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ALUCINADOS

- ¿Qué pasó? –le pregunté; pero no me respondió- Y recién me avisas –continué recriminándolo en su silencio-. Eres un pobre huevón, ¿Por qué no me avisaste al toque? –pero él, en su mutismo, en su lejanía, ni un queco siquiera por la huevoneada, solo hacía como si masticara una hilacha de pasto seco, pero sin llegar a morderla- ¿Por qué no viniste a contarme antes? Acaso no somos amigos. Dime: ¿Qué fue lo que sucedió? Vamos, pues, carajo, cuéntame, tal vez se pueda hacer algo –le dije, totalmente mortificado, pero sabiéndome que ninguna esperanza aceptaría.
- Y qué mierda importa que seamos amigos –me contestó de repente y en sacudón- ¿Qué? También te tengo que avisar cuando me vaya a cagar. No seas cojudo, pues, Abel. Felizmente, ya no tengo que preocuparme más por algunas simplicidades de la naturaleza. Nadie más que tú lo sabes, tú eres el primero y el único, y no interesa ya para nada como mierda te hallase asustado… uy, perdón, te hallase avisado. Lo que importa es que ahora lo sabes y punto, no jodas ya con eso, por favor, pues nada se puede hacer, todo está cagado –y se puso en pie para irse; quise evitarlo pero no pude; le grité y le grité y los chiquillos del parque me alucinaron loco; me levanté del grass y lo vi alejarse con pasos apurados pero con la carga de querer quedarse; me quedé pensando por un instante, y me dí cuenta que tenía razón, pues ya nada se podía hacer, él ya estaba muerto.


Como nunca me levanté temprano. A mi vieja eso le pareció extraño, pero bien burlón le contesté, A quien madruga Dios le ayuda, pues viejita, y cerré la puerta de la calle de un tirón. Me fui caminando hasta La Marina y por Escardó me encontré con Jorge que se iba para la Católica. Me sorprendió con un mañanero que nos explotó como una bomba en la cabeza. Él se fue a dar su último examen y yo para el Callao, fui a Puerto y compré un globo y un gran pacazo.


Volví en sí y lo perseguí. Logré alcanzarlo a media calle y traté de sostenerlo del brazo, pero mis dedos se abrazaron entre sí.
- ¡Para maldita sea! –le grité muy ofuscado; y como algo natural, le dije:- Crees que es fácil perseguir a alguien que está muerto.
- No te he pedido que me corretees –me respondió él- No necesito tu ayuda ni la de nadie. Ya todo se acabó, déjalo como está; ¿quieres?
- Y qué pues vas a hacer: ¿irte? ¡¿Adónde?!
- Y qué mierda crees que puedo hacer, seguir jodiendo acaso.
- ¡Y qué! Acaso ahora te vas a poner a cruzar paredes o ahuyentar chibolos jalándoles de los pies como un verdadero fantasma. Si deseas te puedo prestar unas sábanas para que te vayas a cualquier casona encantada; ah? No seamos huevones, pues; en verdad, y ahora, ¿qué vas a hacer?
- No lo sé, mierda. Solo deja de joder y listo, quieres?


Cuando volví al barrio fui de frente a buscar al Chino Percy. Y como siempre, ese vago de mierda, se encontraba durmiendo. Le silbé fuerte y después de un rato salió por su ventana con una cara ajada y más china que de costumbre. Le dije que bajara y le sonreí con malicia. Se las olió ahí mismo, porque se le agrandaron los ojos y no se demoró ni cinco minutos y ya estaba en el parque, con cara mal lavada y buzo de pijama. Nos sentamos en el jardincito de siempre, bajo la primera palmera, en el hall, y nos pusimos a conversar de cualquier cosa para barajarla.
- Chino, chequea bien, de repente pasan unos tombos –le avisé mientras sacaba el paco de los huevos.
- ¡A la mierda, qué tal pacazo! –se admiró al ver el envoltorio de papel periódico.
- Y está bien rojita, ah –le dije.
- Sí, ya voy viendo –me respondió, sin salir mucho de su asombro y tratando de pellizcar algún moñito, pero le palmoteé la mano y lo dejó ahí nomás, con una sonrisa, rascándose el pincho.
- Y eso que aún no has visto la bolsa –le saqué pica.
- ¡A su madre, ¿qué?, la liquidación! –se burló; pero no se lo mostré, ni cagando.
- Vas a ver cómo nos va a poner esta yerbita –le dije, y me puse a desmoñar el mejor moño, mientras el Chino Percy aguaitaba los alrededores con la mirada. Roleé un buen bate y lo prendí.
- Suave cuñao con esa vieja sapa de enfrente –me avisó medio asustado.
- Fuma nomás, sapos al pantano.


