alucinadas, poemas, cuentos, microrrelatos, crónicas & demás... © copyright ® todos los derechos reservados

ALMENDRA, SI QUIERES…

Si quieres ver volar un destello alegre sobre los mares más azules destapa tus párpados al aire y asómbrate con la boca abierta. Pero ojo, ten cuidado con las moscas, por favor, Almendrita. Los niños corren, saltan y te sacan la vuelta en la ronda, cantando un dos tres Almendra otra vez, muy agarraditos de las manos y sin dejarte huir, escapar, correr, y sudaditos ellos por las vueltas y bien contentos. La noche no carga estrellas, solo velitas de misioneros de la selva. Almendra, no llores, por favor, niña de las luces, no chilles, mujercita del adiós. La oscuridad no hace daño. Las drogas hacen daño. Si quieres ocupar un trono patea al rey de su asiento y escúpelo cuando lo veas sangrar, gritar, pedir auxilio. Hazme caso por favor Almendra para que el dulce ocaso nunca más pinte realidades de perdición absoluta. Felizmente, ayer, ya casi por la nochecita, el gigantón de un solo ojo legañoso, el bigotón del mostacho nazi, las pisoteó a todas en un asombro infame. A esa misma hora, los vaqueros ahorcaban buitres y demás pajarracos dentro de botellas de tequila, sin sal ni limón, por allá, en el lejano oeste muy muy lejano. Y se desbordaron pues todas sin un chance y yo me di cuenta, por eso no le ayudé al gigantón. Mis manos se hallaban atadas a tintas rojas. Y los grillos –ah, qué grillos- solo cricrís debajo de los rincones, apretujados dentro de huecos de ratón por esa época de inflación. Atormentados. Almendra, lucha a capa y espada, es lo único que te queda, con chupete de fresa y con la lengua muy roja y los labios acaramelados también, besando lobos en París, con luna bien llena y casi casi embarazada. La lamparita del velador encendida en la nocturnidad de la madrugada, para hacer pis en el bacín. Los dragones te tienen miedo, así que no hay problema con ellos, guardan celos entre todos sus amores despilfarrados. Almendras, es por tu bien querida niña. Qué más quisiera yo que vueles por los cielos extranjeros y pasees encantada sobre los mares más abstractos. Ya, arroja el pañuelo al viento y déjalo que dance como un avioncito de papel; ido totalmente, ido, al infinito, al ensueño, por ahí, simplemente perdido.
Tus lindas trenzas andinas son las de látigos prehistóricos ahora. Suéltatelas, desamárralas, coge una manguera de media pulgada y desafloja el caño. El agua sale, cristalina, y moja tus pelos, distraídos, con el shampú del anuncio radial y el reacondicionador del mercado. Luego sacude tu cabeza y todo tu cabello y a la libertad déjala atrapar entusiasmos, impulsos. Si quieres escuchar buenas melodías ponte los audífonos y súbele el volumen bien alto. Almendra, dulce, Almendra. Despiértate de tus lamentos y báñate en sopores de primaveras. Ya no marees más tus pensamientos y sácate las gafas de todos tus momentos anteriores. Los chicos no hacen nada. Los chicos no lloran, no pueden hacer más, levántale las manos enlazadas cualesquiera y sal de ahí bien tranquilita. Abrázaselas nuevamente luego sí antes que te marches y no pasó nada, ya ves. Si quieres llegar hasta el mismo lugar de tus nostalgias sal a la carretera y súbete a un autobús. Es difícil la indecisión, no? Bien, sube, al fondo hay sitio y paga con sencillo. Siéntate. En el último asiento y con las piernas abiertas, los pies separados, y la cara aburridota, apoyada en vallejeanas manos. El tiempo pasa. Las calles pasan. Baja, baja. Pie derecho y saltito de rayuela. Sácate el dedo de la boca y dobla la calle en la esquina. Las sombras estampadas en grafitos prelados, un corazón y una flecha, en ladrillos, en un callejón. Los chicos no lloran pero sí asustan. Buuuuu. No tiembles.
