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GRITOS

gritos gritos gritos gritos gritos gritos de mierda, como jode mi hermanito, grita, chilla se vuelve loco nos vuelve locos lanza puñetes se pega nos araña patea se transforma y es otro, completamente distinto cuando le viene un ataque, esté donde esté, puede hallarse tranquilo, como un angelito de dios, como lo que realmente es, pero de repente, de un instante a otro, y sin un por qué, no sé que le pasar¬á por su cabeza, y es cuando se altera y empieza a jalarse de los pelos y grita grita que te grita, se puñetea se pone rojo rojo venas se le inflaman y sus amígdalas revibran, se enfrente a puertas paredes y hasta uno que tiene al frente para calmarlo, y no reconoce no quiere nada no quiere a nadie, golpea nomás muy fuerte endiablado y entonces, tenemos que sujetarlo bien, que inyectarlo, ver sus ojitos como se le blanquean y ahogarse entre sus propias babas, hasta poco a poco calmarse y entregarse al sueño, siendo esto lo más horrible, tener que pincharlo para sedarlo, tener que aguantarlo para controlar sus ofuscamientos, y pincharlo varias veces porque el pobre se transforma enorme como una salvaje bestia, pobre mi hermano, son tantos los pinchazos ya que le hemos suministrado en toda su corta existencia que cualquier drogadicto hubiese muerto ya por tamaña sobredosis, jeringazos en sus brazos en sus piernas, todos picotudos nomás, sus venitas moradas, sus llagas se las limpiamos con alcohol, y yo y nadie sabemos por qué, tanto he pensado ya, tanto pues he tratado de inmiscuirme en su cabecita, de introducirme en su mundo y descubrir sus reveladas impresiones, porque aflige sobremanera y desconcierta no saber qué tiene, le gusta sentarse a ver el chavo del ocho y se carcajea de la risa con el chapulín colorado, juega con sus carritos y a veces nos sale con cada cosa que realmente asombra y conmueve, le da un besito pícaro a una miss universo en la pantalla del televisor o deja resbalar algunas lágrimas porque simplemente empieza a llover y ahora los pobres pajaritos se van a resfriar, nos dice, con esa sensibilidad de ángel prematuro, pero, no sé, a veces lo confundo con un demonio, entre flamas de atrocidades se encoleriza y embravece y grita grita y se convierte en un total destructor de la armonía, y pues ya lo hemos paseado por mil hospitales clínicas y hasta ha babeado en todos los mamelucos de los doctores que, nada, no han podido descubrir sus trastornos, más que con su horrenda cura de drogadicción.
ayer, decidimos nuestra solución, lo llevamos de viaje y todo para él fue un paseo, jugó por el bosque y trató de imitar los silbidos de los pájaros más extraños, se asombró con los chapuceos de los caimanes por el río y hasta vio, absorto, como susurraba la serpiente antes de atragantarse con su presa, caminamos largo trecho, pero él, entusiasmadísimo con el campamento, no quería dejar de andar y perderse cada vez más en los inhóspitos de la vegetación, tal vez como que ya lo presentía, porque en un momento de la noche, se detuvo en silencio y acercó su oído como para escuchar algo, sigiloso, alzó su mirada hacia la luna llena y, en secreto, nos preguntó, ya estamos cerca, verdad?, y pues no me quedó otra que asentirle con la cabeza, con el duro peso que llevaba encima, hasta que con el aullido de un lobo se asustó y me abrazó, temblando como un pobre carnerito.
mi pobre hermanito tiene diez años, estudia en la elemental para niños especiales y el año pasado fue un dulce san josé en la actuación de noche buena, siempre jala la cadena después de sus necesidades y baja la tapa para luego lavarse las manos y secarse las babas con la toalla, todas las misses universo son sus novias y siempre reza un padre nuestro y un ave maría arrodillado bajo su cama antes de dormir por todos los niños que no tienen un hogar, pero cuando sueña, diablos azules rondan por su cabecita.
llegamos hasta la fogata y mi hermanito se paró frente al fuego, se quedó contemplando las candelas y estas se agitaban y se despilfarraban para arriba, la noche se hallaba callada y, de repente, un lobo aulló nuevamente a la luna blanquecina, en las flamas mis pensamientos se confundieron como un tornado, los recuerdos los dolores los aguantes mi hermanito, como un diablo entre las llamas, se encrespaba y tenía cachos y orejas puntiagudas patas de cordero cola y mirada de tormentos, rugía ardores y palabras inconcebibles.
a veces, cuando podía tener un descanso y recordaba y pensaba, me sentaba en los escalones de la entrada de la casa y contemplaba la noche, escuchaba el silencio cuando todos duermen, las confidencias de allá afuera, las palpitaciones los murmullos de adentro, la puerta siempre la dejaba abierta en una rendija y entonces los ronquidos rumores y hasta las babas se me acercaban como sonidos enteros calzados en una orquesta nocturna, pero de entre todos ellos, el mayor precipicio y desvelado, eran los solitarios y alejados sueños de mi hermano, secretitos como de infierno, y el silencio tan ausente que fantasmas me rondaban sobre mi cabeza.
cuando se quedó dormidito, las lamas se revelaron de su cuerpo, sus manitas en rezo, juntitas como almohada sobre un cachete y en útero, y encima, como suspendidos en nada, sombras se entretejían y destejían serpentinas, ardores en las llamas, me le acerqué con cautela, el silencio se hacía ya insoportable, lo sentía, se me hacía, me agaché para acariciarlo peinarlo y limpiarle sus babitas con una mano, los regaños resonantes, la fogata ardía, le di un beso en su frentecita, y de entre mis sombras, alcé el otro brazo para apuñalarle nuestros gritos.

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