abrimos del grupo y nos pegamos junto al bar, alucinando a todo el mundo y jalando del falso que tenía. Cecilia se había ganado con todo el pase que hacíamos con Carlín, y me miraba con unos ojazos cada vez que salíamos del baño con las caras mojadas y totalmente transformados. Me lo hizo saber en un rincón la quinta o sexta vez, creo, pero la despaché rapidito nomás para que no jodiera ya más, así bien suavecito también. Pero igual ella se molestó y a mí me dio lo mismo, y seguí nomás en lo mío. Pero cuando con Carlín nos estábamos yendo a conseguir más, ella se dio cuenta y nos detuvo justo cuando él estaba prendiendo el auto. ¿Adónde vas?, me preguntó; y yo, ésta está bien huevona me dije, ¿qué?, le pregunté; y ella de nuevo con que ¿adónde van?, nos preguntó, y se quedó parada en medio de la pista y con las manos a la cintura. Así que bajé del coche, le dije a Carlín que me esperase un toque, y le hice saber unas cuantas cosas a Cecilia. Primero, que no me gustan esas huevadas de que me anden controlando; segundo, que ella no era mi enamorada ni novia ni pareja, solo teníamos relaciones; y tercero –esto se lo hice saber bien clarito- que podía irse a la mismísima mierda. De ahí le di espalda, me subí a la moto, y le dije a Carlín que me siguiera.


Los oficiales se desconcertaron un poco, y no entendían a lo que me refería. Les ofrecí mis muñecas, les dije acá estoy, y les seguí sonriendo. Jajajajá. Ya con mucha burla.


Regresé a Miraflores y ya Jeff con toda esa gentita y muchos más se encontraban más duros que Robocop. A Carmín le gustó ese ambiente y hasta se emocionó. Acá la hacemos, le dije, y él me agradeció con un beso. Jeff nos abrazó a los dos y nos fue mostrando los recintos: ésta es la sección dureza, nos dijo, y nos llevó por la sala; luego siguió por el bar y la mesa de billar y no dijo, ésta es la sección lora y logística respectivamente; siguió después por las habitaciones, y nos dijo, ésta es la sección sodoma y mamona, y nos reímos; y por último nos mostró un baño, abrió la puerta, ésta sección también es mamona, y se rió, pidió disculpas a la pareja que ahí se encontraba y cerró la puerta, pero también sirve para liberar tensiones, y nos pidió que por favor nos dispersáramos por ahí, que sociabilizáramos. Nosotros escogimos la primera sección, y ya las dos bandejas de coca que había visto temprano les habían usurpado sendos aluviones.


Soy el… les dije, y no pude aguantar de carcajearme. Ja Ja Ja Ja Ja.


Al rato me di cuenta que en ese lugar tampoco iba a pasar nada más. Todos se hallaban durazos y lo único que les importaba era jalar más y más. Se lo hice saber a Carlín pero éste se encontraba ya en la sección lora; bien al whisky y tratando de hacerse escuchar entre los demás insistentes. Los dejé ahí y me quité.


Soy el asesino de la joven que fue hallada esta madrugada con tres balazos en la cabeza, les dije, y continué carcajeándome en sus caras. Ja Ja Ja Ja Ja Ja Ja.


Después de haber estado dando varias vueltas en la moto sin saber qué hacer decidí entrar a una discoteca de Larco. De frente me loqueó todo ese ambiente oscuro pero lleno de neón y láser por doquier. Mis pasos a esa hora ya no los sentía, pero para ya no seguir sintiéndolos más, entré al baño. Jalé unos pellizcones de la bolsa que había sacado de la casa de Jeff y me sentí mejor. Compré un trago y me puse a caminar por ahí alucinando a la gente. De pronto, me llamó la atención una chiquilla, de unos veinte años, no más, que se hallaba bailando y que se movía como endiablada. Contorneaba sus caderas y su ombliguito se hamaqueaba hechizándome. Era flaca, muy flaca, y se movía estupendamente bien. Yo la miraba y me puse a bailar al lado suyo; el tipo con quien estaba, otro veinteañero, me tomó como un loco. Terminó la canción que bailaban y siguió una de los Cadillacs. Seguí bailando y empecé a señalarla; ella me sonrió y no le hizo caso más al otro. Me siguió con los movimientos y la tomé de su cintura. Ella me siguió y luego se zafó; se movió unos pasos para atrás y me mostró su danza. Juro que me volví loco. Más de lo que siempre soy.


Sí, yo fui quien mato a la muchachita. Ja Ja Ja Ja. Y no podía aguantar de dejar de reírme, no sé por qué. Ja Ja Ja Ja Ja Ja Ja Ja.


Le invité un trago y con cada mirada suya me aturdía aún más. Su sonrisita. Me coqueteaba a cada instante y más aún con cada baile. Ya cuando nos encontrábamos muy acalorados por lo sensual de los movimientos, ella me contó al oído que ya tenía que irse; yo le propuse llevarla y ella bacán, aceptó, pero antes iba a decirle a sus amigos que se marchaba conmigo. Yo me fui al baño y me jalé de frente lo que quedaba del falso. No encontramos afuera y nos besamos en un instante. Subimos a la moto y nos fuimos para abajo. Ahí en la playa, en el estacionamiento del Regatas, continuamos besándonos y quise quitarle todo lo que llevaba, que no era mucho tampoco, pero aún no se dejaba. Solo chape y chape nada más.


