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REALIDADES

Salgo corriendo de la oscura calle, me hallo en un callejón sin salida, entre paredes altas, tachos de basura, sombras y murmullos de la noche, un gato lanza un maullido y salta entre los basurales, me mira desde un balcón de fierro, una luna llena bien arriba, tules de nubes en el viento, y más abajo, techos y hoteluchos que me aturden con su fosforescencia, mierda, por qué vine por acá, otra vez el gato negro me observa con sus grandes ojos felinos, la niebla va bajando, me va tapando, me consume, las sirenas llegan, luces zigzagueantes me ocultan la única salida por donde vine, mierda, por qué entré, ¡Arriba las manos!, la neblina me envuelve, me hace formar parte de ella, me lleva, ¿adónde?, y qué hago con esta arma en medio de estas mierdas, me intentan golpear, suéltenme o disparo, me miran desubicados, no me entienden, un tiro al aire los hace correr en estampida, observo a mi alrededor y no sé bien dónde me hallo, parece uno de esos imperios que recuerdo haber visto en algún libro de literatura fantástica, o tal vez de historia, camino por las calles empedradas, casa blancas con techos entejados, por debajo se aparece una muchedumbre, furiosa, corren hacia mí, mis reflejos se paralizan, casi no me doy cuenta, pero ya estoy sujeto, atado en un pilar de la Catedral, en el otro extremo hay un ahorcado, y todos se hallan expectantes en la plaza, se vuelve un atardecer hermoso, el cielo sangra, me tapan los ojos y alrededor de mi cuello siento una soga, me lanzan y siento el vacío, todo está oscuro y yo sigo cayendo, estoy en el espacio, por allá está Mate, Saturno y sus cinturones, la Tierra y la Luna, estrellas a montones, y yo estoy en un descenso, o en un interminable ascenso, continúo nomás en mi oscuridad, y, ¡Corten!, impriman y listo, muy bien muchachos, se acabó la función, cambio de canal, el público ya se marchó, vaya público, ahora los gallinazos son los únicos visitantes en este atardecer que ya se va volviendo noche, salgan de acá carajo que a mí no me van a picotear, no sé qué hacer, estaré tal vez mucho tiempo en esta situación,
o simplemente no ha pasado ni un segundo, y solo estrellas fugaces son las que pasan, stay place here, estoy solo en el cine, sentado en la última fila, no fumar, se apagan las luces y otra vez la función, enciendo un cigarrillo, una bocanada de humo invade la sala, corre luces, ¡cámara, acción!, no, James, así no, besa a Liz con más pasión, y tú Rock lo golpeas, como unos gigantes; James, yo te entiendo, Winston no lo puede hacer, por algo te llamas también Byron, todo un Lord, pero eso sí que no, Dean, no te me rebeles, y no manejes con ese Porshe gris, no vayas por la ruta a Salinas, ya sé que es el este del paraíso, pero bueno ya, si tanto quieres, vete, lárgate, al fin y al cabo, eres un rebelde con causa, y yo, uno sin causa, pero tú, Charles, apóyate en el bastón y camina como pingüino, así, con gracia, perfecto, bien con el bigotito de Hitler, qué que no lo conoces, uy, ya lo conocerás y no te va a gustar nadita; pero si es una niña, depravado, muchas telenovelas, comerciales y malas noticias, solo violencia y sexo, cambio de canal y cambio, cambio, cambio, y ahí está el otro que dicen que es mi hermano, junto a mí, el público ya se marchó, todos, los gallinazos sigue buscando qué encontrar.
La mujer nunca me vio, no se enteró que ingresaba a su departamento, desde días antes, mientras ella trabajaba yo me paseaba por entre su ropa interior, su dormitorio era mío, su cuerpo era mío, todo de ella me pertenecía, desde que la vi por primera vez en la televisión, comerciales, telenovelas, noticieros, ente toda esa basura su rostro era un ángel, si es toda una hermosura también; que cómo entré, yo tengo mi propia llave, y no es que ella me la hallase entregado, sino que yo también soy ella, la amo, todas las noches la deseaba, la esperaba complaciente para verla en la pantalla, le hacía el amor, pero no teníamos sexo; ustedes llegaron e interrumpieron nuestro idilio, la salvaba de toda la inmundicia en la que se encontraba, pues yo ya hace mucho tiempo que había salido, pero faltaba algo, faltaba la otra parte de mi ser; pero como les decía, me la estaba llevando, desnuda, felina, excitante. No sé qué hacer, tal vez esté mucho tiempo en esta situación, no lo sé si ha pasado un año, dieciocho, ochenta y seis, un siglo, o quizás un simple segundo, este espacio sin tiempo es inquietante, insinuante, un callejón sin salida, con una pistola en la mano y una mujer desnuda a mis pies, me parece conocida, estoy seguro que la he visto antes en algún lado, pero no la puedo reconocer, está bañada en sangre, ha perdido su pureza, aunque igual se distingue su hermosura, sus ojos azules abiertamente tapiados me persiguen, totalmente felina, la suavidad de su piel es persuasiva, trepidante; puta madre, la policía. ¡Corten! Perfecto, vamos a descansar un momento. Cinco minutos de intermedio; puta madre como jode la luz; bueno, mientras espero otro cigarrillo.
Prohibido fumar en lugares públicos como este. Yo te avisé, James, pero lo malo es que nunca haces caso, y ahora tendré que ir a tu funeral, Liz llora por su vejez, Rock, vaya Rock, quién lo iba a pensar, siendo todo un galán todavía, si hasta con Marilyn, la de las lindas piernas y el frasco de pastillas; y Charles, ay, Charly, de ti ya no digo nada, solo me río. Ya empieza ya, las luces se apagaron, y el control remoto cliquea imágenes. Continúo colgado, nadie se acuerda de mí, el de mi lado apesta, los gallinazos no tuvieron que más comer y se marcharon, conmigo no pudieron, ¿o sí?; estar en esta nada es como estar en una cárcel, casado con la soledad y donde el tiempo se fugó a la libertad; cambio de canales y no hay nada realmente que ver; escucho un alboroto tras la puerta, me levanto y voy a ver quién es; es la gata, pasa, pero mira como me estás dejando el tapizón, tus patas están manchando todo el piso, dejas unas huellas rojas y saltas a la mesa; ya te he dicho ya que no me gusta que me veas así, a veces tus ojos azules me intrigan, me perturban, ya no tejaré salir, además te pueden atropellar, hace un momento escuché toda una persecución de sirenas, no te das cuenta que en la noche nadie te ve, nadie te distingue; pero y esos policías qué habrán estado haciendo por acá, cuando salí por la ventana vi que habían cerrado el callejón, encendí un cigarrillo y me puse a fisgonear, todo era oscuro y la niebla se volvía espesa, ¡arriba las manos!, gritaron, me asusté y volví al sofá, estiré mis piernas sobre la mesa y me dí cuenta que de mis suelas resbalaba sangre, pero seguí viendo la televisión. Y cambié.

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