Infla un inmenso globo con el chicle del chupete y reviéntatelo en la cara. Un fantasma con crema de beterraga en el rostro. Buuuuu, vamos, Almendra, vamos querida. Niña de las humoradas de genios salvajes. Pide tres deseos: un perro fiel, piedritas chatas y redondas de los siete mares y mucha mucha marihuana del norte del país. Rizla, yo tengo; king size, todavía. Si quieres olvidar toditos los rostros de todititos los momentos congelados ve a misa y ponte a pegar con goma tus figuritas del álbum del Mundial en el confesionario de atrás del altar. Almendra, hazme caso, no vayas por allá, no vayas por los corredores, ¡Almendra! Siquiera llévate una vela de Okinawa y sácate el reloj de tu muñeca. Pero no vayas, no. Hazme caso por favor muchachita del demonio, hazme caso. Si quieres ser de los que no desean ver chicos golpeando lunas y pidiendo pan no subas a tu coche entonces. Toma un taxi y sal huyendo del lugar. Uf, no? Ja, ahora. Ja. Ja, ja, jajajajá. Abre la paquetito y ponte a armar. Rápido, rápido. El viaje cerebral da la bienvenida a los muy osados consumidores de suertes anónimas. Ja. La flama danza y despierta un jazz, un saxofón en Nueva York, en las calles de Manhattan. El chofer te mira por el retrovisor, con boina ancha a cuadritos y un cerillo entre los incisivos. Pero si es una niña. No, ya no. La iniciación ya empezó. Una tosida. El ritual es otro. El humo envuelve y las risas ahogan el ambiente. Ja ja, cof cof, ja ja. Una muchachita del demonio, pues. El taxi avanza y las luces son cables fogueados, estancados en una foto rápida, atrapada, en las calles, en la noche, desde algún balcón de la ciudad. La religión desea olvidarse. Almendra adónde vas, Almendrita. Bajo aquí, gracias, bien coqueta, se abre la puerta desde afuera, ella no paga, risitas nada más y una espectacular cruzada de piernas al salir del auto. El retrovisor empañado, el hombre suda y se le desmaya el cerillo a un lado y la boina en caída también, estupefacto y admirado. Si quieres ser una actriz de moda y no llegar a los cuarenta sonríe en tu ducha y canta sin cesar. ¿Por qué no puedo ser un Rolling Stone? Los flashes te deslumbran y todos son gritos a tu alrededor. Alfombra larga y roja para tus pasos y los tacones apuntalan el piso sin taladros de brocas de acero. La gente aplaude, la gente grita, vibra, lloran, admirados. ¿Por qué, Almendra? Si el deseo de las estrellas es el de tan solo brillar. La neblina no deja ver pero para eso están las manos, como telarañas en castillos, como tules en la alcoba. No es recomendable meterse dentro de humos, sino, volarlos simplemente, como cometas en agosto. Nuevas puertas se te abren, de par en par, y un chinchano en guantes blancos y un suizo en calzoncillos, bien plantados, te dan la bienvenida, con dientes blancos y lengua roja. Más gente aclama, te admiran y se te hacen a un lado. Callejón oscuro, entre aplausos y loquerío. Un frenesí. Los cuerpos danzan y el esqueleto siempre es una víbora de hindú. Tú ya probaste la manzana; no, Almendra? Roja. Candela que baila en el Infierno, la discoteca de moda. Si quieres cantar todas las canciones de moda mientras bailas solo masca un chicle y finge saberte la letra. Almendra, pues, mujercita, adónde has llegado, adónde me has traído. Mi temporada en el infierno ya culminó. Los pinchazos fueron muchos, sangrientos. El carbón se había acabado y por eso tuvimos que echarle más leña al fuego. La candela danzaba, seductora. Y te llamaba con un dedito y con su lengua afuera entre los labios chupando tallarín. Se movía, se excitaba. Almendra, Almendrita, ay, chiquitita del adiós. ¿Sabes lo que haces? Y quién no, pues no? El viejo sacavueltero, el de la pelada a media occipital, se avalanzó de entre la barra y se adelantó a los demás, te hizo ojitos y tú coqueta, te llevaste un dedito a la boca. Se quitó la corbata, se quitó el saco, y bailaban algo de Savage Garden, se quitó la camisa, y tú coqueta nomás, bien coquetona siempre, excitada también, fingida, se desaflojó la correa y los pantalones cayeron al suelo. Se quedó en bividí, calzones largos, medias de rombos y zapatos mocasín. Si quieres decir que te fuiste yendo a otro lugar, chambea, pues. Almendra felizmente que tú sabes bien que los policías no saben nada de poesías y que las viejas señoras amas de casa solo saben de rodillos de madera. Tú la viste y te escondiste. ¡Qué sabida que eres, pues, Almendra! Recogiste sus ropas en una bolsa y te fuiste. Al baño. Los plops son a veces más fuertes cuando vienen del rodillo y se dirigen hacia alguna cabeza. La masa para el pan ya está lista. Antes que se queme en la puerta del horno, a la casa, te he dicho. Como perrito que acaba de hacer pis en el sillón.