Los policías se desconcertaron y me tomaron como un loco; quisieron despacharme, pero les mostré el arma que llevaba en la espalda y se las arrojé encima del escritorio. Todos se quedaron callados. Fue como si de pronto les hubiera gritado ¡silencio!, y todos se hubieran enmudecido. Sssssssssshhhhhhhh.


Y antes de que se sintiera más excitada me pidió que la llevase a su casa, que a su mamá le había dicho a tal hora y ya era demasiado tarde. Yo traté que me comprendiera y le llevé sus manitas a mi bragueta. No sé qué pasó pero ella se arrodilló, me bajó el cierre, y me la chupó. Parecía toda una experimentada y yo le creí. Luego cuando acabó, a mí me dejó en la gloria, y ella fue al mar a lavarse. Cuando regresó me dijo, me llevas?, así con su vocecita de traviesa, y pues prendí la moto y nos fuimos. Durante el camino, mientras sentía que ella me abrazaba fuertemente, por mi cabeza pasaron mil ideas. Llegamos a su casa y ella se bajó; me dio un beso en la mejilla y dio media vuelta para abrir la puerta. La acompañé, la tomé por la espalda, y empecé a besarla por su cuello, su nuca, y mis manos tomaban sus pequeños senos. Ella me dio la cara y nos besamos. La levanté de su rico culito y no pesaba ni mierda. Me dijo que por qué no pasaba, que seguro su mamá estaba durmiendo, y la apreté entonces más contra mi cuerpo y fue cuando sentí un escobazo en mi cabeza. Había sido su mamá quien nos había descubierto y me gritaba huevada y media. A ella la hizo pasar de los pelos y cerró la puerta de un tirón.


Tomé asiento frente al comisario y esperé a que el orden llegar al recinto. Al momento, con las aguas ya más calmadas, les conté cómo había sucedido. La había sacado de su casa para llevarla a un descampado; así llegamos hasta Asia, y con el arma apuntándole a cada momento la conduje hasta la orilla. Le ordené que se desvistiera y sí tuvo que hacerlo; pero sin dejar de chillar. Buuuu buuuuu. Lloraba a mares; pero cuando la amenacé que si no dejaba de chillar la mataba ahí mismito, se limpió las lágrimas. Luego me puse a silbar una canción antigua y le dije que bailara. Ella lo hizo, pero no con las mismas ganas de antes. Di un par de disparos al suelo, Poh Poh, y ella hizo lo que pudo. Pero a mí ya no me excitaba.


La vieja me había dejado un chinchón en la cabeza, y me llegaba al pincho que no me había dejado hacerle ni mierda, pues me había tomado por sorpresa. Estaba muy molesto, demasiado eufórico, y deseaba ahogar mis furias en alcoholes. Pensé en ir a casa de Jeff, pero me dije para qué, si a esa hora ya todos debían de haberse encontrado con retortijones, todos tartamudos tratando de hablar y buscando quien los escuchara. Me fui a una licorería, pedí una lata de cerveza y me senté en la berma, a un lado de la tienda. Cunado de pronto, apareció un auto y se detuvo muy rápido al frente del establecimiento. Bajaron dos tipos, y casi al instante escuché disparos, y los dos que habían entrado salían ahora corriendo tratando de subir al auto. Solo lo logró uno, porque el otro, cuando intentaba responderle al dueño que disparaba con una escopeta, su revólver se le atracó y entonces cayó fulminado en media vereda con un certero tiro al corazón. El delincuente quedó tendido, despidiendo harta sangre por toda la avenida, y el arma que llevaba consigo salio volando hasta dar a mis pies.


Luego me desabroché el jean y le dije que se arrodillara a mis pies. Ella abrió su boquita, y me la chupó nuevamente. Pero esta vez lo hizo con miedo. Tosió, cof cof, y siguió. A mí ya se me estaba viniendo, y ella lo sabía, por eso abrió su bocota y me mordió. Aaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyyyyyyy, concha de tu madre, puta de mierda, le dije, y le vacié el cañón en su cabeza. Así de simple. Poh Poh Poh.


En un principio no sabía qué hacer con el arma. Pero luego se me vino una idea a la cabeza y aceleré con todo. Fui a buscar a la chiquilla y toqué el timbre de su casa. Salió su madre y de frente le apunté con el revólver. Ella retrocedió unos pasos y la golpeé con la culata en la cabeza. La vieja cayó al suelo y con el estruendo salió su hijita. Nos miramos, luego vio a su madre tendida en la entrada y gritó con todas sus fuerzas. La hice callar amenazándola con el arma y la jalé del brazo a la calle. Subió delante de la moto y nos fuimos. Creo que ella ya sabía lo que iba a pasar, porque simplemente se dejó llevar. Ja.

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