Mi hijito no, qué va, te habrá parecido, te has equivocado, él es un buen muchacho, y con los chicos con los que se junta son todos del barrio,yo los conozco a todititos desde que eran unos mocosos, yo pues les hacía la movilidad, y a sus padres también los conozco, son todos de buenas familias, bien educaditos, aunque claro, no son ningunos santos tampoco, hacen sus travesuritas por ahí como cualquier muchacho de la edad de ellos, pero de ahí a lo que me estás contando, no, pues, no lo creo, en la vida, ay, Dios Santísimo, Virgencita linda, ampáramelo Jesucristo mío, ampáramelo de cualquier desventura.


- No puedo, pues.
- Pero qué puedes hacer, acéptalo nomás, Abel. Estoy muerto y esa es la realidad, nadie puede cambiarla.
- Y qué pues quieres que haga, que llore.
- No estaría nada mal, ah. En la iglesia ya chillaste harto también, no?


Y luego de pasar toda la mañana en el parque no sabía si irme a mi casa o a otra parte. Pero me moría de hambre, la bajada me había llegado y sin pensarlo demasiado me puse en pie, me eché gotas a los ojos, y me fui caminando a casa.


- Abel, qué vas a hacer en la noche. Mira que acabamos de dar ese examen cagón de Mate y hay que despejar cerebro, no?
- No lo sé, Jorge, lo que salga, tú ya sabes como es en el barrio, siempre encuentras un fumón con ganas de chupar y vacilarse.
- Oe chupen pues huevonazos, parecen hembritas ahí –como un asalto un grito entre el tumulto del bar, y:- Están que calientan las chelas –y todos se rieron.


-Cállate imbécil –le respondí.
- Entonces, qué mierda quieres hacer –me contestó- Qué, acaso quieres conseguirme un médium o hacer una mesa de brujería. Ves muchas películas, ah, cojudito.
- Y entonces qué vas a hacer. Por qué mierda te me apareciste. No pudiste morir y listo. No, la huevada es que tú siempre jodes. Y ahora yo me jodo, como siempre: tu huevón. Pero se acabó, sabes; tú estás muerto y ya no hay nada más que hacer. Me voy. Fue un gusto haberte conocido, fue de la puta madre nuestra amistad. Chau.
- Abel, espera, aguanta, hermano. Qué, crees que yo tengo la culpa, crees que a mí me gusta esto, crees que yo lo he decidido. Tú no entiendes, qué vas a entender. No siento nada, sabes. No me siento. Quisiera llorar pero no puedo. Qué feo pues es ver tu propio entierro y no poder siquiera sentir un consuelo o una triste lágrima. Qué horrible es ver llorar a tus propios viejos peor que niños y no poder abrazarlos para llorar juntos aunque sea por una última vez.