Gateando. Cerraste la puerta y te pusiste en pie; te sacudiste las rodillas sucias te bajaste la mini bien ceñida. En la billetera algunos centavos. Te escapaste por la ventanilla que da a la calle; para no causar mayor estupor; pero antes jalaste la cadena. Saltaste, con tacos, y parada como gata en celo. La noche era oscura, tenebrosa, corría una tenue neblina y la luna tras las cortinas. Corría su airecito. A diez kilómetros por media hora más o menos. En el callejón maullaba un minino; solo sus ojos azules como luceros, entre latas de basura. Si quieres viajar de noche y no sentir ni un atropello toma un Diazepán de quinientos pero no con tequila; no, Almendrita. Tus ojos cambian. Tu mirada se transforma. Aullas a la noche y pasean las angustias por tu ladito. Tocas la puerta, la última, y ésta se abre sola. Adelante. Una voz en la penumbra. Desembolsas las ropas y solo son algunas jeringas. Bah, qué más da. La billetera ya la arrojaste por el inodoro pero el dinero se calienta en tu pecho. Mamando latidos. Para más tarde, sí, para más luego. Sales del lugar y el temor y el vértigo y el placer te hacen apurar hasta el extremo. Si quieres llegar a la luna espera que vuelva Amstrong y toda su gentita. Corre, por mientras corre nomás. La noche no tiene banderas. Las astas se cayeron por tanta caca de pajaritos. Almendra, ¿por qué, dulce muchachita? ¿Por qué? Cierras la ventanilla y saltas con cuidado. La billetera no pasó, flota en el meado. Te cagas, el gusano, el gusano, te cagas. Te remangas la mini, te bajas el calzón y te sientas, bien abierta de piernas, fumando un cigarrillo para el olor y para que baje bien. Aaaaaahhhhh; no? Apúrate, apúrate. Si quieres llegar al sol, acuéstate pues temprano. Y ano puedes más, ya no aguantas más. Una cucharita, no, una cuchara, no, mejor un cucharón. La roca, el encendedor, el encendedor, la flama, y las burbujitas, las burbujas, las burbujotas. La aguja aspira y la jeringa se llena al tope, bien al tope, repleta, ya en exceso. Pero dulce Almendra, qué haces, niña de mis ojos, qué haces. No encuentras más, no piensas más. Furor. Arranchas la cadena de tu diestra de un tirón y te aprietas bien fuerte el brazo; el bícep se parte en dos y las venas se hinchan en ríos caudalosos, muy caudalosos. Un geiser diminuto al aire y la aguja pincha. Aaaaaahhh; no, Almendra? Cry baby en excitación. La ronquita aúlla por los parlantes. La puerta se abre, de un manotón, y es Almendra con ojos de alucinado. Si quieres que te cuente una buena historia, la de una chica que vivió la euforia, mejor escucha a Charly y drógate con él. Los neones como láser, los sudores en las pieles, los ritmos como luchas. Un gladiador. Los leones enjaulados, stripers de medianoche. La cenicienta no fugó y arrojó sus tacones a la calabaza.
Almendra, todos son dragones, en dónde se halla tu chupete. Sí, ya votaste el palito y el chicle es ya un neumático; sí, lo sé. Ruedan los alcoholes y las tripas son de ebrios mexicanos. La barra atesta, la barra apesta. Humos, humores, un eructo. No conocen al señor Honguito. Si tienes muchas ganas de bailar, si tienes muchas ganas de bailar, pues no te quedes con las ganas, no te quedes con las ganas de bailar. Danza tu ritual. Danza tu catarsis. El diablo vendió también su alma a otro diablo. Un humo, un porrito, la chicharrita en un rincón y te quemas los dedos, el índice y el pulgar. Ay. Los niños no deben jugar con fuego. El fuego quema. Tú lo viste en un meneo y él saltó la barra. No era Tom Cruise. Ni el hijo de Celia tampoco. Era el diablo que compraba almas y no tenía cuernos, no tenía cola, solo era culoncito. Bailaron y a Travolta lo dejó chiquito, Break on through de los Doors y la locura se apoderó del Infierno, la discoteca de moda. Se reserva el derecho de admisión, por si acaso. Un real por lo bajo y los indios pueden gozar. Pero afuera. Todo un tumulto también y una botella rota, al aire. Gotas de sangre y quién fue, maldita sea, quién fue. Sangre. Más sangre. Una batalla campal y el ajetreo llegó por la puerta grande. El suizo y el chinchano corrieron despavoridos, como mariquitas. Las danzas se apagaron y las balas corretearon gente. Desespero. La policía. La policía. Le cogió de la mano y Almendra corrió con él. Adónde, Almendra, adónde vas. Dime, por favor. La barra, las balas, abrió una puerta y el suelo se abrió. Una boca bocarriba. Baja, baja, rápido, una botella como estrella fugaz y estrellada en los espejos. Crash. Oscuro y silencio. Si quieres tener luz espera a la mañana o paga tu cuenta a tiempo. ¿Encendedor? La flamita llegó, solita, en su derecha, y alumbró las velas. Muchas, muchas velas. ¿Quién