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BABITA

Babita usa cartones y periódicos viejos como frazadas, su colchón es un parque, una playa, una acera, una banca o bajo el puente; a veces, junto al río, junto a los desperdicios de la gente, junto a Cachito, Pichón, junto a Juani, junto a la Pita, junto a su manchita, mi familia pe’. Babita es medio retardado, por eso lo de Babita, porque se le para cayendo al baba, todo mongolón ahí, pero él qué has dicho, se seca la baba con su muñeca y se lo mecha a ese. Babita es un buen mechador, por eso para con la manchita, porque lo necesitan, porque los necesita. Si hay algún faite por ahí, algún achorado que se la quiera pasar de vivo, tal vez con la Pita, al toque salta Babita, todo grandulón, todo flaco, alto, puros huesos, todo un babosón ahí pero véanlo nomás como pelea, esquiva, patea, escupe, de aquí para allá, todo agilito. Pero de que es baboso eso sí, es un babosón, y nadie se lo quita. ¿Pregúntenle pues cuánto es uno más uno? Nada. Pura baba. Ojitos cruzados. Chupándose el moco. Saboreando jebecito de terokal. ¿Aaaahhh?, dice pues nomás sin mirar. Lorna. Por eso pues lo ampayó el tombo cuando andaba robando junto a los otros en Wong. ¿Aaaaahhh?, nomás dijo, todo idiota, y el policía entonces lo zamaqueó del brazo y vamos carajo, a Maranguita, y el muy lerdo recién si yo no he hecho nada, jefe, cuando bien que lo pescaron con las manos en la masa. Pero qué se le puede hacer pues si es un down también. Su vieja murió apenas él nació, su padrastro alcohólico le paraba pegando por babosos y también por nada, y su pobre abuelita que le cosía sus pantalones huecos se enfermó muy grave cuando el recién era un niñito, y desde ahí pues anda por las calles, luchando cada día contra el hambre, contra su bendita enfermedad, contra el bendito frío, contra sus babas y contra el Pichón también que siempre lo para molestando, tirándole lapos o metiéndole cabe para que se caiga. De pena pues a veces le entran ataques, se aloca, se golpea y nadie puede hacer algo. Ya después luego la Pita se le acerca con cuidado y le unta alguna cremita o simplemente le soba bien bonito. Como aquella vez cuando por la noche regresó adonde la manchita y apareció todo moreteado, con cortes, sangrando, llorando, con marcas de correazos, como de cadenotas de fierros de barcos grandes, grandazos, dijo, y con la cachiporra dura del tombo también, y lo patearon y lo puentearon entre siete uniformados, así Pita así, y con la mano levantó un dedo y de la otra tres, siete pues, y él seguía llorando, baboso, y no había nadie a quien pedir ayuda, auxilio, por favorcito y entonces que ve un par de cables, los unen y chispitas y ay, carajo, el foco bajó la intensidad de su luz y ay, no, no, no había nadie, no tenía a nadie y él, llorando, llorando, babaso, cállate mentiroso de mierda lo bajó de su nube el Pichón y todos se cagaron de la risa en su cara, en su cara, jajajaja. La Pita lo curó esa noche. Después nomás que los policías lo atraparon, ella al toque se separó del grupo y fue hasta el jirón de La Unión en busca de algunas carteras y con el poco dinero que pudo juntar fue hasta una farmacia y compró una botella de alcohol, una bolsa de algodón y unas curitas. Y ah, señora, también una caja de condones por favor, bien bajito, casi en murmullo y la señora que menea su cabeza cana y ay, esta pobre juventud de ahora, seguramente, para sí sola, tras sus anteojos de carey a media nariz. Le lavó bien sus heridas con agüita de manguera de parque y con un poco de Ace que le regaló el Juani de su baldecito de limpiabarros y luego le echó el alcohol y ay, conchadesumare’, el Babita, como mierda le ardía. El algodón quedó todo mugroso y las curitas las pegó por encima. Babita lloraba nomás, como niñito, y la Pita acaso no eres hombre, y él sí, entre sollozos, pero uno muy muy niño de verdad. Y al final, en dónde más te duele, y él todo pendejo acá y se aprieta sus huevos, y pues no es del todo tan baboso pues. Gracias, y también le sonríe. Sus muelitas amarillas algunas, otritas picadas y otras ya no porque ya se le cayeron, su boca abierta, la lengua afuera, baboso, su mirada pícara, virola, su cara sucia, rapadito (los tombos también lo pelaron), flaco, grandulón, con la ropa chica y mugrosa, andrajosa, sus zapatillas con hueco y es por ahí donde entra más el frío de las noches, a la hora de dormir. Y Babita sueña, también, felizmente. Sueña con un pollo a la brasa con papas fritas y ensalada del Kentucky y una Coca-Cola bien helada también. Pero el friote cala hasta en los más pequeños de los huesitos y se acurruca más, más, más, abraza su cartón y lo aprisiona, lo rasguña y se lo jala para sí, le arrancha a Cahito el suyo que se lo quitó y este medio dormido le lanza un manotazo ya por instinto, por costumbre y puta madre, dejen ya dormir y se levanta. Un bostezo y su aliento forma una nubecilla de manías. Qué frío conchesumadre. Las luces en neones y la ciudad siempre ruge, siempre traga. Baja su miradita y Cachito, Pichón y el Juani tirados en el jardín, picoteados por hormigas y zancudos; felizmente hoy no regaron. Los cartones son pocos, chicos, sin arropo y el frío de invierno en Lima es horrible, austero, peor en las calles. La barriguita suena como grandes tambores, con grandes ecos y con rugidos y retortijones también. Babita no lo piensa más y va nomás por ahí. Todo un galancito de doce años. Luces, autos, bocinas, grandes, borrachos –un sol pe tío; fuera de acá mongo de mierda- chicas, música, gritos, bulla, viejas, gordas, chicas, chiquillas, la Pita y un sol pe’, Pita, pa’l vicio, y pues ella de donde no tiene le da, sabe muy bien como es eso, y aunque la noche no ha sido muy buena hasta el momento le da nomás, no hay otra manera, buscar nomás otras realidades, otros mundos, otros juegos, juegos de grandes, juegos idiotas, incomprensibles, tan simple como alejarse pues de aquí puta madre y así no sentir este frío de mierda, ni hambre tampoco, y la bolsa se infla y los ojos rojos, perdidos, por ahí y en dónde, en dónde. Todo un muchachito hecho un hombre de repente, a la fuerza. La vida, pues, la vida. Babita es un gigante y siente la pegada. Todo un gran galán, pues. Arrancha, corre y corre y corre y corre. Corre y no se detiene. Se ríe, se ríe cuando ya está lejos y luego cae, rendido, riéndose, sin saber por qué. Abre entonces la bolsa y sus carcajadas salen disparadas. Mira al cielo y se ríe, no puede más. Despierta a la manchita y llamen a Pita, carajo, nos ganamos. Al Kentucky Fried Chiken, no, acá no entran mocosos así como ustedes, a pedir limosnas a otra parte, váyanse, váyanse, pero sí vamos a comprar. Adelante, por favor. Un pollo entero con una Coca-Cola bien helada de litro y medio y también ensalada y con boleta de venta, por favor. Ah, y una bolsa también, para llevar.

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