Me eché a dormir toda la tarde. Después del almuerzo había subido a mi cuarto, me había fumado una chicharrita para el desengrase y había puesto un disco de Mad Season para quedarme privadazo. Dormí bien hasta que, mierda, fuiste a buscarme. Y todavía para preguntarme que qué iba a hacer en la noche.
Recuerdo que te despaché al toque, te dije que iba salir con una hembrita, pero para que no te fueras cabizbajo te regalé un buen moño, como para que no jodieras más. Luego, como ya no pude atrapar sueño nuevamente, llamé a Karina y me confirmó su salida, y entonces: adónde vamos a ir, y yo, todo huevón, al Grill, como si mi viejo me iría a aportar billete esa noche, porque desde que se enteró que ya no chambeaba se amargaba por las puras huevas, y yo con un barajón, me tratan mal, viejo, me explotan, me quieren hacer de cholito, y estás bien huevón, pues, no?, no iba a decirle que fue por cacherito, por pinga loca, por haberme metido con la secretaria del jefe, con Karina, que me decía después de bailar a la playa o a mi apartamento, tremenda ruca ahí, con el gerente y conmigo, y con cuanto otro seguramente también, tú eres el único, para colmo me decía, tú eres el único, a ti nomás te quiero y te deseo papito rico, ja, francamente qué risa, carajo, qué puta para mujer y qué arrecho uno, porque sí es cierto , el olorcito manda, el olorcito llama, y adonde tú quieras puyes amorcito, ya totalmente al palo, con el auricular en un oído, y escuchando su vocecita de perra fina en un susurro, coquetona e inocente, en mi depa creo que estaríamos más cómodos, no?, tremenda lobaza, creo que ahí nadie nos molestaría, no?, sí cojuda, desde que el gerente nos pescó en plena oral ahí en su oficina te llama a cada rato para controlarte, y tú esa vez, no va a venir, no te preocupes, va a salir con su mujer y sus niños, sino hubiese sido por ellos ya me hubiera enfriado hace tiempo, por eso lo amenacé con que si me hacía algo le iba a contar a su familia, y aunque al final me dejó sin chamba, qué chucha, mejor, no?, ya me había llegado al pincho, me liquidaron con un buen sencillo y quería vacilarme, pasarla bien, entiendes?


Y ahora era él quien me perseguía. Quería conversar. Caminaba tras mío y, mientras, yo, pensaba, él siempre había sido buen pata, buen amigo, recordé entonces cuando me iba a comprar bates, pues yo siempre me he cagado de miedo de ir a esos sitios y él nunca se quedaba con nada, o por lo menos nada notorio en el paco, recordé también que el Perro o el Chino sí me pelan medio paco siempre y por eso aprendí que ese es el precio por no tener los huevos necesarios para algunas cosas; y sonreí, mientras alzaba un pie de pista a vereda para llegar a la bodega de la esquina. Con él pues nos conocíamos de chibolitos, era mi vecino, el conchesumare del barrio, medio loquito pero buena onda siempre con todos. Compré un par de cigarrillos, le invité uno pero no me aceptó.
- No seas cojudo, pues –me insultó- Cómo crees que voy a fumar así como estoy.
- Perdón –me disculpé- No me dí cuenta.
- Ja –creí escuchar una risa suya más luego- Ya no vas a tener quien te compre marihuana sin que te pelen un moño –me dijo- Caballero nomás, vas a tener que enfrentarte a tus temores –y creí verle una sonrisa en su rostro, pero no, no vi nada.
Dimos media vuelta y regresamos al parque. Nos sentamos en una de las bancas del borde de la canchita y nos pusimos a ver el partido de fulbito. Era de tarde y el sol ya se iba ocultando por debajo de los techos y los cables telefónicos. Prendí un bate y lo fumé todito; cuando se percató que me hallaba fumando a su costado se despegó de su alucinada y:
- Uuuuuuuyyyy… -me dijo, alzando el olfato- No sabes cómo voy a extrañar la yerbita. Uy, mano, qué envidia, carajo. Fuma, fuma, fuma más, atosígate, tose, reviéntate –y creí otra vez ver su sonrisa. Luego, bajó su cabeza y apoyó nuevamente la barbilla en sus manos, los codos en las piernas, y mirando el fulbito de los chibolos.


- Oe, Abel, vamos a una fiesta en la noche.
- ¿Quiénes van a ir?
- Van los que quieran ir. Porque el Chato Julio, Cristhian y el Perro se van a marcar, ya sabes como son de pisados esos huevones. El Chulo sé que tiene un plancito por ahí, y el Lorodrogo se quita con la gente de la U a una discoteca. O sea que quedamos yo, tú, el Chino Percy, Jorge y el Pachuli. Vamos, qué dices. Qué vas a hacer en tu casa, ver tele como un pobre huevón, o correrte la paja también como un pobre huevón.
- Ja, está bien, pero, y chicas?
- Ahí van a haber como mierda. No te preocupes, hombre. Además es gratis y va haber harto trago. Así que lo único que falta es coquita. A ver, manifiéstate pues, hermano. A ver si entre todos nos hacemos un globo, o dos.