eres tú? Si quieres tu alma empuña tus dientes y sé una femme fatale. Soy el diablo. Bésame. Almendra, ¿qué haces por el amor de Dios? Bésame. Bésame mucho. No, no, no te dejes remangar la mini, no te dejes apretar, no. Los pezones no tienen frío; tú ya sabes por qué. La muchachita del adiós dijo adiós y se dejó convertir en mujer. Ahí, en el sótano, bajo la barra, y con el diablo. Una película de acción con sexo a la mitad. Bésame, y le mordió los labios, la lengua, la boca, ay, el diablo, ay, y cayó su sangrecita. Pues el diablo también lleva sangre en sus venas. Sangre de vampiros. Y un rodillazo en los huevos y ay, cortadito, de bruces, y puntapiés y puntapiés sin tacones. ¿Pero si él no es un rey, no lleva corona? Pero sí tiene un trono. Averígualo. Si quieres ser una verdadera mujer, patea a un hombre y llora luego su desgracia. Almendra, dulce niñita de mi ayer, sal nomás que ya no hay nadie. Ya todos se fueron; corrieron o fueron atrapados por la batida. La calma no te llega y te ofende. La angustia. Las monedas de tus senos cayeron en la pasión. Más sabe el diablo por viejo que por diablo, pues. Pero no hay mal que por bien no vuelva. Y así sin un por qué. Porque así son las cosas. No hay genio ni lámpara maravillosa. Las calles son duras y asfaltadas. Frías también cuando se andan sin zapatos. Cuidado Almendrita que te puedes resfriar. Agua tibia, miel y limón. Abrazas tu propia lama y quisieras un abrigo. Un amigo. Si quieres tener un millón de amigos, hazte amigo de Roberto Carlos y canta su canción. La luna es pálida. La noche tiene mil garras, mil agallas y se desparrama entre los seres que la pueblan. Como café hirviendo sobre los pantalones. Almendra, no tiembles, Almendrita. Regresa a la orilla y cúbrete con una toalla. Si quieres tocar el paraíso mira el vuelo de un gavilán. Mira las bollas desoladas. La espuma terca y las olas tercas también que vuelven a regresar. Rózate los dedos y chaz, estrellitas alrededor. Sonríe pues, niñita. Aún niñita. Siempre mi niñita de mi ayer. Tiéndete al sol y respira y escucha y sonríe. El cielo ya no está nublado. Los Stones tocan un blues. Ajústate los audífonos y sube el volumen hasta ya más no poder. Si quieres ver danzar otras almas zambúllete un chapuzón y ahoga todas tus burbujitas del ayer. Almendra, dulce Almendra. Que el recuerdo no se pierda en lagrimitas, en dolores, en pesares. Ojala fuese un vuelo de gaviotas sobre los mares azules. Pero sabes que no será así. Lo sabes. Toma tu jarabe y ve a la cama. Reza antes de dormir y que tu ángel de la guarda no te desampare ni de noche ni de día con su dulce compañía. Si quieres ser buena niñita atrapa tus ensueños entre las aguas desbordadas de las realidades. El gigantón se ha echado una siestecita, no te preocupes. Yo te aviso. Regresa al jardín de tu casa, corriendo, corriendo, y levántales el ánimo a los chicos. Está bien que los chicos no lloren pero pues por casicito ya lo hacían. Tú te saliste de la ronda y ellos se quedaron aburridotes, sentados con las piernas cruzadas y con una tristeza tan de foto como la de Vallejo. Se les había marchado su motivo de burla, pues. Si quieres insultar a alguien, méntale la madre frente al espejo. Anda un ratito con ellos, date unas vueltas cogidita de las manos con otros dos y puras sonrisitas, ya ves. Luego corre, corre y sigue corriendo. Tanto como puedas. Llega al edificio y entra nomás sin retardos; bueno, sube por las escaleras porque hace unos minutos estuvieron Dennos Hopper y Keaneu Reeves por estos lares y armaron todo un laberinto con los ascensores. Si quieres tener la mirada de una mujer interesante, sé una mujer interesante entonces. Sube, sube, descansa, está bien pero solo un ratito y luego sigue subiendo. El corazón se acelera. Los corazones se aceleran. Sube, sube, madrecita. Abre la puerta con un impulso y ya. Ya estás aquí. Descansa, descansa, Almendrita, mi dulce niña, descansa en paz.

No hay comentarios.:

índice

YO

Mi foto
Lima, Peru
® Todos los derechos reservados en contenido. Las fotos, algunas son mías y otras bajadas de la web, pero todas, al menos, tienen un trabajo de post-edición. No tengo inconveniente en que algún texto sea copiado, siempre y cuando se haga mención de la autoría y el link respectivo de la página.

visitantes

lectores...

Se produjo un error en este gadget.

FEEDJIT Live Traffic Feed