La huevada era ahora solamente un auto. Le metí letra a mi viejo y felizmente atracó. Pero el domingo tenía que lavarlo y el lunes, tempranito, me iba a estar despertando para ir a buscar trabajo, bien al terno, con el periódico bajo el sobaco y el sobre Manila con el CV en una mano para que no se aje. Qué fea huevada, carajo. Pero sin carro iba a gasta un huevo de billete en taxis. Así que resignación nomás. Y el lunes bien al huiro en el paradero.


- Creo que te queda aceptar nomás el hecho. Porque ni yo mismo logro comprender mi situación; no sé tampoco lo que voy a hacer ni sé tampoco por qué mierda tú eres la única persona que me puede ver, escuchar. No sé qué mierda hacer realmente. Hubiese sido mejor que me mandasen al cielo o al infierno, así sin muchas vainas. Porque sabes qué? Esta situación en la que me encuentro es verdaderamente desesperante. No me siento para nada. Quizás todo esto no es más que un castigo por todo lo malo que he hecho.
- No digas huevadas, no es un castigo. Tú no fuiste malo, tan solo un pendejito de barrio, nada más. Hacías tus huevadas, jodías de vez en cuando, pero de ahí a que fueses un malandro, no pues, ni cagando.
- Sí, pero la pendejada es que he muerto y me he quedado como si nada hubiese pasado. Soy como un alma en pena.


- Puta madre, el Chulo.
- Así es la vida, hermano. Fue un buen pata, era de la conchesumare, pero murió en su ley.


Alcohol con marihuana on the rocks. Con las rocazas que habla cada uno. Varios falsos también. Un trago, un bate, otro, unos tiros, otro bate, y un taxi hasta Miraflores, a la primera cuadra de Pardo, frente al cine Pacífico, tío; y pues como siempre, apretujados, cagándonos de la risa, tío, musiquita pues, me estoy quedando dormido, tío más rápido voy caminando, ah, jodiendo al taxista, chupando ya la otra botella, y de repente, tío se puede fumar, no?, y oye, qué maleado, cómo prendes eso, normal nomás, no, tío?, vamos a una fiesta si quiere, hartas rufianas, de hecho le sale su plancito, y en su volacho fácil la baja a la Costa Verde, ja, qué cague de la risa. Legamos y como que no pasaba nada en el edificio de arriba, todo tranquilo. Volteamos a ver a Mañosín, porque ni cagando queríamos acabar en el Wari, y él, que por dentro seguro suspirando para que la fiesta se prestara, sonríe y nos dice:
- Puta, aunque sea los estoy sacando a pasear, no?


-¿Y yo por qué soy el único que te puede ver?
- No lo sé, tal vez sea que cada uno tiene su propio fantasma que siempre tiene que estar atormentándolo.
- A mí no me vas a joder toda mi vida.
- No te preocupes, ni cagando me voy a pasar toda mi muerte persiguiéndote. Esto ya se va a acabar.


Ay, oye, sabes la última, lo de la pobre Nellycita, lo que le sucedió a su pobre hijo, ay, pero qué pena realmente, pobre muchacho, era un jovencito con toda una vida por delante, ay, pero qué pena, me danta lástima lo que le sucedió, solito se truncó la vida, porque en la moto en que se desgració dicen que también viajaba con él una muchacha, pero felizmente a ella no le ocurrió gran tragedia, unos cuantos rasponcitos que le curaron en el hospital y listo, de alta, sin pensar en el trauma que va a sufrir ahora la pobre chica, ay, pero qué desgracia, cómo lloraban los padres, como bebes, y sin saber siquiera, porque claro cómo iban a imaginarlo, que ahí nomás en la Iglesia la gente ya estaba hablando mal del pobre angelito, decían que lo habían visto drogándose todo muy campante por las calles con la muchacha y, todavía, que en la moto en que se desgració era robada, ay, pero cómo pues puede ser posible que halla gente que del muchacho muerto afirmen que fue un ladrón y un drogadicto, eso sí que es demasiado, ay, adónde iremos a parar, qué barbaridad.


La música más o menos, las chicas en algo; habrá que meter letra nomás, me dije. Mañosín fue el primero en bailar, se había encontrado con la dueña del departamento y no se le despegó en ningún instante; estaba bien la huevona, para qué. Jorge y el Pachuli en cambio se quedaron todo el rato pegadazos en un rincón y mudos los dos, fumaban cigarrillos a montones, con su chela en mano, entraban al baño cada diez minutos, bien duritos los dos. El Chino y yo nos pusimos a tomar con unas hembritas pero como no nos ligó nada no nos quedó otra que ponernos a jalar y a fumar huiros también de vez en cuando en el baño; y por eso, a la vista que ahí ya no pasaba nada, nos regresamos al barrio y dejamos al Mañosín. Así que otro taxi de vuelta hasta Maranga, de Scala de la Marina a tres cuatro cuadras a la derecha, tío.


Puta madre y no encendía esa huevada; y todavía estaba abajo, en pleno estacionamiento del Costa Verde. Mi viejo me había cagado. Con razón cuando me dio las llaves se reía el pendejo; qué iba a imaginar que la batería se hallaba baja. Puta madre, tuve que dejar ahí nomás el auto porque ya estaba recontra empilado. Ya había cachado, ya me la habían mamado, y ahora solo quería chupar y jalar, y si era como mierda, mejor. Además, quién se iba a llevar ese auto. Puta, estaba asadazo, y para concha, Karina también, caminamos como mierda porque ni un puto taxi pasaba por ahí a esa hora.


Ay, dónde estará este chico, me dijo que se iba a una fiesta pero ya es demasiado tarde, ay, Diosito, protégemelo por favor de toda desgracia, Madre Santísima que venga ya.


Y mientras avanzábamos por La Marina una voz dijo Wari por ahí, así que tío, acá nomás, gracias. Y ya sabes, puras putas feas y sangronas, y nosotros durazos, solo queríamos chupar y jalar. Así que compramos un ron, una Coca-Cola y nos fuimos caminando hasta el barrio, fumando tronchos como mierda.


Cuando llegamos a la Calle de las Pizzas me encontré con un amigo del colegio que no veía hace tiempo. Estaba con su esposa y nos invitó a sentarnos, mandó a atraer un par de jarras de sangría y una rosa (de una niña pobre) para su mujer. Ja. Para esto yo ya estaba a mil, había fumado cuchucientos bates y me había metido un culo de tiros con Karina. Entonces nos dedicamos a chupar, a lorear, a jalar (yo), a comer, una pizza por favor, él, a recordar, y a jalar nuevamente, a cada rato, y Karina también, que quería siempre que le pasase el falsito por debajo de la mesa, y chupábamos y chupábamos y entonces, un brindis por los novios, sí, porque Karina y yo ya nos íbamos a casar, ja, sí, el próximo mes, sí ya te llegará el parte, salud, y ¡mozo!, ¡mozo, carajo!, el mejor vino de la bodega y salud, conchesumare, perdón, perdón Karinita, pero es que mi ¡compare!, y yo cagándome de la risa en complicidad con Karina que se le había ocurrido la idea, cagándonos de la risa, entre unas muecazas bárbaras, y más tiritos entonces, y otras jarras, y el celular, y él, puta madre, estoy chupando con un gran amigo y su futura esposa, no jodan, recontra asadazo, bien importante el hombre, y yo, ya hermano, ven para acá, tranquilo, y qué, esa es tu moto, sí, pasumare, qué tal motazo, porque en verdad era una señora motazo de la reconchadesumadre, igual a esas que solo llegas a ver en anuncios de revistas extranjeras.

Al rato
- Siempre sabré recordarte, sabes? –le dije, como queriendo que de verdad lo supiera.
- Ya lo sé –me respondió él, me miró:- Así como yo también sabré recordar todos esos buenos momentos que hemos pasado juntos; no, mi pata? –y juro que sentí su palmada en mi cabeza como siempre lo hacía y yo renegaba, juro que creí sentirla.


Y cuando estábamos ya en el barrio, chupando en el parque de lo más tranquilo:
- A ver muchachos, sus papeles –exclamó de pronto un policía.
- Acá están jefe –le respondí yo primero como queriendo calmar la situación:- Mire, somos de acá del barrio –y luego el Chino:
- No estamos haciendo nada malo . Solamente celebramos el cumpleaños del muchachón con un traguito, pues, jefe –y abrazó al Pachuli, con tremendas muecazas, tratando de ubicarse alguna sonrisa. Pero el tombo lo cagó:
- Y qué es entonces eso blanco que realza en tus fosas, ah? –alumbrándole con la linterna; y otro:
- Ya, acompáñennos a la comisaría –pero Jorge, el más duro de todos nosotros, en tartamudeces:
- Nono nos pupupuede llellevar así porque sí –le reclamó, tambaleándose; qué cague de la risa; con un índice tartamudo también por el aire. Y el policía:
- Qué, quieres que te lleve amarrocado? –todo cachaciento; mientras el otro lo tomó del brazo pero Jorge se zafó en un tambaleo.
- Nono no pupues, tombo –con el índice cada vez más alto y más tartamudo- Nono nos pupu puede llevar simplemente por tener a mariajuana –y ja, se cagó de la risa, tartamudeando con sus manos y tratando de aplaudirse; luego se puso serio en otro bamboleo y trató de enderezarse bien, con el índice muy alzado, pero casi termina cayéndose.
- Perdón –entonces les dije- Solo es nuestro consumo, nada más, unos cuantos batecitos. La ley pena a los que venden, a los que comercializan las drogas, a los que trafican –casi en cátedra- No pues dice algo sobre los que como nosotros solo fuman un par de huiritos –y todos embobados, Jorge me aplaudió, con una cara de pendejo, en eterna sonrisa y ya sin ojos casi.
Recuerdo que los policías no supieron qué responderme en un inicio, no sabían si reírse o mandarnos a todos al patrullero de un patadón; pero uno:
- Así que tú sabes mucho de leyes –me recriminó, bien cachaciento también; pero Jorge:
- Mamamás ooo menos –le respondió con toda la ironía en su rostro- Eeeestutudia dedederecho –le contestó. Pero el uniformado, que no se quería quedar atrás tampoco:
- Bueno, pues; tú sabrás mucho de leyes –me dijo; e inflándose el pecho, añadió:- Pero nosotros somos la ley. Así que vamos para adentro, al patrullero, carajo! –y de pronto, el Pachuli, como que resucita y en un arranque:
- Ya, pues, ¿cómo es? ¿Cuánto quieren?, así nomás sin muchas vainas, de frente al grano –puta que todos nos quedamos mudos un instante, y luego reventamos de la risa; y los tombos:
- ¿Ah? –como que pensándola.


Y después, al otro momento.
- Y adónde crees que puedes ir –le pregunté. Y él:
- Se me ha ocurrido una idea al ver este atardecer –me dijo, sin inmutarse demasiado, con su cara apoyada en una mano, miando el fulbito– Ya no quiero joder. Ya no quiero ser el jodidito, el reconcha, ja un fantasma reconchasumare, recontra jodido –y con un suspiro, se enderezó bien de lo que andaba sentado, y me miró a los ojos:- O sea que tengo que estar solo. Y como a mí siempre me ha vacilado el mar y sus olitas bien entubadas y sus peces de colores, creo que ahí la pasaré bien; no? –y me sonrió, de verdad.
De ahí se puso en pie, el brillo del sol escondiéndose tras los techos detrás suyo lo dejaba traslucir, y:
- Ya pues, mi hermano –me dijo- Fue todo un verdadero gusto haber sido tu amigo, tu gran pata –me dio un fuerte abrazo; porque en verdad en verdad creí sentirlo- Y no hagas ningún tipo de huevada que yo hubiese hecho y todo te saldrá bien –me aconsejó; nos zafamos- Chau, Abel –y lo vi dar media vuelta e irse a la carrera. Vi que dobló la esquina y desapareció de mi vista. Me quedé sentado en la banca y vi como la noche apareció. Los focos de los postes ya se habían encendido y los chiquillos recién se marchaban, rojos y sudaditos. Me quedé pensando. Me quedé recordando. Y aluciné que todo nomás había sido una total alucinada. Ya vendría la hora de fumar el otro cacho y el Chulo aparecería en cualquier momento, sonriendo como pendejo, lanzaría un tremendo batesazo y nos contaríamos las cosas que habríamos hecho el fin de semana, cagándonos de la risa como siempre, bien chinos y alucinados.

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